El pueblo hebreo inunda la carrera

El multitudinario pueblo hebreo, con palmas y ramas de olivo, durante la procesión de Domingo de Ramos. / Paco Alonso / AGM
El multitudinario pueblo hebreo, con palmas y ramas de olivo, durante la procesión de Domingo de Ramos. / Paco Alonso / AGM

La caballería de la reina de Saba puso en pie a los espectadores, que poco después quedaron sobrecogidos por la teatralidad del Anticristo Miles de figurantes ataviados con túnicas acompañaron a Jesús en su entrada triunfal en Jerusalén

INMA RUIZ Lorca

Jesús entró triunfal en Jerusalén. El de ayer fue un día grande y de emoción en la carrera para el Paso Blanco. Miles de figurantes ataviados como en la época de Jesucristo se rindieron ante su presencia. La calle se llenó de coloristas túnicas de hebreo, de palmas y ramas de olivo. Familias enteras participaron en esta procesión, gente de todas las edades, como un auténtico pueblo en un alegre y caluroso día de fiesta. Este grupo es el más antiguo de los que participan en la Semana Santa lorquina, salió por primera vez en las procesiones del año 1855 y, para muchos, es el origen de los desfiles bíblico pasionales tal y como los conocemos hoy. 164 años después de su aparición, con apenas 30 personas, ahora es el grupo bíblico más multitudinario de los que participan en la Semana Santa de Lorca.

La espontaneidad es su principal seña de identidad. Es imposible saber de antemano cuantos figurantes van a participar pero, como siempre, la de ayer fue una representación masiva. En medio de esa multitud, se abrían paso los fieles apóstoles de Jesús, que avanzaba en su borrica. Caminaban cerca de él entonando la letra del himno del pueblo hebreo 'Dios de Israel'.

La parte hebrea de la procesión blanca también estuvo representada por la caballería de las tribus de Israel. El rey Salomón desfiló sobre una biga y lució su manto verde rematado con una greca compuesta por bordados de personajes de la corte. El manto incluye un medallón central que reproduce a Salomón tal y como sale en la procesión, en una especie de juego óptico. Este personaje es de los más antiguos del cortejo blanco, en el que participa desde 1863.

33 esclavos abisinios

Tras la caballería de las mujeres del rey David y el carro del faraón Siamón, que este año estrena manto, hizo su aparición la llamativa carroza de estilo egipcio de la reina de Saba, arrastrada por 33 esclavos abisinios a las órdenes de un capataz. El personaje va ataviado con una túnica de raso blanco bordada en oro y sedas con motivos de inspiración egipcia. Destacan las figuras de gansos con alas desplegadas y cola de serpiente, que simbolizan al dios Amón.

La fuerza del cortejo fue en aumento. La caballería de la reina de Saba, en la que destaca la icónica 'capeta del negro', una de las piezas más valoradas de la cofradía, puso a la grada en pie. Los jinetes hicieron un alarde de doma de alta escuela con 'levantadas' de los magníficos ejemplares, todos de color negro, para que el resultado fuera espectacular.

Rostros espeluznantes con oscuras sombras y una cuidada y espectral puesta en escena es la seña de identidad de los demonios del Anticristo que ayer volvieron a sobrecoger al público. A lomos de negros caballos frisones, de pelo largo, los demonios escoltaron la carroza del Anticristo.

Con rostro también espectral, el personaje de la carroza luce el manto más grande de los que desfilan en las procesiones lorquinas. Mide 24 metros cuadrados. Fue diseñado en 1974 por el pintor Manuel Muñoz Barberán y representa un templo quemado por las llamas. Tras la carroza, hicieron su aparición los cuatro jinetes del Apocalipsis caracterizados de forma fantasmagórica; la muerte, la guerra, la peste y el hambre. Los medallones centrales de los mantos datan de 1974.

Cerró el cortejo blanco el trono de San Juan Evangelista, llevado a hombros por casi un centenar de portapasos. La figura del apóstol es una talla del escultor sevillano Antonio Castillo Lastrucci. El patrón de la cofradía luce una túnica verde y un mantolín rojo y, como cada Domingo de Ramos, portó una palma en su mano izquierda. La música que acompañó a San Juan y el ritmo de los portapasos en su discurrir por la carrera fue alegre, en consonancia con el espíritu de la procesión hebrea.

Pero la jornada se inició mucho antes para los blancos. Por la mañana, asistieron a la tradicional bendición de las palmas que tuvo lugar frente al conjunto monumental de Santo Domingo. Poco después, se celebró una misa.

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