Los asexuales salen del armario

«No tenemos un problema sino otra forma de vivir la sexualidad», reivindica una mujer. /R.C.
«No tenemos un problema sino otra forma de vivir la sexualidad», reivindica una mujer. / R.C.

Millones de personas no sienten deseos eróticos hacia nadie. Dicen que no se pierden nada

JAVIER GUILLENEA

A Lucía Lietsi se la ve bien. Tiene amigos, disfruta de una buena salud física y mental y no se enfrenta a más problemas de los habituales. «Yo me siento muy plena, en mi salsa. Soy feliz así», dice. No se queja de la vida aunque haya quien piense que tiene motivos de sobra para hacerlo. Es que Lucía no siente ningún tipo de atracción sexual hacia los demás, nunca ha tenido el deseo de mantener relaciones íntimas con nadie. Es asexual.

No siempre lo ha sido o, mejor dicho, no siempre lo ha sabido, porque lo de la falta de interés le viene de toda la vida. «Desde muy pequeñita veía que las niñas se interesaban por los compañeros de clase pero yo no sentía eso. Me lo tomé con calma y no me preocupé, pensaba que ya llegaría el momento, pero en la adolescencia seguía así y sufrí muchísimo».

Se dijo que su problema era que no encontraba a la persona adecuada y se esforzó por hallarla. Conoció a chicos de los que se enamoró pero a la hora de la pasión desenfrenada aquello era un desierto para ella. Pensó entonces que quizá era lesbiana y lo intentó con mujeres pero con los mismos resultados. No había manera. No se sentía sexualmente atraída por nadie.

Tuvo varias parejas, «hombres que tenían toda la paciencia del mundo» y a los que amaba. Sin embargo, siempre chocaba con el mismo muro. «Después de una relación sexual yo me sentía mal, como si no hubiera estado presente en ese momento, era algo que me dejaba un poso desagradable», recuerda. «Acabé abandonándolos porque no quería perjudicarlos, prefería decirles que lo nuestro no iba bien a contarles la verdad».

«El hecho de que su deseo no se oriente hacia nadie no les causa malestar»

Tampoco es que ella supiera muy bien cuál era la verdad. Lo único que sabía era que nunca había deseado a aquellos hombres y desconocía la razón, lo que resultaba muy inquietante. Si no era heterosexual ni homosexual, ¿qué diablos era? Esa pregunta es la misma que ha atormentado en todo el mundo a millones de personas que han pasado parte de su vida buscando una identidad, intentando hallar un nombre para lo suyo porque, como dice Lucía Lietsi, «algo que no tiene nombre no existe». Y ellos, los asexuales, sí existen.

El psicólogo Anthony Bogaert publicó en 2004 un estudio en el que llegaba a la conclusión de que el 1% de los británicos no sentían atracción sexual hacia ninguna persona. Una vez extrapolado, este porcentaje significa que en todo el mundo hay 70 millones de asexuales. Es gente, explica Natalia Urteaga, de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (ISEP), que «siente atracción hacia otras personas, que ama, que se excita y tiene placer pero no siente ningún deseo erótico hacia los otros».

En España la puerta del armario se abrió en 2016. Hasta ese año «no había asexuales», asegura Pablo Ortiz, presidente de la Asociación Catalana de Asexuales (ACA). Y no los había porque «ninguno se atrevía a decirlo». «Contactaban entre ellos en las redes sociales, donde utilizaban perfiles falsos para que nadie los identificara y acudían a encuentros secretos donde cada uno contaba su experiencia». Vivían «en la clandestinidad», con miedo a que les tachasen de enfermos.

Un anuncio televisivo de Flex dio en 2016 a los asexuales la visibilidad que buscaban para reivindicarse como los representantes de la cuarta orientación sexual, al mismo nivel que los heteros, los homos y los bisexuales. El 'spot', en el que Lucía Lietsi, Pablo Ortiz y otras dos personas hablaban con naturalidad de su orientación, sacó a la luz del día una realidad que hasta ese momento había permanecido en la sombra.

«No es un trastorno»

Pablo Ortiz no oculta su incomodidad cuando se le pregunta si cree que la asexualidad es un trastorno. Por un momento parece que va a colgar el teléfono pero solo es un espejismo. «Sí me molesta que lo pregunten», reconoce. Está cansado de que pongan en duda su orientación, «de que la cuestionen», de que se considere a los asexuales como a enfermos mentales que necesitan atención psicológica, que es lo que le ocurrió en un estudio de radio durante una entrevista. «Allí mismo me intentaron diagnosticar fobia a los genitales», recuerda.

