La abuela del mundo era su hija

Jeanne Calment, homenajeada cuando supuestamente tenía 120 años. / reuters
Jeanne Calment, homenajeada cuando supuestamente tenía 120 años. / reuters

Científicos rusos cuestionan la identidad de la francesa Jeanne Calment, supuestamente fallecida a los 122 años. Según ellos, tenía 99

PASCUAL PEREA

La edad de la persona más longeva del mundo con permiso de Matusalén, de quien el Antiguo Testamento aseguraba con escasa credibilidad que vivió hasta los 969 años, comienza a ser tan cuestionada como la del patriarca bíblico. La francesa Jeanne Calment falleció en Arlés en 1997 a los 122 años y 164 días. Su muerte, de la que se hizo eco la prensa de todo el mundo, la situaba como la abuela del mundo, a gran distancia del resto de ilustres centenarios.

Pues bien, esta marca ha sido puesta ahora en duda por los gerontólogos rusos Valeri Novoselov y Yuri Deigin, director de una empresa dedicada a retrasar la vejez, que, tras investigar su caso, han llegado a la conclusión de que es un fraude. Según sus sospechas, quien murió en Arlés el 4 de agosto de 1997 no fue Jeanne Calment sino su hija Yvonne, y la fallecida no tendría, por tanto, 122 años sino 'apenas' 99.

La razón del engaño estaría en algo tan humano como es escamotear el pago de impuestos. Según defienden los científicos, cuando la auténtica Jeanne falleció en 1934 su hija decidió suplantar su identidad para ahorrarse el abono de las tasas por la herencia, y así habría seguido desde entonces. El paso de los años la convirtió en una auténtica celebridad, primero en Francia y luego en todo el mundo, y atrapada por su propia mentira se habría visto incapaz de desvelar la verdad.

Anomalías sospechosas

Los gerontólogos rusos basan sus conclusiones en el análisis antropométrico y fisiológico, a partir de fotografías, de las dos mujeres. Uno de sus argumentos se centra en la estatura. Jeanne, más baja que su hija, medía 152 centímetros en los años treinta; sin embargo, cuando supuestamente contaba 114 primaveras, tallaba exactamente metro y medio. Encoger apenas dos centímetros después de una larga vida les parece poco verosímil.

A su favor juega también la sorprendente vitalidad de la anciana, que incluso bordeando supuestamente la barrera de los cien años andaba en bicicleta, fumaba ocasionalmente y se declaraba adicta al chocolate. «Creo que Dios se ha olvidado de mí», solía esgrimir como argumento de su longevidad; pero tal vez habría que buscar una causa más terrenal del 'milagro'.

Esta teoría, en cualquier caso, sólo podría probarse si se permite la exhumación de ambos cuerpos, enterrados en el cementerio de Trinquetaille. Algo que la familia rechaza de plano. «No se molesta a la gente así, hay que dejar a las personas en paz cuando están enterradas», zanjaba ayer Martine, prima segunda de la difunta, de 68 años, que también vive cerca de Arlés. Recordaba a Jeanne como «una abuela chispeante, viva y muy divertida» y se indignaba ante la idea de que fuera una impostora. «Es una aberración. Nunca oí hablar de ese tipo de cosas en la familia».

 

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