La conciencia del planeta

Greta Trumber. / Reuters / EP

Greta Thunberg, una adolescente menuda y con síndrome de Asperger, ha puesto en ridículo a los líderes mundiales y ha activado una revuelta juvenil contra el cambio climático

Alfonso Torices
ALFONSO TORICESMadrid

«Ustedes dicen que aman a sus hijos, pero les están robando su futuro ante sus propios ojos». La frase, dura, sincera y sin concesiones, como todo el discurso de Greta Thunberg, dejó estupefactos, el pasado 12 de diciembre, a los líderes mundiales, que tuvieron que escuchar, en Katowice (Polonia), como una adolescente de 15 años los avergonzaba ante todo el planeta por ser incapaces de impulsar con decisión el Acuerdo de París para frenar el calentamiento global, el problema más grave al que se enfrenta el ser humano.

Fueron tres minutos de golpes verbales directos a la mandíbula de los poderosos que, en cuestión de horas y días, arrasaron las redes sociales con millones de descargas, y que han logrado poner en marcha en un tiempo récord una revuelta juvenil planetaria para obligar a los gobiernos a escuchar las alarmas de los científicos y a actuar de inmediato contra el cambio climático. El mensaje de esta estudiante sueca de Secundaria, que será asumido mañana por millones de jóvenes en una huelga climática planetaria, es claro y directo. Los políticos y empresas «han fallado» y sus promesas son vacías e interesadas, lo que está en juego es el futuro de las nuevas generaciones, y ha llegado el momento de pasar a la acción para obligarles a rectificar.

A quien hoy diputados socialistas suecos han propuesto para el Nobel de la Paz, es pura determinación. Hija de una conocida cantante de ópera y de un actor, ha sido capaz de superar sus limitaciones para luchar por su único objetivo desde los 11 años: frenar el calentamiento global. A esa edad pasó por una depresión, durante la que dejó de comer, porque no comprendía cómo a los demás no les preocupaba la amenaza segura del cambio climático, que descubrió en unos vídeos en clase.

Empezó el activismo en casa, al convertir a sus padres casi en veganos y convencerlos para que no cogiesen aviones, que arrojan toneladas de CO2 a la atmósfera, antes de lanzarse a ser la conciencia climática del mundo. Durante semanas, faltó a clase todos los viernes, desde el 18 de agosto, para plantarse en solitario ante el Parlamento de Estocolmo con un cartel de madera en el que se lee «Huelga escolar por el clima». Su protesta, que ya cumple la semana 30, contagió progresivamente a estudiantes de 69 países, dando lugar al movimiento global 'Fridays For Future'.

Esta chica tímida y menuda, identificada por sus características trenzas, tiene síndrome de Asperger, un trastorno del espectro autista que le dificulta las relaciones sociales y le hace duro el hablar en grupo y más aún en público. Pero cuando se trata de luchar por la Tierra nada la amilana. Sus limitaciones no le impidieron repetir el rapapolvo a los poderosos de Katowice ante los líderes de la UE o en el Foro de Davos. A Zurich llegó en enero tras 32 horas de viaje en tren con su padre para sublevar a los jóvenes contra las excusas de los adultos: «Quiero que actúes como si la casa estuviera en llamas, que es lo que está pasando».

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