Manto de flores para la Caridad

Dos niñas, vestidas con el traje típico y con sus ramos de flores en las manos, camino de la basílica, durante la ofrenda a la Patrona./pablo Sánchez/ AGM
Dos niñas, vestidas con el traje típico y con sus ramos de flores en las manos, camino de la basílica, durante la ofrenda a la Patrona. / pablo Sánchez/ AGM

Un millar de personas toma parte en un desfile más corto y monótono que otros años por la pérdida de participantes y de dos bandas

Eduardo Ribelles
EDUARDO RIBELLES

Los bailes de los Coros y Danzas de Los Dolores y de la Cuadrilla de La Aljorra, las fanfarrias de la Banda de Cornetas y Tambores de Fuente Cubas y los gaiteros de Sauces fueron este viernes puntos fuertes de la ofrenda floral a la Caridad. También la elegancia rural de la Hermandad de Romeros de San Ginés de la Jara, el entusiasmo de la Asociación de Mujeres del Ensanche Almarjal y la singularidad del vestuario de los vecinos de Santa Lucía, Los Dolores y La Puebla estuvieron a la altura. Pero la impresión general del público asistente es que el desfile resultó menos animado y concurrido, así como más corto que otros años. Personal que vigilaba su desenlace, e n la iglesia, compartió ese parecer.

La Agrupación Socio Cultural Educación y Descanso fue la primera en salir en comitiva, a las cinco de la tarde desde la Plaza del Ayuntamiento, seguida por los representantes de la Corporación Municipal. A continuación, partieron otros 52 grupos festeros, vecinales, de mujeres, de mayores, culturales y musicales, cada uno con un atuendo característico fiel a la tradición de su barrio. Un millar de personas participó en el evento.

No faltaron las cofradías Marraja, California y del Resucitado, la Federación de Tropas y Legiones de Carthagineses y Romanos, ni la representación del Carnaval. Tampoco Cáritas Diocesana, que estuvo entre los grupos con un mayor número de participantes. Pero la ausencia de dos de las bandas musicales que habían confirmado su participación hizo que la sucesión de grupos con preciosos ropajes, trabajados complementos y hermosos adornos floreados fuera algo más monótona que otros años.

El recorrido previsto les llevó por las calles Mayor, Puerta de Murcia, Carmen, Sagasta, Santa Florentina y Parque, hasta llegar por la Serreta frente a la Caridad. Dentro del templo, cada sección quiso demostrar su devoción a la Virgen de una manera distinta. Por ejemplo, la Asociación de Mujeres del Ensanche Almarjal cantó una salve, que recibió el acompañamiento por parte de quienes acudieron a ver, sentados en el interior del templo, el paso de los diferentes grupos para honrar a la Caridad.

Menos animación

En esta ocasión, la basílica estuvo concurrida pero no tan llena como otras veces. Tanto dentro como en la calle, las habituales dificultades para moverse entre los asistentes fueron menores que en años anteriores. Sin embargo, la afluencia fue suficiente para mantener un buen nivel de clientela en los bares del recorrido, en especial en el entorno del Icue y en la confluencia de la calle Santa Florentina con Parque.

Pese a todo, a la iglesia llegaron flores más que suficientes para engalanar los espacios habilitados dentro y fuera. La Caridad recibió claveles, rosas, petunias, margaritas y gitanillas, en ramos, en coronas, en cestas y en varios formatos más. Operarios del Ayuntamiento recogieron las flores en la puerta para colocarlas en torno al corazón rojo sobre fondo blanco, asaeteado por puñales, que ya había sido preparado por los floristas, a la derecha de la puerta del templo. Lo mismo hicieron, en el lado izquierdo, con el anagrama de la Virgen María, con sus iniciales trazadas finamente en azul sobre un tupido tapiz de flor blanca.

«Nosotros, como buena agrupación de campo que somos, le hemos traído también productos de la huerta», explicaba uno de los miembros de la Hermandad de Romeros de San Ginés, que dejaron, junto a las ofrendas de otras asociaciones dispuestas en la nave de la basílica menor, una cesta con coliflores, berenjenas y otras hortalizas, cubiertas por un arreglo floral bien armado. Su contribución estuvo entre lo más original que se vio llegar a la basílica.

Las obras en el edificio contiguo a la sacristía obligaron, por segundo año, a habilitar como salida para los grupos de la ofrenda la puerta trasera del templo, que da a la calle San Vicente. La Policía Local y Protección Civil se coordinaron con la seguridad privada de la propia iglesia para que el tránsito fuera fluido y no hubiera aglomeraciones incómodas. Los grupos salieron de manera ordenada y sus miembros se dispersaron, camino a casa o a alguna 'quedada' para tomar algo con los amigos.

Tampoco hubo problemas con el paso del vía crucis de la Asociación del Santísimo Cristo de la Misericordia, que pudo pasar por la calle San Vicente cuando el gentío que salía del templo prácticamente se había dispersado.