Barcelona me mata

Dos hombres se pelean con machetes. Debajo, prostitución en El Raval. A la derecha, un joven permanece tendido tras recibir una paliza. / redes
Dos hombres se pelean con machetes. Debajo, prostitución en El Raval. A la derecha, un joven permanece tendido tras recibir una paliza. / redes

Los delincuentes campan a sus anchas en la capital catalana, donde en las últimas seis semanas se han producido siete homicidios y se registra una media de 365 hurtos diarios. «Para los ladrones es el paraíso, su parque temático», se lamentan los vecinos

JAVIER GUILLENEA

Cada 25 de mes a los pensionistas de Ciutat Vella, la Barceloneta o Sant Antoni les sube la tensión y no porque no hayan tomado su pastilla, sino por miedo. Es el día en el que cobran sus pensiones y acuden a los cajeros automáticos para disponer lo antes posible de su dinero en efectivo. Van, pero muchos no lo hacen solos, acuden acompañados por voluntarios que se ofrecen a servirles de guardaespaldas para que nadie les robe su dinero. Saben que el riesgo de sufrir un atraco es elevado. Y lo saben porque muchos han sido víctimas de un delito o lo han presenciado. En algunas zonas de Barcelona haber sido testigo de un robo, pelea o apuñalamiento es lo normal. Lo anómalo es lo contrario.

«En Sant Antoni te sientas en una terraza a tomar un café y en media hora ya has visto dos robos», explica una comerciante del barrio que prefiere no dar su nombre. Como si difundiera el último parte de guerra, María, por darle una identidad cualquiera, hace un recuento de las últimas bajas. «Hoy han apuñalado a un chico, ayer a dos más y anteayer hubo dos muertos. Esto es constante, lo habitual». La última agresión se produjo a la una de la madrugada del miércoles, cuando dos personas se enzarzaron en una pelea con armas blancas en el distrito de San Martí. El herido, un hombre de origen subsahariano, recibió una puñalada en el cuello y ha sido hospitalizado.

«Te sientas en una terraza a tomar café y en media hora has visto dos robos» María - Vecina de Sant Antoni

«La gente vive con miedo, no se atreve a salir y se encierra en sus casas» David Calduch - La Barceloneta

«A una mujer le rompieron los dedos para sacarle la clave del cajero» Tito Álvarez - Plataforma Salvalona

«Con Ada Colau los policías hemos perdido el principio de autoridad» Eugenio Zambrano - Policía local

En la capital catalana se han registrado siete homicidios en tan solo cuarenta días. Estas muertes, que se suman a las otras seis producidas en lo que va de año, son la punta del iceberg de un reguero de sucesos que han convertido a la ciudad en la más insegura de España. Según datos de los Mossos d'Esquadra, en el primer semestre de este año el número de delitos en Barcelona ha subido un 10% (115.014), mientras que los robos violentos y con intimidación han aumentado un 31%, un porcentaje en el que destaca el incremento de los robos con violencia e intimidación en la vía pública (un 35%). En el mismo período de tiempo se registraron 67.276 hurtos, lo que supone una media de 365 al día.

El teniente de alcaldía de Seguridad del Ayuntamiento de Barcelona, Albert Batlle, admitió ayer que existe una «crisis de seguridad» en la ciudad y apeló a hacer un análisis «sereno y responsable» sobre «la sensación de inseguridad» en la capital catalana. Batlle recordó que los delitos contra las personas, los más graves, han disminuido un 1,27% el primer semestre y recalcó que «Barcelona sigue siendo una ciudad segura en comparación con otras como París, Londres y Roma». Lo que no dijo el responsable municipal es que la capital catalana es la ciudad con mayores índices de criminalidad de toda España. Su tasa de delitos por cada mil habitantes es de 119,85, muy por encima de los 80,40 de Marbella y los 74,49 de Madrid.

Batlle habló ayer de una «sensación de inseguridad», pero lo que están sufriendo los vecinos de los barrios más afectados por la delincuencia es algo bastante más tangible que una simple percepción. «El mes pasado a una vecina de Ciutat Vella le rompieron los dedos de la mano para que dijera la clave del cajero», afirma Tito Álvarez, impulsor de la plataforma Salvalona, un colectivo formado por más de mil taxistas, empresas de seguridad y activistas contra la delincuencia. Su objetivo es el de presionar a las administraciones para que aumenten el número de policías en Barcelona así como los recursos para garantizar la seguridad y que el multihurto sea considerado como un delito.

