Tres cortejos para la noche del mayor luto

Dos policías locales vestidos de gala reciben el paso del Santo Sepulcro a su salida, el viernes por la tarde, de San Bartolomé. / Vicente Vicéns / AGM
Dos policías locales vestidos de gala reciben el paso del Santo Sepulcro a su salida, el viernes por la tarde, de San Bartolomé. / Vicente Vicéns / AGM

Servitas, Sepulcro y Misericordia celebran sus procesiones con algunas de las más valiosas obras de la Semana de Pasión

A. B.MURCIA

Sobre un calvario de rosas desfiló en la nazarena noche del Viernes Santo. Cientos de rosas blancas a sus pies, sobre las que parecía descansar el cuerpo ya muerto de Cristo. Cuando aún retumban en las calles los ecos de los tambores entelados de la Cofradía de Jesús, cuando aún parece escucharse la algarabía de carros bocina, como si la ciudad aún reclamara más obras del genial escultor en las plazas, los murcianos portan desde San Bartolomé una de las más espléndidas obras que imaginara aquella gubia legendaria. Es la Virgen de las Angustias, tallada en 1739 y que preside la primera de las tres cofradías que cada Viernes Santo en la noche recorren el itinerario nazareno.

Tres instituciones inundaron la noche de devoción, arte y nazarenía en la penúltima estación de penitencia de esta Semana Santa. La primera de ellas, la Cofradía de Servitas atesora uno de los más bellos grupos escultóricos que tallara Salzillo, la Virgen de las Angustias, que inauguró el itinerario nazareno desde San Bartolomé después de su espectacular salida de la parroquia. Junto a la Virgen, el Ángel Servita con su corona de espinas.

Como cada Viernes Santo al atardecer, miles de murcianos se congregaron en la carrera para admirar uno de los cortejos más antiguos de la Semana Mayor, el que antes llenara de Pasión el Domingo de Ramos. Sus estantes vistieron la túnica negra para alzar sobre la noche estrellada los más de mil quilos que pesa este excepcional trono.

Apenas pudieron recobrarse de la emoción las miles de personas que contemplaron a Las Angustias cuando le llegó su turno a la Cofradía del Santo Sepulcro, la que convoca la remota procesión del Santo Entierro, que siempre fue el desfile pasionario oficial de la ciudad y que reunió en su presidencia a delegaciones de todas las cofradías murcianas. Y si la Piedad servita se considera una obra cumbre de la imaginería murciana, lo mismo sucede con el Santo Sepulcro que tallara González Moreno, un auténtico velero nazareno.

Arte sobre arte. Cinco pasos propuso el Sepulcro, encabezados por el Cristo de Santa Clara la Real, la Virgen de la Amargura, que también lució flores blancas, San Juan y la bellísima Soledad que cierra el cortejo.

La tercera cofradía volvió a colmar de Pasión el castizo barrio de San Antolín. Porque desde aquella parroquia inicia su estación de penitencia pues las obras en su sede, que es la iglesia de San Esteban, le impiden salir a las calles desde allí.

Este desfile, al que desde siempre se le llamó el de los pavos, por la combinación de colores de sus túnicas, arrancó su marcha con una bella talla de Jesús Nazareno, obra de Roque López, al que siguió el titular de la institución, el Santísimo Cristo de la Misericordia que tallara Domingo Beltrán a finales del siglo XVI. A esta imagen, una de las más valiosas de la Semana Santa, se sumó el Descendimiento, de José Hernández Navarro, y Nuestra Señora Madre de Misericordia, sagrada talla de José Sánchez Lozano. Con ella concluía la Pasión murciana en la tarde del Viernes Santo.

 

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