L'Aquila retoma el vuelo

La reconstrucción en el casco antiguo de la capital de los Abruzos se estima completa en torno al 55%, aunque en la periferia este porcentaje sube al 95%. En mangas de camisa y corbata, el alcalde de L'Aquila, Pierluigi Biondi./ ANTONELLO NUSCA
La reconstrucción en el casco antiguo de la capital de los Abruzos se estima completa en torno al 55%, aunque en la periferia este porcentaje sube al 95%. En mangas de camisa y corbata, el alcalde de L'Aquila, Pierluigi Biondi. / ANTONELLO NUSCA

La ciudad del centro de Italia que sufrió un terrible terremoto hace nueve años confía en la ciencia y en la educación para recuperar el pulso

DARIO MENOR

Es sábado y acaba de terminar la misa de 12 en la basílica de Santa María di Collemaggio, el templo católico más importante de L'Aquila, y los fieles charlan distendidos delante de la puerta. Los críos, endomingados como sus padres y abuelos, corretean alegres en la enorme explanada que se abre frente a este edificio que quedó muy dañado con el terremoto que sacudió esta ciudad del centro de Italia en la madrugada del 6 de abril de 2009, dejando 309 muertos, 1.600 heridos y a cerca de 80.000 personas sin vivienda. Nueve años después de la tragedia, la vida va volviendo poco a poco a L'Aquila, cuyos vecinos tratan de recuperar la normalidad pese al trauma y a las dificultades de la reconstrucción. Ayuda a ello la recuperación de un lugar tan simbólico como la basílica, que volvió a abrir sus puertas el pasado 20 de diciembre para llegar a tiempo a las celebraciones navideñas.

«Fue una señal para toda la ciudad, a la que queremos que llegue una vida nueva», cuenta delante de la puerta de la sacristía Nunzio Spinelli, canónigo de este templo donde se conservan los restos del Papa Celestino V, que le abrió el camino a Benedicto XVI al renunciar al pontificado en 1294. «Toda la parte central de la basílica quedó destruida porque la cúpula se vino abajo y dañó el órgano. Tras muchos esfuerzos, se pudo concluir la reconstrucción para que celebráramos aquí las fiestas de Navidad», dice orgulloso el sacerdote. La rehabilitación de la basílica, como la del resto de edificios de L'Aquila, se ha llevado a cabo siguiendo los criterios antisísmicos y con la seguridad de que llegarán nuevos terremotos, pues en todo el centro de Italia es alto el riesgo de temblores. De hecho, tras el sismo que sacudió esta urbe se han sucedido otros en la zona, como el de Amatrice en agosto de 2016 o el que provocó la avalancha que destrozó el hotel Rigopiano, en enero de 2017.

Si no fuera por el negro recuerdo del terremoto y de las vidas que se llevó por delante, pasear por el centro de L'Aquila recordaría en cierta forma a hacerlo por alguno de esos barrios que surgen a las afueras de las ciudades. Hay grúas en un montón de manzanas y obreros que van y vienen por las calles, donde se cruzan con los habitantes de la capital regional de los Abruzos. «En la parte exterior de la ciudad la reconstrucción ya está completada al 95%, mientras que en el casco antiguo nos encontramos entre el 55 y el 60%. Ahí es más complicada porque son edificios de valor histórico y arquitectónico que están pegados los unos a los otros, por lo que las rehabilitaciones hay que hacerlas en conjunto», cuenta Giuseppe Di Pangrazio, presidente regional de los Abruzos. Espera que dentro de «cuatro o cinco años» hayan concluido todas las obras, tanto en la capital como en los municipios cercanos afectados. Según Di Pangrazio, se gastarán 13.000 millones de euros en la reconstrucción de una área donde, antes del terremoto, vivían unas 100.000 personas. Tocan a unos 130.000 euros por cabeza.

Un país «generoso»

«El resto de Italia ha sido muy generosa con nosotros», reconoce el presidente regional, que está seguro de que L'Aquila «volverá a ser así la ciudad más bella de Europa, y ahora también la más segura». La mejor representación de ello es, a su juicio, el sistema de 170 pilotes instalado en el Palacio del Hemiciclo, sede del Gobierno regional, que hacen a este edificio «indiferente» a los temblores. «También queremos una ciudad innovadora. Estamos construyendo las instalaciones para hacer una 'smart city' que la coloque a la vanguardia de la tecnología». Más difícil aún que completar la reconstrucción es conseguir la rehabilitación social y económica de la zona. «Además del drama del terremoto, la gente aquí ha perdido durante los últimos nueve años las relaciones que habitualmente se dan en una ciudad medio-pequeña como esta. No se trata solo de volver a tu vivienda, sino de recuperar en la medida de lo posible la vida que tenías antes del seísmo», dice Di Pangrazio. Es algo que, más o menos, ha conseguido ya Stefano, camarero de un nuevo restaurante abierto en la Piazza del Duomo, una céntrica plaza que tiene buena parte de sus edificios cubiertos con grandes paneles tras los que despuntan las grúas que pueblan todo el casco histórico.

