Fervor frailuno y rigor para el Cristo de la Fe

El Cristo de la Fe, a su salida desde la parroquia de San Francisco de Asís, en la plaza Circular. /E. Botella
El Cristo de la Fe, a su salida desde la parroquia de San Francisco de Asís, en la plaza Circular. / E. Botella

La cofradía que parte de los Capuchinos inauguró la tarde del sábado con sus tradicionales túnicas franciscanas. Junto al Crucificado de ojos azules desfiló Santa María de los Ángeles en un recogido desfile

Antonio Botías
ANTONIO BOTÍAS

Tanta es la caridad frailuna de estos hermanos de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Fe, aquellos que portan al Señor de ojos azules, que apenas se nota su paso por las calles más ajetreadas en el primer sábado de la Semana Santa. Sin notarse, como pidiendo permiso para cruzar la Redonda, comienza el cortejo rumbo al corazón de la ciudad, en tarde de sol y buena temperatura, tarde de primavera murciana. Cortejo sencillo y de túnicas frailunas, de color marrón, que arropan a un Crucificado de Antonio Dorrego.

El primero de los desfiles del sábado, como el viernes sucediera con la procesión del Amparo, inicia el recorrido bajo las nubes que, pese a todo, comienzan a levantarse por el horizonte. Una multitud de fieles arropan la carrera al paso del Cristo, sin policromía alguna, mientras se adentra en la avenida Alfonso X el Sabio. Es una tarde de compras apresuradas y disfrute para quienes estrenan vacaciones. Pero también de fervor para cuantos han visto crecer su fe desde que la institución se fundara en 1999.

En la procesión no se reparten caramelos ni es necesario, por la duración de su paso, utilizar las sillas para verla. Túnicas de fraile de color marrón y cíngulo blanco al lado derecho, como lo vistió San Francisco, componen el atuendo del nazareno de la Fe, único en el panorama cofradiero. Sobre unos cojines, los símbolos de la Pasión son portados por niños que, con marcialidad, van dando pasitos ante el trono.

La imagen de Yuste

La procesión parte en su horario exacto, como cada año, sin retrasos y mientras al otro extremo de la ciudad la Cofradía de la Caridad prepara su incipiente desfile, que partió también más tarde desde el templo reparador, que así se llama, de Santa Catalina. Allá, en su puerto, resuenan las bocinas mientras el Cristo de la Fe ya retorna hacia el colegio desde donde inicia su estación de penitencia.

Junto al Crucificado, Santa María de los Ángeles, también advocación única en la Semana Santa murciana, le acompaña en su caminar por la urbe. Al caer la tarde se torna el tiempo más desapacible mientras el aroma a incienso se mezcla con el bullicio que ya despierta, por las próximas cenas, en los bares del centro y en algunas terrazas.

La Virgen, obra de Antonio Jesús Yuste, se incorporó al cortejo en el año 2014. Y en tan poco tiempo son muchos los murcianos que en sus manos abiertas depositan su devoción cada víspera de la Domenica de Ramos. Espectacular imagen ante la que muchos se sorprenden, por desconocer siquiera su existencia. Luego, casi al concluir la procesión ante Capuchinos, las dos tallas protagonizan un breve encuentro de gran emotividad y belleza. Y se celebra con la misma sencillez que impregna todo el cortejo.