El avión de Pedro Sánchez: una polémica de altos vuelos

El avión de Pedro Sánchez: una polémica de altos vuelos

El presidente le ha cogido gusto a volar en el Falcon 900B, el avión oficial del Gobierno. No es el único gobernante español que ha caído en la tentación

JAVIER GUILLENEA

Se llama Falcon 900B y tiene una curiosa característica. Cuando lo utiliza un presidente de Gobierno la oposición se rasga las vestiduras, pero cuando esa misma oposición llega al poder y es su líder el que se monta en el avión, son los otros, los que lo habían hecho antes, quienes entran en cólera y ponen a Dios por testigo de que ellos jamás harían algo parecido. Hasta que les llega el momento y todo es un volver a empezar.

Algo tendrá el Falcon 900B que quienes lo prueban ya no lo pueden dejar. Es como esas montañas rusas descabelladas donde uno sube a sabiendas de que va a sufrir y cuando todo acaba quiere comenzar de nuevo. Al parecer, es lo que le sucede al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que en cuanto se despista alza el vuelo a bordo del avión para ir a un concierto, un consejo de ministros, una visita oficial o de vacaciones a Lanzarote. Sabe –se supone que sabrá– que le van a llover críticas por todas partes, pero no hay manera de dejarlo. No hay manera.

Y la verdad es que no es para tanto. Como avión presidencial, el Falcon 900B no es gran cosa. Con el debido respeto, es un avión del montón. Pero no deja de ser un símbolo del poder y, además, uno queda muy bien en las fotos con gafas de sol, unos cuantos papeles sobre la mesa y un asesor al lado, que es algo que siempre luce. Es todo muy cosmopolita, muy kennediano, muy moderno, muy de decir aquí estoy yo tomando decisiones por encima de las nubes. Es una tentación difícil de esquivar.

El Gobierno tiene siete aviones para los desplazamientos de sus miembros y la Familia Real

El Estado español posee una flota de siete aviones destinados a transportar a los miembros del Gobierno y a la Familia Real entre otros quehaceres, como los de llevar a cabo acciones humanitarias. Los aparatos están integrados en el Grupo 45 de las Fuerzas Aéreas de España, una unidad que tiene su base en Torrejón de Ardoz y que se encarga del mantenimiento de las aeronaves y de llevar de un lado para otro a las autoridades. El grupo cuenta con dos Airbus A310 y cinco Falcon 900B. Los primeros, que se emplean en los viajes más largos y concurridos, fueron adquiridos en 2002 de segunda mano a Air France por 172 millones de euros. Los otros cinco llegaron por partes. El Gobierno se hizo con dos en 1988 y en 2003 compró a las fuerzas armadas australianas el resto, también de segunda mano, por 76 millones de euros. Los siete aviones tienen más de 30 años de antigüedad.

Los Falcon 900B son los más utilizados por el Gobierno. Son aviones pequeños, de unos 20 metros de longitud y con capacidad para transportar a unos doce viajeros, nada que ver con mastodontes como el Air Force One de Estados Unidos o similares. Con una velocidad de crucero de 927 kilómetros por hora, tienen un alcance de 7.000 kilómetros y una autonomía de ocho horas, lo que les permite hacer viajes transoceánicos aunque sin ir mucho más lejos.

Es un aparato modesto pero confortable. La cabina de pasajeros tiene un diámetro de 1,83 metros y puede ser configurada para un máximo de quince pasajeros en filas de tres, aunque lo normal es usar el espacio para doce personas. La zona se divide en tres áreas:la delantera tiene cuatro sillones reclinables, la central cuenta con seis asientos, una mesa, dos sofás de dos plazas y un banco plegable, y la trasera puede ser configurada como un pequeño dormitorio. Junto a la cabina para los dos pilotos hay una pequeña cocina atendida habitualmente por un auxiliar de vuelo.

La comida a bordo del avión ha sido objeto de polémica, como todo lo que concierne al Falcon 900B cada vez que despega. Tres meses antes de perder el poder, el Gobierno de MarianoRajoy adjudicó a la empresa Gate Gourmet Spain el servicio de cátering para los aviones del Grupo 45 por un importe de 120.000 euros. La firma ofrece una carta con hasta 145 platos diferentes que tienen que ser solicitados de antemano y en los que no falta de nada. Hay lubina salvaje con verduras y trigo vaporizado, hamburguesa de ternera con foie, salpicón de vieiras y langostinos, paletilla de cordero lechal con salsa demi-glace al romero, ensalada de quinoa con langostinos y una gran variedad de postres. Todo ello regado con un buen cava para hacer más apacible la digestión.

Mantener los aviones no es barato. Pese a que el Gobierno no ha dado datos económicos sobre los viajes de Pedro Sánchez alegando que es secreto oficial, se calcula que el vuelo de un Falcon 900B cuesta unos 5.600 euros por hora, incluyendo el salario del personal, el combustible y el mantenimiento. Según la compañía de vuelos privados Liberty Jet, cada doscientas horas en el aire de una de estas máquinas se llevan 235.000 euros en combustible.

