Jesús entra envuelto en loas y nubes desafiantes

Trono de la Agrupación del Ósculo Los milagros de Jesús-La curación del ciego, a su entrada a la calle Mayor, tras bajar por la calle Cañón. /J. M. Rodríguez / AGM
Trono de la Agrupación del Ósculo Los milagros de Jesús-La curación del ciego, a su entrada a la calle Mayor, tras bajar por la calle Cañón. / J. M. Rodríguez / AGM

Cinco mil niños encarnan la llegada del Señor a Jerusalén durante cinco horas, en un desfile vistoso, jovial y rápido por la amenaza de lluvia en parte del recorrido. El chispeo en varios momentos del desfile obligó a cubrir tronos y estandartes y al público, a abrir el paraguas

Antonio López
ANTONIO LÓPEZCartagena

Sin quitar ojo a las nubes desafiantes que les acompañaron a lo largo de gran parte del recorrido, los californios sacaron a la calle un desfile vistoso, jovial, colorido y rápido, debido a la amenaza de lluvia, que obligó a poner las fundas de plásticos en algunos momentos a tronos y estandartes. En la Entrada de Nuestro Padre Jesús en Jerusalén participaron más de cinco mil hermanos de la cofradía encarnada, la mayoría niños y adolescentes, en la que fue la primera gran representación de la Pasión de Cristo. El tiempo revuelto no fue un inconveniente para que miles de cofrades, procesionistas, visitantes y turistas llegados de muchos rincones de la comarca, de la Región e incluso de España abarrotaran las calles durante las casi cinco horas que la procesión estuvo en la calle.

El viento que al principio sirvió para un mayor lucimiento de los tercios, ya al final, cuando la noche se posó sobre las calles del centro histórico y la temperatura bajó, fue un engorro. Los puestos de churros de la calle Puerta de Murcia y Santa Florentina y de la Plaza del Risueño, entre otros, sirvieron a muchos para paliar un poco el frío.

Plástico a la Samaritana

Entre las siete y las siete y media de la tarde, las finas gotas de agua que caían desde un cielo cada vez más negro hizo presagiar lo peor. Incluso se vieron algunos paraguas entre el público, que pese a todo permaneció impertérrito. Sobre esa hora, el trono de la Conversión de la Samaritana, a su paso frente a la Caridad, fue cubierto por una funda de plástico. Para colocarlo, un comerciante de la zona prestó una escalera, algo que le valió el aplauso de los espectadores.

Aunque las nubes amenazantes acompañaron a la comitiva, que cerraba la alcaldesa, Ana Belén Castejón, y el hermano mayor de los californios, Juan Carlos de la Cerra, sobre las siete y media el peligro de lluvia comenzó a desaparecer y a verse los primeros claros.

A lo largo de todo el recorrido, hubo muchos momentos emotivos, pero, quizá, uno de los que más fue el vivido a su paso por la calle Serreta, a la altura de la Basílica de la Caridad, por los portapasos del grupo escultórico del Sermón de la Montaña, tallado por el gaditano Juan González Rey. «Atención señores portapasos: ¡Viva el Cristo del Sermón y viva la Virgen de la Caridad!», gritó uno de los que iba en cabeza. Este año festejan los 25 años de la incorporación a este desfile como tercio infantil de la Agrupación de la Coronación de Espinas. Sus hebreos estrenaron cuatro galas, diseñadas por Adrián Baeza y bordadas por Carmen Morales.

Los niños de la Flagelación

Los niños convirtieron el itinerario de la procesión en una colorida fiesta por la disparidad de atuendos y formas de desfilar. Había quienes, como los del Prendimiento (representan El Bautismo de Jesús), desfilaron con su manto hebreo, y otros con el tradicional pañuelo palestino. Los solideos, antes muy frecuentes en el vestuario de esta procesión, son solo testimoniales en la Oración en el Huerto.

Por detrás, irrumpió sobre la rampa de Santa María el grupo infantil de la Virgen del Primer Dolor, con el trono de Jesús con los Niños. Los de la Flagelación desfilaron con el trono de la Unción de Jesús en Betania, abriendo camino a los pequeños sanjuanistas del tercio del Discípulo Amado, con sus trajes blancos y rojos. Los que tampoco dejaron de gritar vivas durante el desfile fueron los del Trono de Jesús camino a Jerusalén. Por ejemplo, en la calle del Parque recibieron varios aplausos atronadores, de los que estaban en las sillas, de pie e incluso subidos en las ventanas del Parque de Artillería, porque, ayer, cualquier lugar era bueno para disfrutar de la procesión más alegre de cuantas salen a la calle.

Ya procesionaba por la calle Mayor el trono de Jesús en su Entrada en Jerusalén, tras el que iba la Sección de Honores de la Agrupación de Granaderos Californios, creada en 1996, cuando la cabeza del cortejo ya embocaba la Plaza San Francisco para entrar a la calle del Aire, donde cientos de personas esperaban.

Tras completar todo su itinerario, la procesión se recogió cuando faltaban pocos minutos para las diez de la noche con los tres tercios sanjuanistas (Discípulo Amado, Juicio de Jesús y San Juan) precediendo al trono de la Burrica, a la directiva de la agrupación y a la mesa de la cofradía. Con el cierre de las puertas de Santa María, muchos niños despidieron el día más largo del año -iniciado con las misas de bendición de palmas y las típicas chocolatadas-.

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