Jubilarse a los 40, así es el frugalismo

Se trata de un movimiento nacido en Estados Unidos (donde se publicó una de sus obras fundacionales) que promueve el «desconsumo» a través de un modo de vida sencillo

Jubilarse a los 40, así es el frugalismo
FANNY PARISEInvestigadora, Antropología, Instituto Lémanique de Teología Práctica, Universidad de Lausana

La palabra frugalidad se deriva del adjetivo frugal (del latín frugalis), que significa sobrio. Este término, que generalmente se utiliza para designar el modo de vida de alguien que es «parco en comer o beber», en 2018 describe una realidad completamente distinta. La persona frugal es la que decide jubilarse de manera precoz (early retirement), a partir de los 35 años aproximadamente.

El principio de la frugalidad

El frugalismo es un movimiento nacido en los Estados Unidos (donde se publicó una de sus obras fundacionales) que promueve el «desconsumo» a través de un modo de vida sencillo.

En Francia, vivir según los preceptos de la frugalidad es algo que se da de manera anecdótica, o también puede que refleje la voluntad de sus miembros de no exponer su modo de vida, como en el caso de los frugalistas que hemos conocido durante nuestro trabajo de investigación. Una decena de ellos, que no se conocían entre sí, han hecho fortuna gracias a los juegos de azar en línea, a la inversión en metales preciosos o a ingresos procedentes de arrendamientos inmobiliarios.

Han logrado romper con el modelo productivo gracias a su capacidad para aprovechar las ventajas económicas que este mismo modelo ofrece. Dicho de otro modo, han sido capaces de reducir su presupuesto mensual (y ahorrar más) y de invertir sus ahorros (inversiones financieras, bursátiles o inmobiliarias), al tiempo que han dedicado todo su empeño a establecer una nueva organización de su día a día (por ejemplo, vivir en régimen de autogestión o construirse una casa en otro continente) en la que el dinero ahorrado —o invertido— debe permitirles vivir su vida frugalista.

Dando muestras de ingenio y creatividad, calculan estratégicamente los esfuerzos que deben realizar para lograr su objetivo de independencia financiera (principio del individualismo metodológico de R. Boudon).

¿Y si el frugal de 2018 fuera el rentista de finales del siglo pasado?

La palabra rentista se refiere a la «persona que percibe renta procedente de una propiedad de cualquier tipo», es decir, que vive sin trabajar, exclusivamente de sus ingresos no profesionales. Más exactamente, el frugalista goza de una renta denominada de «situación», es decir, «una ventaja o un privilegio del que el beneficiario disfruta desde hace mucho tiempo y que termina por considerarse un derecho adquirido».

Cuando se analizan los perfiles socioeconómicos de estos 'jubilados precoces', a pesar de que tienen perfiles diferentes, se encuentran puntos en común: pertenecen a la clase media, tienen un nivel educativo entre bachillerato y tres años de estudios superiores, son emprendedores, reciben unos ingresos anuales de entre 35.000 y 75.000 euros y cuentan con la ayuda de familiares y amigos para posibilitar esta transición de vida (alojamiento, asesoramiento en materia de ahorro, gestión del patrimonio o actividades financieras).

En las redes sociales surgen historias que presentan elementos de unión, y figuras emblemáticas como Monsieur Money Moustache aclaran los «secretos» de este estilo de vida para asesorar a los futuros candidatos a la frugalidad.

No están aislados en absoluto, sino que se organizan en redes. En los Estados Unidos, el movimiento 'FIRE' (siglas inglesas que significan 'independencia financiera, jubilación anticipada') ofrece asesoramiento a quienes desean lanzarse a la aventura.

Y, de un modo análogo, también hay frugalistas que ofrecen sus conocimientos y servicios de pago para guiar a los futuros adeptos en la construcción de sus proyectos de vida (realizar mejores inversiones financieras, adoptar estrategias bursátiles, etc.).

Retrato de un frugalista

El principio de la serendipia hizo que, en marzo de 2017, durante un viaje de París a Lausana en tren de alta velocidad, conociéramos a un frugalista, Hervé, que hoy tiene 50 años. No era consciente de pertenecer a este movimiento, pero aceptó responder a nuestras preguntas y reflexionar sobre los motivos que le llevaron a dejar su Borgoña natal (Francia) para irse a vivir a Laos.

Al parecer, su cambio de vida estuvo motivado por el agotamiento laboral (burnout) que Hervé sufrió en 2012. Lo explica así: «En 2012 viajé por primera vez a Laos, y decidí vivir allí; incluso me estoy construyendo una casa. Sigo siendo gerente de mi empresa, aunque es mi hijo el que está al mando, y eso me permite recibir un salario mensual. Además, a partir de 2019 obtendré ingresos inmobiliarios, pues la sociedad civil inmobiliaria que controla los terrenos y las fincas de mi empresa está libre de préstamos».

