Preparativos y rebujito con marineras

Miembros de la Agrupación de la Santa Cena preparan los platos, para la mesa del trono con los doce apóstoles y Jesús. / pablo Sánchez / agm
Miembros de la Agrupación de la Santa Cena preparan los platos, para la mesa del trono con los doce apóstoles y Jesús. / pablo Sánchez / agm

Decenas de personas abarrotan Santa María para ver los arreglos de los tronos antes del desfile

Antonio López
ANTONIO LÓPEZ

A las seis de la mañana, Kiko Vidal, el florista del San Pedro, ya estaba en el tajo. Desde hace casi dos décadas, es el encargado de renovar el adorno floral del trono para que luzca con esplendor en la procesión de Miércoles Santo. Su trabajo, arduo y denodado, fue uno de los más fotografiados ayer, cuando Santa María de Gracia comenzó a recibir la avalancha de procesionistas y turistas que, a mediodía, pasaban por la iglesia a ver las joyas californias. Muy cerca de él trabajaba Flori González, de la floristería Flori de Los Dolores. Ella fue la encargada de colocar rosas al Prendimiento y la madrina de la Agrupación, Caridad Cuevas, de ponerle la corona al Cristo.

Procesionistas, vecinos y turistas llenan bares y restaurantes del casco antiguo al mediodía, y desde media tarde hasta entrada la madrugada

A esas horas, el ritmo en el templo de la calle del Aire era frenético, no solo por las decenas de visitantes que se agolpaban en el pasillo central, sino también por la labores de arreglos que cada agrupación hacía en sus tronos. Para que todo ello saliera a la perfección, el mayordomo de Iglesia de la Cofradía, Manuel Hernández Carrasco, se encargó de organizarlo. «Todos se arreglan aquí y horas antes de la salida del desfile se les da los últimos retoques», contó.

De la Virgen del Primer Dolor se encargó la floristería San Francisco, que siempre deja el frontal para ponerlo momentos antes de la salida, «para sorprender», añadió Hernández Carrasco. Del Santísimo Cristo de la Flagelación se ocupó Juan de Dios Sánchez, de la Floristería Oasis. En lo alto del trono, y mientras la iglesia estaba abarrotada, realizaba los últimos retoques, «para que salga perfecto», dijo.

Las calles Puerta de Murcia, Honda, Mayor, Cañón y Jara fueron las más concurridas

Uno de los momentos que más llaman la atención el Miércoles Santo por la mañana es la preparación de la Santa Cena. De vestir con las túnicas a los apóstoles se encargó Pedro Pena, mayordomo rector, y del resto y de preparar la mesa, el presidente de la Agrupación, Manuel Ponce, y su equipo. En esta ocasión, las doradas que lucieron en la mesa fueron donadas por la Cofradía de Pescadores de Cartagena, al igual que las dos corvinas. El primer plato fue preparado por el restaurante Columbus y el segundo, por el Grupo Casa Tomás. El tercero fue un asado de cordero, regalado por los hermanos de la agrupación y cocinado por D'almansa.

Plaza Juan XXIII

Este ambiente también se vivió por el casco antiguo. La mayoría de bares y terrazas que copan los recorridos de los desfiles pasionales registraron llenos, en un día en el que por fin se vivió la Semana Santa cartagenera plenamente desde media mañana hasta bien entrada la madrugada.

Una de las zonas con más gentío fue la Plaza de Juan XXIII, donde los niños pudieron gozar desde primera hora de la mañana de los juegos infantiles, mientras que sus padres disfrutaban de cervezas, regrescos y rebujitos en los bares de la zona. También hubo ambiente en las calles Puerta de Murcia, Honda, Mayor, Cañón y Jara.

En esta última, sentados en la terraza del bar La Uva Jumillana estuvieron Carlos Quevedo, Lola Sáez, Jorónimo, Sofía y Manuel Sánchez, Antonio Morales, Juan Antonio Martos y María Dolores García, de la Agrupación de Granaderos (Californios). «Estamos tomando un aperitivo, compuesto entre otros pinchos por marineras. Después iremos a comer. Aunque no tenemos reservado, algún sitio encontraremos. Estamos cargando fuerzas para la procesión de la noche», dijo Antonio Morales.

Muy cerca de allí, en la Bodega La Fuente, estuvo otro grupo de amigos compuesto por Carlos, Pitu e Ikeko Flórez, Marta López y Luis Suárez, que cada Semana Santa se juntan a tomar el aperitivo, para «tardear después por el centro antes de ver el desfile», dijo el último de ellos.

Una de las áreas con más aglomeraciones fue la Puerta de Murcia y la Plaza San Sebastián. Pasear sin tener que sortear ciudadanos se hizo difícil. Unos aprovechaban para hacer compras en los comercios y otros para reservar las sillas de las procesiones, que ya estaban puestas en el recorrido desde las diez de la mañana.

En otras plazas, como la del Rey, los hosteleros también pudieron sonreír, sobre todo a la hora de la comida. Hacia las dos de la tarde, conseguir una mesa libre en los establecimientos se hizo complicado, igual que por la noche. También en la de San Francisco hubo ambiente, como en los bares de la calle Campos. En uno de los establecimientos descansaban Abraham Mármol, Susana Carretero, Alejandro Miralles, Rafael Sánchez y Jesús Hernández. Los bares, restaurantes y cafeterías fueron los grandes beneficiados de la jornada durante el mediodía y la noche. Fueron los dos momentos en los que más afluencia de clientes registraron.