«Yo no soy Down, soy torero»

«Yo no soy Down, soy torero»

Jaime Alcón, de 12 años, se forma en la Escuela Taurina de Badajoz para ser matador de toros como uno más entre sus compañeros

NATALIA REIGADAS

Jaime Alcón se cuelga el capote del hombro a modo de capa, se pone recto, sube la barbilla, clava sus ojos azules y dice: «Soy torero». Cuando escucha algo sobre su trastorno genético su actitud es bien distinta: «Yo no soy Down, soy torero», dice algo molesto.

Hace dos años que este niño pacense de doce se forma en la Escuela de Tauromaquia de Badajoz, de cuya cantera han salido figuras como Antonio Ferrera, Miguel Ángel Perera, Alejandro Talavante, Ginés Marín o José Garrido. En poco tiempo Jaime se ha convertido en uno de los mayores orgullos del centro.

La escuela solo admite a 40 alumnos al año. Algunos viajan más de dos horas cada día para ir a las clases y también reciben solicitudes de otros países. En breve llegarán dos nuevos estudiantes de Portugal y México. Entrenan cuatro días por semana durante dos horas: taurología, preparación física y psicológica y clases prácticas. A las siete de la tarde del miércoles, Jaime Alcón entra puntual por la puerta de cuadrillas de la Plaza de Toros de Badajoz. Comparte clase con una docena de niños que se saludan dándose la mano, con una cortesía impropia de su edad. Cuando ven a Jaime, sin embargo, se acercan a abrazarle.

«Pues si quiere ser torero, adelante, ¿por qué no?», dijeron a sus padres en la escuela

«Don Jaime», le dice a modo de bienvenida su profesor Luis Manuel Reinoso, 'El Cartujano', un matador de toros retirado que como novillero abrió la Puerta del Príncipe en Sevilla. Es uno de los dos maestros de la escuela, junto con Luis Reina, que llegaron a tomar la alternativa.

«Tiene una ilusión enorme», susurra 'El Cartujano' señalando a Jaime. A continuación les pide a todos que formen para ensayar el paseíllo. Sus compañeros piden a Alcón que encabece la comitiva y el chaval lo hace con una gran sonrisa, saludando al tendido vacío e imaginando que está a rebosar.

Familia taurina

Apoyada en las tablas observa la escena Isabel Durán, la madre del futuro torero. Cuenta que la afición de su hijo le viene de familia. Cuando era pequeño iba a casa de su tío abuelo, Jacinto Alcón, un empresario taurino que murió recientemente y que le dejaba un capote de paseo para practicar. Isabel sujeta en sus manos la muleta que va a usar luego Jaime. El palo que sostiene la tela, llamado estaquillador, es antiguo. Pertenece al abuelo, el novillero Isidoro Alcón, que se lo regaló a su nieto. Jaime no le llama abuelo, ni Isidoro, le llama 'El torero'.

Tras terminar el paseíllo, 'El Cartujano' invita a sus alumnos a coger unos palos que representan dos orejas y brindarlas al tendido. Espontáneamente, los niños suben en hombros a Jaime y le dan una vuelta al ruedo. Sonríe, enseña el trofeo y, al pasar frente al grupo apoyado en las tablas, lanza un beso a su madre y otro a Pedro Ledesma, el coordinador de Tauromaquia del Patronato Provincial de Turismo y Tauromaquia de la Diputación de Badajoz. Hace dos años se acercaron a él los cinco miembros de la familia Alcón Durán, los padres y sus tres hijos. Le dijeron, con algo de miedo, que el mediano quería ser torero. La respuesta fue clara. «Pues si quiere ser torero, adelante ¿Por qué no va a ser torero?».

Lo borda con el capote y la muleta, pero lo que más le gusta es entrar a matar

La vuelta al ruedo ha terminado y los escolares practican toreo de salón en el coso. Ledesma observa a Jaime con una gran sonrisa. «Es la leche, es la leche», asegura. «Se hace querer». Desde el principio, el niño hizo muy buenas migas con el coordinador. Pedro cree que esta conexión se debe a que le falta una mano. El responsable de la escuela la perdió hace 30 años debido a la explosión de un cohete en Nochevieja y al menor siempre le ha llamado mucho la atención su defecto.

«A veces viene y me pregunta por la mano o me da un beso aquí», dice Ledesma y señala su muñón. «Pero también me imita», añade, y se ríe. La madre de Jaime escucha la conversación, se acerca y matiza: «Pedro es el padrino taurino de mi hijo». Ledesma se emociona al escuchar el título.

En la arena, Jaime continúa practicando. Uno de sus compañeros le embiste con un carretón con una cabeza de toro y el alumno, con cómodos movimientos de su capote, dibuja una verónica y a continuación lleva el percal por detrás de su espalda para completar un farol. Le miran sus profesores Miguel Ángel Pérez Sousa y Tomás Martínez. Este último explica que ha demostrado que se le da muy bien imitar los movimientos y en poco tiempo ha logrado una gran evolución. «¡Eh, toro!», cita el menor y remata la faena con una navarra. - ¿Quieres ser torero, Jaime? - Sí. - Pero es peligroso. - No. - ¿Cómo que no? - No. Soy torero. - ¿Y quién es tu torero favorito? ¿Quién es el mejor? - Yo (se ríe).

