El fervor y la tradición ganan en el Encuentro

Momento del Encuentro en la madrugada de este Viernes Santo, en Cartagena./Pablo Sánchez / AGM
Momento del Encuentro en la madrugada de este Viernes Santo, en Cartagena. / Pablo Sánchez / AGM

La procesión marraja, adelantada dos horas, sale entre plásticos y es vivida por miles de espectadores durante la madrugada

Antonio López
ANTONIO LÓPEZ

Con dos horas de antelación, y sin dejar de mirar al cielo, el encuentro entre el Jesús Nazareno y la Santísima Virgen Dolorosa fue el momento culminante de las cuatro procesiones de la madrugada del Viernes Santo. Ante una Plaza de la Merced, más conocida como el Lago, abarrotada de procesionistas, desde dos horas antes se cumplió una de las tradiciones más esperadas por el pueblo cartagenero.

Por la previsión de lluvia, la primera en salir fue la de la Verónica, que lo hizo a la 1.05 desde Santa María de Gracia. Cinco minutos más tarde lo hizo Nuestro Padre Jesús de Medinacelli, desde la sede la Escuela de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT).

A las una y media de la madrugada, y ante un decenas de personas, salió Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Pescadería. Tras recorrer varias calles del barrio de Santa Lucía, entre un gentío de vecinos, llegó a la Plaza Bastarreche para enfilar San Diego. Por último lo hizo la Dolorosa, a la 1.45, desde Santa María de Gracia.

A esa hora, las calles Aire, Cuatro Santos y Cañón, entre otras muchas se encontraban repletas de jóvenes en las puertas de los bares, muchos de ellos haciendo botelleo. Pasar por esas zonas se hacía complicado ya una hora antes del Encuentro, que se celebró a las 3.30 horas, en punto.

Tras el momento cumbre de la noche, las cuatro procesiones se hicieron una y embocaron camino de la recogida, esta vez y por previsión de lluvia a partir de las cinco y media de la mañana, acortando el recorrido. Fue suprimido el paso por las calle Aire, Cañón y Mayor.

La Virgen se recogió cuando faltaban diez minutos para las cinco de la mañana, después de que durante unos veinte minutos estuviera cayendo una fina lluvia que no amedrentó a los procesionistas. Cuando llegaba a la puerta de Santa María, dejó de llover y se escuchó por segunda vez en la madrugada la Salve. Un aplauso atronador puso fin a la madrugada marraja.