Un pueblo rendido a Jesús

El Pueblo Hebreo rodea la imagen de Jesús que recreó la entrada triunfal en Jerusalén, pese al chaparrón que cayó de forma incesante durante unos instantes./Paco Alonso / AGM
El Pueblo Hebreo rodea la imagen de Jesús que recreó la entrada triunfal en Jerusalén, pese al chaparrón que cayó de forma incesante durante unos instantes. / Paco Alonso / AGM

Los hebreos desfilaron sin turbarse por un nuevo conato de aguacero. La Virgen de la Soledad, que presidió el cortejo de Domingo de Ramos, tuvo que refugiarse bajo una carpa, reanudando su recorrido poco después

INMA RUIZ LORCAPILAR WALS Lorca

'Me esperaban como a lluvia, y abrían su boca como a lluvia de primavera', Job 29:23. Un aguacero irrumpió anoche en la procesión de Domingo de Ramos durante apenas unos minutos. Nadie se inmutó y el desfile continuó desafiando a la lluvia. Fue un nuevo contratiempo que los procesionistas encararon sin turbarse. El público, conmovido, aguantó estoicamente y aplaudió el desafiante gesto del Paso Blanco, que continuó la procesión como si nada estuviera ocurriendo. Los blancos rodearon la imagen de su patrón, San Juan Evangelista, que fue portado a hombros con su característico paso, que no se vio alterado en ningún momento.

Los costaleros sentían el calor en su recorrido con gritos de ánimos y vivas que se repetían una y otra vez. Y hasta la Luna quiso sumarse a la emotiva escena esquivando las escasas nubes que cubrían el cielo estrellado. La recogida se convirtió en una de las más multitudinarias de cuantas se recuerdan.

Nadie quería separarse de San Juan y a duras penas el trono podía avanzar para adentrarse en el conjunto monumental de Santo Domingo. Ya en el interior, los gritos de vivas continuaron hasta hacerse casi eternos. Algunos costaleros no pudieron evitar la emoción contenida y derramaban lágrimas mientras se abrazaban y miraban a lo más alto como queriendo dar gracias.

El público de la carrera principal animó el paso del cortejo, que no cesó en ningún momento

El desfile blanco se vio sorprendido cuando los carros transitaban la carrera principal. Continuaron con sus lances al galope. A algunos jinetes les fueron retirados sus mantos, que quedaron a buen recaudo. Mayordomos que estaban viendo el desfile se lanzaron a la arena para ayudar a quitar algunos de los enseres.

Y mientras, los figurantes ataviados a la usanza de Israel de hace más de dos mil años, la estampa que caracteriza la procesión del Domingo de Ramos, continuaron su recorrido. Solo se retiraron los más pequeños, que más tarde volvían a incorporarse al cortejo. El pueblo hebreo, icono del Paso Blanco, rodeó a Jesús, lo aclamó y lo acompañó alegre en su entrada triunfal en Jerusalén portando palmas y ramas de olivo.

Jesús iba discreto en su borrica, escoltado por sus fieles apóstoles, que entonaban el cántico del himno 'El Dios de Israel', para revivir el pasaje bíblico. Familias enteras vestían vistosas túnicas, unas más clásicas, con manto de terciopelo rematado con grecas de oro, otras en colores tierra y algunas de rayas con chalecos de un solo tono. El grupo de hebreos salió por primera vez en 1885, siendo el primer grupo bíblico en participar en las procesiones. Entonces lo integraban una treintena de personas, pero con el paso de los años se ha convertido en multitudinario.

La Virgen de la Soledad, titular de la Hermandad de la Curia, Paso Negro, que presidía el cortejo de Domingo de Ramos, se vio sorprendida por la lluvia cuando procesionaba por la carrera secundaria a la altura del Teatro Guerra. Se resguardó en la carpa instalada en la calle Poeta Carlos Mellado. Allí permaneció hasta que las previsiones de lluvia se disiparon. Fue entonces cuando retomó su desfile para incorporarse a la carrera principal, aunque previamente también se barajó la posibilidad de regresar a su templo, en la colegial de San Patricio, a través de la secundaria. El público que presenciaba los desfiles fue advertido de que la imagen de Sánchez Lozano cerraría el cortejo de Domingo de Ramos, como es habitual.

 

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