Quizá la asexualidad se ha hecho más visible pero eso no significa que haya dejado de ser una gran desconocida. «En la calle he oído de todo, dicen que estamos negando la realidad, que tenemos una enfermedad o que somos homosexuales pero no lo aceptamos», se queja Pablo Ortiz. Y lo malo es que en algunas consultas de salud mental la situación no mejora. «A una amiga de Barcelona que no sabía que era asexual el psicólogo le dijo que lo que tenía que hacer era salir a la calle y acostarse con el primero que viera», denuncia el presidente de la ACA.

«En ocasiones se ven sometidos a tratamientos que equivalen a las terapias de conversión que se aplicaron a las personas homosexuales para ser heterosexuales, y cuyo resultado tiene graves consecuencias para la salud mental y física», afirma Martina González Veiga. Para esta psicóloga y sexóloga, el desconocimiento de lo que es la asexualidad hace que «se confunda con problemas, dificultades o desajustes con el deseo sexual». Y de ahí a tratar de encontrar una curación no hay más que un paso. «Se les aplican pautas propias de las dificultades con el deseo sexual, se les prescriben actividades de crecimiento erótico, tratamientos hormonales y otros tipos de medicamentos».

La psicóloga Maribí Pereira, directora de ISEP Madrid, explica que «una patología genera sufrimiento y a los asexuales no les ocurre eso». «En ellos no hay dificultades, el hecho de que su deseo no esté orientado hacia nadie no les causa malestar, no sienten que les falta algo», añade Natalia Urteaga. Como si hubiera escuchado estas palabras, Lucía Lietsi las confirma sin reservas. «Mi libido es perfecta, no tengo problemas físicos ni de interacción sexual, la mayoría no hemos sufrido ningún trastorno o abuso, no tenemos la sensación de que nos estamos perdiendo nada porque no nos hace falta; el sexo es un abanico de posibilidades, tenemos otra forma de vivir la sexualidad».

Si una atención inadecuada puede generar problemas a un asexual, también puede suceder lo mismo con quienes creen que lo son sin serlo. Por este motivo, Maribí Pereira se muestra partidaria de que «los psicólogos conozcan la historia de sus pacientes antes de etiquetarlos para descartar traumas, abusos, depresión o estrés, porque a a veces te dicen que eres asexual y lo que te ocurre es que quizás has perdido la libido por algún motivo». «Para definir a alguien -recalca-, el terapeuta tiene que indagar profundamente». De lo contrario, se corre el riesgo de dejar a un paciente sin diagnóstico y con más dudas de las que traía al acudir a un especialista.

Lucía Lietsi no duda. Se sintió aliviada cuando descubrió en internet que lo suyo tenía un nombre y ahora es feliz, aunque aún tiene que dar explicaciones a quienes no entienden cómo se puede vivir sin sentir atracción sexual. Se ve obligada a repetir que es una persona completa y que no echa nada de menos. Javier León, que también apareció en el anuncio de Flex, lo expresa con otras palabras. «Hay muchos que dicen que la sexualidad es lo que determina el ser o no ser pareja, pero resulta absurdo y casi ofensivo pensar así. Se puede amar intensamente a una persona o tener una relación de pareja estable y duradera sin necesidad de relaciones sexuales. Digámoslo abiertamente, no pasa nada. Se puede, es posible y también hermoso y verdadero».

Más de diez millones en China bajo presión social y familiar

La asexualidad no tiene fronteras ni entiende de culturas, aunque en algunos lugares está peor visto que en otros. En China, donde las autoridades están preocupadas por la crisis demográfica generada por la política de hijo único, los 10,8 millones de asexuales que se estima que existen en el país sufren una creciente presión por casarse y tener descendencia.

Es una presión que afecta más a las mujeres. Según una encuesta realizada en 2015 entre asexuales chinos, el 80% de los encuestados indicó que su sexo es femenino y la mayoría de ellas contaba con educación universitaria. Su falta de deseo sexual las conduce a la estigmatización porque se las considera una amenaza para la armonía matrimonial y la estabilidad social.

A pesar de ello, los asexuales luchan por hacerse ver en China a través de internet. Aplicaciones populares en el país como Zhihu, WeChat y QQ tienen comunidades de asexualidad en las que sus miembros pueden contarse por decenas de miles.

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