Hasta setenta y cinco veces Rescate

Procesión del Rescate en Murcia./Nacho García / AGM
Procesión del Rescate en Murcia. / Nacho García / AGM

La Hermandad de Esclavos celebra su aniversario en una tarde de primavera

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍASMurcia

Siete en punto de una tarde de espléndido sol a la puerta de San Juan Bautista. Los murcianos celebran en las calles la llegada, esta vez parece que de forma definitiva, de la primavera que salpica de diminutas hojas los recios troncos de las moreras. Miles de personas inundan las terrazas de los bares del centro y los veladores levantan sus paredes de plástico. Una brisa suave esparce el aroma a azahar de los naranjos que blanquean como las capas de los nazarenos del Rescate.

Siete en punto de la tarde y crujen las bisagras de esta parroquia donde cada primer viernes de marzo se reúnen miles de devotos para celebrar el besapié de Nuestro Padre Jesús. Pero en esta tarde lo hacen para ver cómo inicia su estación de penitencia la Hermandad de Esclavos del Rescate y María Santísima de la Esperanza, que celebra su 75 aniversario desde que en 1943 fuera fundada en el mismo templo.

Por la esquina de la calle Correos se adivina el estandarte deMaría Santísima

El Cautivo no arranca su caminar el primero, pues antes anuncia y prologa su llegada la Cruz Guía que creara Vicente Segura y que 30 portapasos, que en esta cofradía no los llaman estantes, soportan sobre sus hombros. Sobriedad en el desfile, recogido y sin reparto de caramelos, por instantes silencioso, de rostros tapados con capirotes morados.

Y resuenan entonces en la plaza, sobre la que parece condensarse la esencia del universo nazareno, el susurro de cientos de oraciones, de plegarias que nadie dirige a una talla de madera, sino a lo que representa, y también se derraman las primeras lágrimas de otras muchas que llenarán los ojos de los penitentes de una procesión que cuaja Murcia de una estética distinta.

Por la esquina de la calle Correos se adivina el espléndido estandarte de María Santísima de la Esperanza, que abre el camino a su hijo, prólogo iluminado de la expresión dulce y serena de Jesús, al que llevan maniatado, al que escupen camino del Calvario, al que insultan aquellos que no respetan a quienes encuentran en él su consuelo, cuando se apaga toda luz en la plaza, entre oraciones, saetas y cánticos que proclaman que «el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos». En este pasaje bíblico se cimenta toda la procesión que el Martes Santo murciano discurre desde San Juan. Avanza el cortejo, sorprendido por el atardecer que se abate sobre calles repletas de público. Parecía, según algunos advirtieron, que el sol se empinaba entre las alejadas nubes del ocaso para saborear un instante más el caminar de los Esclavos. Bien mecido, disponiendo sus paradas la campana instalada sobre las varas delanteras, a muchos cautivó a su paso frente al imafronte de la Catedral, uno de los más bellos lugares para disfrutar de este desfile.

El pulso teñido de incienso a la puerta de San Juan, repleta y expectante ante la recogida, el crepitar de las velas y el aroma a cera virgen componían un retablo de fervor y tradición que un año más, y ya se cuentan por 75, propusieron en las calles murcianas una improvisada Vía Dolorosa de túnicas blancas y moradas.