«Aprovechamos para hacer obras funcionales para la vida de la ciudad» Pierluigi Biondi - Alcalde de L'Aquila

«Yo ya era camarero antes del terremoto y en todo este tiempo no me ha faltado el trabajo. Es verdad que mucha gente se ha ido, pero la reconstrucción ha mantenido viva la ciudad. Ahora empieza a verse que vienen algunos visitantes», cuenta Stefano, antes de ponerse a recoger una mesa. Poco a poco comienzan a abrir algunos restaurantes y negocios en la calle principal del centro histórico, aunque todavía queda mucho camino para que L'Aquila recupere el ambiente que tenía antes del 6 de abril de 2009. «El tejido social que corría el riesgo de desaparecer por estar la ciudad cerrada desde hace años está renaciendo», explica Oscar Buonamano, de Officina L'Aquila, un organismo que se encarga de mostrar cómo marcha la reconstrucción. Para recuperar las relaciones entre los vecinos, resultan vitales los lugares comunes, como el nuevo Parque del Sol, a punto de ser inaugurado, con su zona de juegos para niños, cancha de baloncesto y auditorio para 1.800 personas. Cuenta además con esculturas de la artista estadounidense Beverly Pepper. «A este lugar veníamos siempre para celebrar el fin de curso y ahora los niños de L'Aquila podrán volver a hacerlo», apunta el alcalde, Pierluigi Biondi, entre dos esculturas de Pepper y con el magnífico panorama de los Apeninos a su espalda. «En la reconstrucción hemos intentado hacer obras funcionales para la vida de la ciudad».

«Mucha gente se ha ido, pero ya empiezan a verse visitantes» Stefano - Camarero en Piazza del Duomo

«Confiamos en que la reconstrucción se complete en cuatro o cinco años» Giuseppe Di Pangrazio - Presidente regional de los Abruzos

A las actividades deportivas y culturales organizadas para intentar reactivar la urbe, Buonamano añade la importancia de la universidad, ya que la ciudad cuenta con un prestigioso ateneo que, hasta el terremoto, hacía de ella un destino habitual de estudiantes de todo el país. Ahora se le une el Gran Sasso Science Institute (GSSI), un centro de estudios de doctorado y posdoctorado nacido hace cinco años siguiendo las recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), que propuso hacer de L'Aquila un lugar de excelencia en la formación, el conocimiento y la cultura para conseguir atraer a cerebros e impulsar de esta manera el renacimiento de la ciudad.

«Referencia mundial»

«En poco tiempo nos hemos convertido en un lugar de referencia mundial», asegura Alessandra Faggian, prorrectora del GSSI, que beca a todos sus estudiantes, cuarenta en total, la mitad de los cuales no son italianos y provienen de lugares como Irán, India o Pakistán. Uno de los miembros del consejo del GSSI es el estadounidense Barry Barrish, ganador el año pasado del Premio Nobel de Física. Este proyecto formativo donde solo se utiliza el inglés dependió en sus inicios del Instituto Nacional de Física Nuclear, el organismo italiano que gestiona el Laboratorio Nacional del Gran Sasso, situado a pocos kilómetros de L'Aquila. En el GSSI se sigue esa línea de investigación, pues una de sus áreas de estudio es la física de astropartículas. Faggian explica con orgullo la vida que este nuevo centro le está dando a la ciudad. «Somos varios los profesores que hemos vuelto a Italia gracias a este proyecto. Quienes formamos parte del GSSI tenemos todos menos de 45 años e hijos pequeños, por lo que en el curso que viene hasta se va a abrir en un colegio público una sección en inglés, algo que solo encuentras en capitales grandes como Roma o Milán, y pagando un dineral. Aquí lo tienes gratis y en un sitio maravilloso y bellísimo». Una señal más de que L'Aquila, pese a seguir magullada, ya abre las alas e intenta retomar el vuelo.

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