El granero de opio

Floración. Los bulbos de la adormidera eclosionan con un flor violácea en los calurosos días de julio. / fran jiménez
Floración. Los bulbos de la adormidera eclosionan con un flor violácea en los calurosos días de julio. / fran jiménez

Los dos Castillas alternan la cosecha de adormidera con el cereal. S0lo hay 301 parcelas autorizadas y sus agricultores deben cumplir una 'ley del silencio' oficial

ANTONIO CORBILLÓN

Solo los muy expertos aciertan a distinguir las prestaciones médicas y químicas de una planta que, haciendo honor a uno de sus nombres (adormidera), crece plácidamente durante la primavera en los campos de las dos Castillas. Esos expertos hasta podrían acariciar los bulbos de esta planta, coronados por una flor que, cuando estalla, tiñe el campo de un manto violáceo. Su nombre científico también es revelador de sus poderes: Papaver somniferum.

«De eso, yo no sé nada...». «No le puedo contar nada». Solo hay 301 parcelas autorizadas en España, y los pocos agricultores que cultivan de forma legal estas plantas de opiáceos están bien aleccionados por Alcaliber. Es la única empresa autorizada en nuestro país y, por tanto, tiene el monopolio en todas las fases de su cultivo y explotación. Estos días de agosto, cosechadoras de cabezales especiales ultiman una recogida que los pocos productores que aceptan comentarla (previo anonimato) califican de «excepcional». Es el último paso de la campaña casi cien días después de la siembra, que suele desarrollarse entre mediados de febrero y abril.

«La clave de una buena cosecha es que no se asure (seque) cuando empieza la floración». Pedro (nombre ficticio) acaba de terminar las catorce hectáreas que tenía plantadas en el sur de Valladolid, casi en el límite con Ávila. Está más que satisfecho. Aunque el agua es su mayor enemigo -«cuando hay exceso se corre el riesgo de perder la producción»-, la húmeda primavera de este año y las altas temperaturas de junio y julio han desbordado sus previsiones. «Cultivo dos variedades y me están dando entre 1.800 y 2.400 kilos por hectárea. Es una planta muy rentable», admite.

«Al principio hubo acampadas de 'hippies' en las fincas. Pero ahora está todo muy tutelado»

En sus acuerdos con la concesionaria, previo visado de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, cada agricultor se compromete a la entrega de la producción completa y acepta las medidas de seguridad que se le impongan. A cambio, se les garantiza un precio mínimo, sea cual sea su recolección. En esta campaña, esos márgenes han oscilado entre los 0,84 euros/kilo para la variedad de mayor volumen y 1,22 euros/kilo para la más baja. En el sector calculan que los rendimientos de adormidera empiezan a ser rentables cuando se recogen 1.200 kilos por hectárea. «Merece la pena. Mucho más que el cereal», argumenta Pedro, que podría sacarle cerca de 20.000 euros a sus campos. Sí, se ha convertido en una apuesta segura. Por un lado, se cumplen los designios de la Política Agraria Común (PAC) que exigen alternancia de cultivos; por otro, «siempre se gana más dinero que con el cereal y los riesgos son escasos», gracias en buena medida a los precios mínimos garantizados.

'Hippies' al acecho

Es su tercer año de contrato con Alcaliber y espera mantenerlo. Las reservas iniciales ante una planta que la mayoría de la gente relaciona con tráfico ilegal y delito están cubiertas por la completa tutoría que reciben de la concesionaria oficial. «Ahora es mucho más llevadero -resume el cultivador-. Sus técnicos vienen un par de veces a la semana a la plantación. Controlan riego y abonado y nos ofrecen los tratamientos fitosanitarios». Cuando la planta florece, el control de los riegos se realiza con una estricta tabla para evitar daños. «Llega un momento en que la relación pasa a ser de camaradería», confiesa Pedro.

«Tomamos todas las medidas necesarias para garantizar que no se produzca ninguna desviación al mercado ilícito»

En estos últimos días de agosto, los parajes alfombrados de esta vistosa planta ya casi han desaparecido. Una vez que se completa toda la recogida, Alcaliber «comunica al área de Estupefacientes y Psicotrópicos la superficie recolectada y la producción de granulado de paja de adormidera obtenido», explican desde el Ministerio de Sanidad. La concesionaria también tendrá que presentar los datos completos sobre la cantidad de concentrado de paja de adormidera y los alcaloides reunidos tras procesarla. La paja comprende todas las partes de la adormidera tras cortarla, excepto las semillas. De ahí salen derivados como la morfina -la más predominante-, la codeína o la tebaína.

A pesar de su halo de misticismo, el cultivo legal de plantas opiáceas está muy regulado, y desde hace muchos años. Las leyes y ordenanzas que lo delimitan proceden de la etapa franquista (Ley de Estupefacientes de 1967) y apenas han necesitado retoques. Son derivadas de la Convención Única sobre Estupefacientes de la ONU, que sienta a nivel mundial las normas para el cultivo de las drogas destinadas a usos medicinales.

España tan solo ha regulado sus controles. «Estamos obligados a tomar las medidas necesarias para garantizar que no se produzca ninguna desviación al mercado ilícito proveniente del cultivo y producción lícita de estupefacientes», informan medios de la Agencia Española del Medicamento. Eso incluye desde las autorizaciones a cada agricultor, «hasta escolta policial o de la Guardia Civil individualizada para cada movimiento del producto». Incluso la posibilidad de aplicar televigilancia para garantizar la «completa impermeabilidad del sistema».

Hoy en día no suelen ser habituales las situaciones que reclaman de la presencia de las fuerzas de seguridad. Pero entre los agricultores del sector, sobre todo en Castilla-La Mancha, aún se recuerdan años atrás en los que trascendió la ubicación de las plantaciones. «En algunos casos hubo acampadas de 'hippies' llegados de las ciudades y la Guardia Civil tuvo que intervenir», reconoce un productor manchego.

Ahora, cannabis

Alcaliber se ha convertido en líder mundial. Montó en 2014 una moderna planta de extracción en Toledo con capacidad para duplicar los rendimientos. Esto le permite decidir cada año lo que necesita y adecuar las cosechas. Así se explicaría la drástica reducción de las concesiones por la Agencia del Medicamento en los últimos años. Mientras la firma reconoce en su web que ha llegado a tutelar 14.000 hectáreas en España (último dato que tiene actualizado), las fuentes del Ministerio de Sanidad consultadas dan cuenta de solo 6.600 hectáreas en 2018, repartidas por Castilla y León, Castilla-La Mancha, La Rioja y País Vasco (Álava).

La farmacéutica, creada hace cuatro décadas por la familia Abelló, se ha hecho en los últimos años con una cuota del mercado internacional de morfina cercano al 30%. En las últimas semanas se daba casi por cerrado su acuerdo de venta a la canadiense Canopy Growth Corporation por una cifra superior a los 200 millones de euros. Esta firma es el mayor productor de cannabis para uso terapéutico del planeta.

En 2016, Alcaliber se convirtió en la primera empresa española en conseguir licencia para «cultivo, producción, fabricación, importación, distribución y comercialización de cannabis», según informa en su página digital (la empresa no atiende a la prensa). El avance en la legalización de esta sustancia como planta medicinal en el mundo parece abrir nuevas posibilidades para campos que antes eran simples monocultivos de cereal.

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