También quisimos saber cómo entendía él la frugalidad. Lejos de sentirse adepto de este movimiento, Hervé considera que es un fenómeno de moda: «Parece cosa de nuevos burgueses bohemios que han descubierto la forma de incordiar a sus vecinos. Yo creo que, más allá de unos cuantos colgados o iluminados que desean vivir del amor tocando la guitarra alrededor de una hoguera, no hay ningún 'movimiento'. En los países industrializados cada cual arrima el ascua a su sardina; cuanto más ganas, más egoísta eres».

Por encima de los valores individuales que atribuye a la frugalidad, Hervé denuncia las contradicciones de los adeptos que reivindican este movimiento: «Monsieur Moustache nos toma por imbéciles… El menda que, en su coche equipado con aire acondicionado, da consejos para que tú no pongas el aire. En fin, es como la historia de la tía que protesta contra las lanchas motoras porque destruyen los corales, pero ha llegado a la isla en avión y se aloja en un hotel de lujo».

La búsqueda de la felicidad: ¿valor refugio en tiempos de crisis?

Mientras que el síndrome del posmodernismo empuja al individuo a vivir en la inmediatez y a dejar de creer en el futuro, los frugalistas parecen haber logrado la hazaña de convertir en un éxito social el hecho de capitalizar los recursos financieros y sociales de los que disponen para poder vivir sin trabajar. ¿Será que, gracias a la evolución de los modelos de consumo que se observan (fenómeno del desconsumo o del doble consumo), la figura del hombre de negocios que en los años noventa profesaba «culto al rendimiento», descrito por A. Ehrenberg, se ha transformado en un individuo humanista que lleva un modo de vida virtuoso?

El modelo de funcionamiento en el que se basa la frugalidad se asemeja al que ha descrito M. Abrous en relación con los trabajadores intermitentes franceses que perciben el RMI (Renta Mínima de Inserción). Esta socióloga describe los itinerarios de autores de proyectos artísticos que han optado por forjar sus carreras profesionales gracias al «subsidio de desempleo o a la renta mínima de reinserción», que funciona como un «amortiguador» de la pobreza.

En cambio, los frugalistas optan por enmarcar su trayectoria profesional, no en una estrategia de carrera (largo plazo), sino en una acumulación de capital (corto plazo) que les va a permitir desarrollar proyectos de vida sin verse sujetos a dificultades económicas (largo plazo) y donde sus rentas actúan como amortiguador.

Los testimonios de los frugalistas permiten perfilar un proceso en cuatro fases: entrada en el mundo profesional (hacia los 20 años), acumulación de activos y voluntad de crearse una nueva realidad (de 20 a 30 años), acceso voluntario a la jubilación anticipada (hacia los 35 años), perpetuación del nuevo modo de vida (40 años y más).

¿De una sociedad posmoderna a una sociedad de proyectos?

Así pues, la frugalidad puede concebirse como la respuesta individual a las consignas paradójicas que nos impone la sociedad posmoderna: tener éxito en la vida (no solo en lo profesional, sino en todos los ámbitos) adoptando una perspectiva de desarrollo personal orientada por una búsqueda de sentido necesaria para lograr la felicidad.

Mientras que para el frugalista el dinero se erige en 'religión monetaria' (usando la terminología de David Chidester), hay otras tipologías de individuos que también defienden un modo de vida alternativo y modesto: se trata de los adeptos a la sociedad de proyectos, concebida principalmente por autores como Anders Fogh Jensen (2012) o Pierre Colombot (2011), creadores de sendos manifiestos que no se encuentran disponibles en línea.

Defienden, al igual que algunos autores del decrecimiento, una mayor flexibilidad por parte de las instituciones sobre la capacidad de las personas para emprender (reglamentos, normas, leyes, impuestos, etc.) con el fin de poder liberar energías que, cuando eclosionen, redundarán «en beneficio del interés general» (cita traducida del manifiesto de Pierre Colombot).

Mientras que algunas personas ven en el posmodernismo una disminución de la confianza en los sistemas abstractos (reglas, instituciones) a favor de la construcción de un yo emocional, los frugalistas (nueva categoría de consumidores) estarían recuperando esos valores para redefinir los contornos de la felicidad.

Bienvenidos a la era de la frugalidad, donde el dinero permite acceder a un paraíso perdido y donde es posible alcanzar el estado natural, lejos de las dificultades financieras (al menos, ¡aparentemente!).

Este artículo ha sido publicado en The Conversation.

 

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