Inseguridad

A la cabeza de España
Barcelona lidera el 'ranking' de las ciudades más inseguras de España. Con una tasa de 119,85 delitos por cada mil habitantes, supera a sus más inmediatos seguidores: Marbella (80,40) y Madrid (74,49).
17
Durante el primer semestre de 2019 se han registrado 67.276 hurtos. En este ámbito las detenciones han aumentado un 34% hasta las 3.093, con una media de 17 diarias, la mayoría 'in fraganti'.
219
puntos de venta de droga han sido desmantelados por la Policía, que ha practicado 298 detenciones de traficantes en los seis primeros meses del año. El pasado mes de junio se cerraron 36 'narcopisos'.
27,48
infracciones penales por cada mil habitantes es la tasa de criminalidad de Gijón, la ciudad con menos delincuencia de España. En 2018 se registró en este municipio asturiano un solo asesinato.
Límite económico
Apropiarse de algo ajeno sin usar la violencia e intimidación se castiga con una multa si lo sustraído no supera los 400 euros. Los ladrones son conscientes de ello y procuran no rebasar esta cifra de una sola vez. Estos delitos son leves y no cuentan a efectos legales de reincidencia.

Salvalona es una de las tres organizaciones vecinales que han nacido en la ciudad condal para luchar contra la delincuencia. Son grupos que se organizan en patrullas y persiguen por las calles y el metro a delincuentes, difunden imágenes de robos o agresiones y avisan de cuáles son las zonas más peligrosas de la ciudad. Su aparición ha generado un fuerte debate entre quienes advierten que estas personas se mueven al borde de la legalidad y quienes, como Tito Álvarez, defienden su existencia. «Tomarnos la justicia por nuestras manos sería ir y partirles la cabeza, pero eso nunca lo haremos. La nuestra es una labor de disuasión», asegura.

Agentes frustrados

Eugenio Zambrano, portavoz del CSIF en la Guardia Urbana de Barcelona, rechaza la actividad de estas plataformas pero en cierto modo comprende el motivo de su aparición. «Es una señal de que la política ha fracasado, lo que resulta muy preocupante». En su opinión, la criminalidad en la capital catalana «se ha disparado desde que llegó a la alcaldía Ada Colau», a la que responsabiliza de la actual situación de «frustración, desorientación y desafección» entre los miembros de la Guardia Urbana. «Con la alcaldesa no hemos tenido ningún apoyo institucional, con ella hemos perdido el principio de autoridad», se lamenta.

«El otro día un amigo vio desde su casa a varias personas entrar en un colegio para robar y llamó a la Policía pero no apareció nadie. La impunidad es bestial», critica David Calduch, un vecino de la Barceloneta que ha visto el rápido deterioro de su barrio. «Siempre ha habido problemas con las drogas, pero lo de ahora es de otro nivel. La migración nos ha hecho un daño brutal. Son agresivos, primero te pegan una paliza y luego te roban, la gente ha comenzado a comprar esprays y porras para defenderse, como la cosa siga así va a estallar un conflicto», avisa.

El colectivo Salvalona también reclama más recursos sociales para atender a los menores extranjeros no acompañados, los 'menas'. «Un porcentaje de ellos son árabes y roban en manada, van a saco», revela Tito Álvarez. Él es consciente de que hablar del origen de los delincuentes supone caminar por «una línea muy fina», por eso insiste en que cuando explica que los paquistaníes «llevan los narcopisos» y recuerda que quienes rompieron los dedos a la mujer del cajero «eran marroquíes», no pretende «estigmatizar a nadie». «Se trata de decir la realidad».

Criminalidad

115.014
infracciones penales ha registrado la estadística policial en el primer semestre del año en Barcelona, con una media de 365 hurtos al día.

La realidad es para David Calduch la de una Barceloneta desierta. «Hace poco salí a tomar una copa y el barrio estaba vacío, la gente vive con miedo y no se atreve a salir, se encierra en sus casas». Desde allí escuchan, como también lo hace María en su vivienda de las cercanías del Raval, «gritos y peleas constantes».

El miedo se ha convertido en un vecino más para unos ciudadanos que han incorporado a la educación de sus hijos consejos sobre los lugares peligrosos que deben evitar y lo que tienen que hacer para que no les roben. «Ayer a un japonés le empezaron a pegar patadas y delante de mi casa un carterista robó a una persona pero los vecinos le detuvieron, a los niños les quitan los móviles y muchas personas llevan los bolsos cerrados con bridas para que no les roben en el metro», prosigue María con su parte de guerra. En la ciudad de los prodigios, dice, «lo que no te imaginas es posible», como que un ladrón trepe por un canalón hasta un cuarto piso. «Para ellos esto es el paraíso, Barcelona es un parque temático del robo».