La Gaza bonita

Kholoud Nassar, con el pañuelo rojo, se hace un selfi con una amiga en la bahía de Gaza, y algunas de sus fotos de la cuenta de Instagram. / m. ayestaran
Kholoud Nassar, con el pañuelo rojo, se hace un selfi con una amiga en la bahía de Gaza, y algunas de sus fotos de la cuenta de Instagram. / m. ayestaran

Kholoud Nassar se ha hecho famosa por sus fotos alejadas de la imagen de destrucción. «En ellas se ve que no perdemos la esperanza»

MIKEL AYESTARAN

No es Selena Gómez (140 millones de seguidores), ni Cristiano Ronaldo (139 millones), pero su cuenta de Instagram es la más seguida en Gaza, donde se ha convertido en una celebridad local gracias a sus 122.000 seguidores. La cuenta de Kholoud Nassar (@kholoudnassar) dista mucho de la de las dos estrellas que lideran la clasificación mundial de seguidores de esta red social, con perfiles convertidos en 'egotecas' para hacer publicidad de modelitos o exhibir músculo. Nassar trata de mostrar «la cara más bonita de Gaza, la que no aparece normalmente en las noticias» y para ello recorre la Franja pegada a su teléfono inteligente con el ojo puesto en pequeños detalles que van dibujando un universo de colores, aromas, caras y sensaciones alejados de la imagen típica de un lugar marcado por la guerra, la destrucción y la muerte.

Como ocurre en otras partes del mundo, el uso de las redes sociales se ha disparado en Gaza y «Facebook, Twitter o Instagram son, junto a la radio en los taxis, los principales medios de información, por encima de los periódicos o los canales de televisión», apunta Kholoud. Pese al control férreo de Hamás en Gaza, o de Fatah, en Cisjordania, las redes permiten espacios de libertad imposibles en unos medios tradicionales presos de las distintas facciones políticas, grandes responsables, junto a Israel y Egipto, del bloqueo que sufren desde hace más de una década 2 millones de personas. Las fotos de Kholoud vuelan desde su teléfono a la red, superan la verja de separación y expanden su mensaje por todo el mundo, sin freno, sin más censura que el ojo de la propia autora.

La cafetería del hotel Marna House está casi vacía por la mañana. Kholoud se retoca el hijab antes de la entrevista y lo hace, por su puesto, mirándose a través de la cámara de su teléfono. Busca el reflejo de las cristaleras para hacerse la primera foto del día. Pide café con poca azúcar, en el café árabe hay que especificar al camarero el grado de dulzura cuando se pide, y recuerda su encuentro con la BBC estas pasadas Navidades. Tras la emisión del reportaje en la cadena británica obtuvo «seis mil nuevos seguidores en apenas 48 horas y eso que todos mis comentarios están en árabe porque yo no domino el inglés, es algo que debo mejorar».

Una joven le reconoce y le pide una fotografía, no un autógrafo. Se llama Dalia, tiene 13 años y para ella «es un ejemplo a seguir. Se fija en cosas que nadie más se fija y sus fotografías son preciosas. Ella es una inspiración para intentar ser periodista en el futuro», dice la joven adolescente, que no para de tomarse fotos con su heroína desde todos los ángulos posibles, intentado aprovechar cada segundo antes de despedirse.

«Yo trato de mostrar al mundo una imagen positiva de Gaza, una imagen más allá de la violencia y la destrucción que aparecen cada día en los medios. Empecé con este trabajo después de la guerra de 2014, que fue un infierno. Recorrí los hospitales, fui a funerales, a cementerios... Mi cerebro dijo basta y pensé que esto podía servir para mostrar al exterior que, pese a todo, no perdemos la esperanza», comenta mientras repasa algunas de las fotos con más 'Me gusta' de su perfil, su media está entre los 2.000 y 3.000 por foto. Los israelíes bautizaron la operación de 2014 como 'Margen Protector' y en ella mató a 2.140 personas, la mayoría civiles, y destruyó 140.000 hogares dejando decenas de miles de desplazados, según los datos de Naciones Unidas. Los israelíes bombardearon por tierra, mar y aire durante cincuenta días con el objetivo de acabar con Hamás, pero no lo consiguieron. Los islamistas lanzaron más de 6.600 cohetes y morteros, que llegaron hasta Tel Aviv y obligaron a cerrar el aeropuerto internacional, y con operaciones a través de túneles en la frontera con lo que lograron matar a 73 personas, 67 de ellas militares. El objetivo de Hamás era obligar a Israel a levantar el bloqueo, tampoco lo consiguió y la Franja vive desde entonces «al borde del colapso», según un informe posterior a la guerra del Banco Mundial. Un colapso en el que jóvenes como ella tratan de buscar brotes de esperanza.

«Ya me conocen»

«Los edificios antiguos de Gaza City o el mercado central son lugares que visito con frecuencia, los vendedores ya me conocen, saben lo que busco, que me gusta la vida cotidiana y hasta me hacen sugerencias de detalles que les parecen bonitos», apunta esta instagramer que, pese a recibir ofertas para hacer publicidad en su cuenta, las ha rechazado. Trabaja en una empresa que se dedica a crear contenidos para páginas web y le gusta todo lo relacionado con las redes sociales y las nuevas tecnologías.

Habla tan rápido como hace fotos. Su lengua se mueve a la velocidad de su dedo sobre el botón rojo de la cámara. Nunca antes había hecho fotografías, no ha hecho ningún curso, es completamente autodidacta y su afición empezó cuando se hizo con su primer teléfono. No emplea apenas filtros, quiere mostrar la realidad tal y como es y piensa que con Instagram «también estoy ayudando a mi manera a la causa palestina, mis imágenes superan el bloqueo y llegan a los teléfonos de cualquier parte del mundo con su solo click, nadie lo puede impedir, en la red soy libre».

Kholoud propone dar un paseo por el puerto marítimo. No está lejos del Marna House. En unos minutos camina por el espigón en el que los pescadores reparan sus redes. El bloqueo que sufre Gaza es por tierra, mar y aire y los barcos tienen limitada la faena a entre 3 y 9 millas náuticas, dependiendo de la voluntad de Israel, lejos de alcanzar las 20 millas recogidas en los Acuerdos de Oslo. Pasa su dedo por las rugosidades que deja la pintura de color verde en los grandes bloques de piedra que forran el puerto. Toca y retrata. El resultado invita a deslizar el dedo por una pantalla de la que parece sobresalir la porosidad del verde. Después se acerca a un vendedor de té que hierve agua con la ayuda de una bombona de butano. Hablan. Enfoca su teléfono a un ramo de menta fresca que descansa en un bote de cristal a la espera de ser mezclado con té. Dispara. Una imagen que se puede oler.

En sus instantáneas se puede ver Gaza, Gaza, Gaza y más Gaza, pero ella sueña con «poder salir algún día y fotografiar otras ciudades como Jerusalén», un sueño imposible para la gran mayoría de la población de la Franja, pese a que se encuentran a apenas una hora en coche. Hasta que la situación política se lo permita tendrá que contentarse con seguir a otros instagramers que le acerquen a la pequeña pantalla de su teléfono el aroma de una ciudad santa que no pierde la esperanza de visitar algún día. «Inshala!» (Si Dios quiere).