Tampoco salió la Vera Cruz

Los portapasos meten en Santa María a la Virgen de la Soledad de los Pobres, después de la Salve, ante decenas de personas. agm/ Pablo Sánchez / AGM
Los portapasos meten en Santa María a la Virgen de la Soledad de los Pobres, después de la Salve, ante decenas de personas. agm / Pablo Sánchez / AGM

La Cofradía Marraja suspende dos desfiles de una misma Semana Santa por primera vez desde finales del siglo XIX, por las tormentas

Antonio López
ANTONIO LÓPEZ

Tristeza, pena y desolación. Eso sentían los marrajos ayer, en palabras de su hermano mayor, Francisco Pagán, cuando a las seis de la tarde fue anunciada la decisión de no sacar tampoco la procesión de la Vera Cruz. Los peores temores se cumplían y, como ya ocurrió el Viernes Santo, tuvieron que suspenderla por culpa de la lluvia. Fue un hecho insólito, ya que desde finales del siglo XIX, según el archivero de la Cofradía, Alfonso Pagán, no ocurría algo similar. «Ha sido una decisión difícil, pero tenemos que mirar por nuestro patrimonio, que es un legado que tenemos que dejar en perfecto estado para las generaciones venideras», dijo Pagán.

Entonces, el pesar se apoderó de los marrajos, que pronto comenzaron a recibir apoyo del resto de hermandades. El dolor recorrió Santa María entre los que allí estaban y entre los que a lo largo de la tarde pasaron por allí. La desolación también se notó en el rectorado de la Universidad Politécnica (en la antigua Casa de Misericordia), desde donde tenían previsto salir las Santas Mujeres, con su trono a hombros por 140 féminas. Allí, miembros de la Agrupación de los Estudiantes, pasadas las seis de la tarde, ya desmontaban tulipas y flores y desvestían a la Virgen de la Soledad de los Estudiantes. Su presidenta, María Remedios Berruezo, dijo sentirse desolada, «porque es la primera vez que no salimos» y porque «treinta chicas» se han quedado sin su estreno.

Pasadas las ocho de la tarde, la Virgen de la Soledad de los Pobres asomó a hombros de sus portapasos al dintel de Santa María, donde había un manto de paraguas. Entonces, más de doscientas personas entonaron la Salve, cuando la lluvia arreciaba. A ello le siguió un estruendoso aplauso durante casi dos minutos y varios «Viva la Virgen». Antes, en el interior del templo, se rezó una oración.