El Grupo 45 mantiene una tripulación y un Falcon preparados para despegar en dos horas todos los días del año, y eso también cuesta mucho dinero. El presupuesto anual para tener a punto todos los aviones del Grupo 45 asciende a casi diez millones de euros. Los aparatos, que realizan una media de 3.900 horas de vuelo anuales, son sometidos a revisiones cada 250 horas en el aire o cada cuatro meses, una frecuencia mayor que la recomendada por los fabricantes.

Los tres Falcon adquiridos en 2003 costaron a las arcas públicas 76 millones de euros

Pese a estas cifras millonarias, no es fácil resistirse a la tentación de probar los placeres de la buena vida. Contemplar un atardecer entre las nubes con una copa de cava en la mano, un trozo de lubina salvaje en el tenedor y espacio para estirar las piernas tiene que ser una experiencia inolvidable por mucho que los gobernantes que la han probado se hagan los olvidadizos cuando pasan a la oposición. Desde que llegó al poder, Pedro Sánchez ha usado el Falcon 900B para viajar a Castellón, donde acudió a un concierto en el Festival Internacional de Benicassim y, de paso, mantuvo un par de reuniones vagamente oficiales. En su respuesta a una pregunta del PP, el Gobierno aseguró que este viaje había costado 282,92 euros.

Un avión con demasiados achaques

Cuando el Gobierno de José María Aznar adquirió en 2002 los Airbus A310, ambos aviones ya tenían veinte años de antigüedad. Para convertirlos en un transporte digno de personas importantes fue necesario someterlos a una amplia remodelación que hizo que acabaran costando más que si hubieran sido adquiridos de primera mano. Cada aeronave está dotada de un sistema de comunicaciones seguras, dos salas de reuniones, 62 plazas de primera clase y una cabina de autoridad con despacho, cama de matrimonio y un baño con ducha. Tienen una autonomía de doce horas de vuelo y 9.600 kilómetros de distancia. Por si acaso, también cuentan con un sistema electrónico para localizar misiles y desviarlos.

Uno de los dos Airbus A310 está reservado para la Familia Real. El otro lo comparten los monarcas con los miembros del Gobierno. Los aviones sustituyeron a los viejos Boeing 707 que se empleaban desde los años 80. Sin aire acondicionado, ni aislamiento y con un ruido atronador, las aeronaves acumulaban un largo historial de incidentes y no hubo más remedio que darles el finiquito. La comodidad y seguridad de los viajeros mejoraron con la llegada de los nuevos aparatos, pero tampoco se han visto libres de problemas.

Cuando en 2003 comenzaron a volar para el Ejército del Aire, se estimó que la vida operativa de los A310 sería de otros 25 años. A los aviones les queda aún mucho por delante y mejor que sea así porque, pese a que en algunas ocasiones se ha llegado a plantear la renovación de la flota, ningún gobierno ha dado el paso de comprar nuevos aparatos. En estos tiempos que vivimos no sería una decisión muy popular.

A su edad, los aviones no están libres de achaques, como se vio hace unos seis años. Entre noviembre de 2013 y agosto del 2014, los aparatos del Grupo 45 –los Airbus y los Falcon– sufrieron seis averías durante viajes oficiales. La primera se produjo el 25 de noviembre de 2013, cuando el fallo de un sensor en un A310 obligó al entonces príncipe Felipe a cancelar una visita oficial a Brasil. A partir de ese momento los incidentes se desencadenaron.

En enero de 2014 el Airbus que trasladaba al príncipe de la República Dominicana a Honduras tuvo que regresar a su punto de partida para comprobar el buen funcionamiento de sus circuitos eléctricos. Dos meses después, el Falcon en el que viajaba Mariano Rajoy desde Dublín a Madrid sufrió una incidencia técnica poco después de despegar y volvió al aeropuerto irlandés. Quince días más tarde, un fallo en el sistema de reversa de un motor obligó al piloto que tripulaba el Airbus donde viajaba la reina Sofía a abortar el despegue. En abril, el A310 del rey Juan Carlos I sufrió una avería entre Emiratos Árabes y Kuwait y en agosto el mismo avión tuvo problemas en una escala en Abu Dabi con el ministro de Exteriores José Manuel García-Margallo a bordo.

Ninguno de estos incidentes fue especialmente preocupante. Esa fue al menos la versión oficial, pero lo que nadie ha revelado es qué pasa por la mente de los VIP cuando su avión oficial inicia la maniobra de despegue. Quizá reviven su existencia, rezan una oración o cruzan los dedos. Quizá piden una copa de cava.

José Luis Rodríguez Zapatero recibió las críticas de Mariano Rajoy por utilizar el Falcon 900B para protagonizar mítines del PSOE y acompañar a sus hijas a Londres, pero cuando el PP llegó al poder el propio Rajoy viajó en el avión a un acto electoral en Vigo. El presidente popular también usó la aeronave para acudir a un congreso del PP europeo en Berlín, para participar en varios mítines en Baleares y para ver en Polonia, junto a cinco colaboradores, el debut de España en la Eurocopa. La cena en el vuelo de regreso costó mil euros. Y es que nada hay más gratificante que terminar un duro día de trabajo con una copa en una mano y en la otra un tenedor que en este caso no pinchaba lubina sino rodaballo. Es lo que tiene el poder. Sabe mejor entre las nubes.