Un rato después, y muy serio, confiesa que su diestro favorito es Talavante, que se entrenó en la misma arena en la que ahora se ejercita él. 'El Cartujano' se acerca y aclara: «Bueno, va cambiando de nombres. Si fuese aficionado al fútbol, sería del equipo que ganase». Él cree que la entrada de este alumno en la escuela ha sido de lo mejor que les ha pasado. «Lo hicimos con un interés grande, con entusiasmo de que un chaval con estas características desarrollase su afición, porque es pasión lo que tiene por el mundo del toro». Dos años después, 'El Cartujano' explica que está integrado y mejorando cada día. «Nos domina a todos, desde los profesores, a los alumnos, hasta al conserje de la plaza de toros. Tiene mucho carisma y mucha muleta. Torear se le da muy bien en todos los aspectos».

Su hermana, la mayor fan

Una de las personas que más le admira es su hermana pequeña, Teresa, que le acompaña mientras Jaime entra a matar con la figura de un toro. «Es una afición que tiene y me parece bien. Cada uno persigue sus sueños», dice la niña de 11 años.

Cuenta que su hermano está entregado al toreo las 24 horas. Se levanta y se pone a practicar con el capote, ve programas de toros, va a todos los espectáculos de sus compañeros e incluso sus juegos tratan sobre lo mismo. Su madre tiene escondido su traje de corto porque, si no, lo llevaría a todas partes.

«Tiene un corcho con unos cuernos que le ha dado un compañero de la escuela. Torea con la muleta y, cuando quiere entrar a matar, le clava el estoque en el cuerpo del toro. Cuando se aburre de eso, usa los Playmobil, monta con cartones una plaza y recrea una corrida», explica Teresa.

Los cuernos regalados por el colega de clase representan una muestra más de lo que supone Jaime para el resto de la escuela. El también les quiere mucho y ha pedido a su madre estampitas de la copatrona de Villar del Rey, el pueblo de su familia, para repartirlas en el aula.

Su mejor amigo en la escuela es Férbola. Es el nombre artístico de Manuel Fernández Bolaño, que tiene 11 años y lleva cuatro trabajando para ser «una figura del toreo». Dentro del ruedo son inseparables. -¿Por qué te llevas tan bien con Jaime? -Es muy buena persona, le quiero mucho. Es amable, cariñoso. Tiene todo lo bueno. -¿Te parece bien que quiera ser torero, como tú? -Por supuesto. -¿Crees que puede conseguirlo? -Sí, entrena mucho. Aprende fácil y rápido.

-¿Qué es lo que más le gusta? -Entrar a matar (se ríe).

-¿Te gustaría compartir cartel con Jaime en el futuro? -Me gustaría mucho. En Madrid.

Tras la interrupción, Férbola vuelve a entrenar con Jaime. Este último da pases con la muleta. Su madre sonríe. «Así se pasa todo el día. ¿Cómo crees que apaga las luces en casa? Haciendo como que entra a matar», dice Isabel Durán entre carcajadas.

Jaime saca la espada y forma una cruz con su pie en la arena. Es un gesto que repite mucho, le da suerte y, como muchos toreros, es supersticioso. Enfila el toro y acomete. Olé.

«Ha encajado a la perfección en el espíritu del centro»

Es la primera vez que un niño con discapacidad se forma en la Escuela Taurina de Badajoz, y en estos dos años que lleva como alumno, Jaime se ha convertido en mucho más que una anécdota. «Lo tuve muy claro desde el principio. No tiene ningún problema para estar aquí. En esta escuela, además, no solo se enseña toreo. Se les enseña a ser persona. El respeto, el compañerismo. Enseñamos valores», asegura Pedro Ledesma, el coordinador de Tauromaquia de la Diputación de Badajoz, de la que depende la escuela.

En este tiempo, Jaime ha aprendido mucho: verónicas, navarras, entrar a matar... Pero también ha dejado huella en los que le enseñan. Cada movimiento o progreso del niño, se refleja en sonrisas gozosas de sus profesores. Especialmente orgulloso se siente Ledesma, al que la familia de Jaime considera su padrino taurino. Cuando escucha lo de «padrino» se emociona y presume de su protegido: «Es que es la leche. Quizá porque yo tengo un defecto (a Ledesma le falta una mano que perdió en un accidente pirotécnico) y nos hemos unido».

Luis Manuel Reinoso, 'El Cartujano', es otro de los orgullosos profesores de Jaime Alcón. Considera que ha progresado mucho, pero que también ha aportado a los que le rodean en la escuela. «Se ha integrado a la perfección, le quieren muchísimo. Sus compañeros han dado a Jaime el lugar que tiene que tener en esta escuela, que es el más grande». Prueba de ello es esa foto en la que todos le llevan en volandas en dirección a la Puerta Grande. La que se merece.

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