La Amargura reinó el Viernes Santo

El trono de la Virgen de la Amargura, titular del Paso Blanco, por la carrera principal en la procesión del Viernes Santo. /Paco Alonso / AGM
El trono de la Virgen de la Amargura, titular del Paso Blanco, por la carrera principal en la procesión del Viernes Santo. / Paco Alonso / AGM

La lluvia sorprendió al cortejo al final del recorrido y los portapasos se apresuraron para poder refugiarse en la iglesia

INMA RUIZ LORCA.

La procesión de Viernes Santo de este año será recordada como la de mayor incertidumbre y angustia de los últimos años porque la amenaza de lluvia fue una constante durante toda la jornada. Las cofradías siguieron con el alma en vilo la evolución del parte meteorológico. Y, cuando todo parecía perdido, el mal tiempo dio una tregua para permitir que el desfile bíblico pasional más esperado de la Semana Santa saliera a la calle. El público se entregó al esfuerzo de sus pasos, que sacaron una procesión más reducida. El Paso Encarnado y el Paso Morado sacrificaron su aparición en el cortejo y la redujeron a una aparición meramente testimonial. Ninguna de sus imágenes religiosas participó en la procesión para acortar su duración. Azules y blancos también eliminaron carrozas y grupos bíblicos y religiosos de sus cortejos para hacer más ágil el recorrido por Juan Carlos I.

El momento más esperado del año para los blancos, ver a la Virgen de la Amargura, majestuosa, en su trono mecido por 133 portapasos, fue también el de más emoción y tensión de los últimos años. A unos metros de llegar a la presidencia, la lluvia comenzó a hacer acto de presencia y los costaleros de la imagen se vieron obligados a apretar el ritmo para evitar que la talla de Sánchez Lozano, así como mantos y palios declarados Bien de Interés Cultural, resultaran dañados por el agua.

La imagen titular del Paso Blanco fue el colofón de una procesión que desafió a la amenaza de tormenta

Los metros finales del recorrido, que se hicieron eternos, se completaron a una velocidad desconocida. El público en las gradas contemplaba la imagen con pesar, mirando al cielo y deseando que la lluvia tuviera piedad con el vulnerable cortejo. Caía agua del cielo, pero también una incesante lluvia de pétalos desde los balcones de la carrera, muestra del cariño y devoción que sienten los blancos hacia su titular. Con el giro de la imagen por la calle Floridablanca para emprender el tramo final, la lluvia volvió a dar una tregua para que el trono retomara su paso habitual. El desconsuelo se tornó en alegría cuando el trono cruzó el umbral de la iglesia, donde esperaban ansiosos cientos de blancos, que pudieron, por fin, respirar tranquilos.

De los balcones de la carrera, cayeron miles de pétalos sobre el trono en señal de devoción

La agrupación musical Virgen de la Amargura comenzó a tocar los sones de la marcha 'Reina de la carrera'. Los blancos congregados en la capilla entonaron la letra y en la frase final: «Madre, ¡qué guapa estás!», se les quebró la voz. Afloraron entonces las lágrimas de los exhaustos portapasos, de mayordomos y cofrades, por la tensión acumulada durante todo el día. Espoleados por el himno 'Guapa', los piropos y aplausos a su Virgen resonaron con más fuerza que nunca en el templo. «¡Viva la que mira al cielo!, ¡viva la reina de los claveles!, ¡viva la Virgen guapa!», no se cansaban de repetir en un acto multitudinario.

El trono de la Amargura no fue el único que tuvo que aumentar la velocidad a su paso por la carrera. También lo hicieron las mujeres portapasos de la Santa Mujer Verónica, que lleva en su manos la Santa Faz bordada en sedas, y el patrón de la cofradía, San Juan Evangelista, que precedían a la Virgen en sus respectivos tronos en andas.

En la procesión del Paso Blanco del Viernes Santo, también formaron parte del cortejo de la Salvación la caballería de la Visión de San Juan, uno de los grupos más emblemáticos de la cofradía, formado por diez jinetes con mantos que representan a personajes como Atila, Mahoma, Alejandro Magno, Nerón y Ciro. Salió por primera vez en 1903 y pone en escena a los poderosos de la tierra, según el Apocalipsis. La alegoría incluyó la aparición de los cuatro jinetes del Apocalipsis, la muerte, el hambre, la peste y la guerra. Desfilaron por primera vez en 1886. Su actual puesta en escena se estrenó en el año 2002 y llama la atención su sobrecogedora caracterización.