Encuentro de emoción, pasión y fiesta

Encuentro de Jesús Nazareno y la Virgen de la Dolorosa, con la Plaza de la Merced repleta de espectadores. / pablo sánchez / agm
Encuentro de Jesús Nazareno y la Virgen de la Dolorosa, con la Plaza de la Merced repleta de espectadores. / pablo sánchez / agm

La madrugada marraja congregó a numeroso público, que solo tuvo que sacar el paraguas minutos antes de la recogida de la Virgen

Antonio López
ANTONIO LÓPEZ

El silencio se apoderó de la Plaza de la Merced a las tres y media en punto. Era el momento cumbre de la madrugada del Viernes Santo, que respetó la lluvia, que cientos de personas vivieron con fervor y alegría en masa y que arrancó más de una lágrima. Fue también el colofón a una noche de intensas emociones disfrutadas por procesionistas, vecinos y turistas desde las salidas de los tronos desde la iglesia Santa María de Gracia, la Pescadería y el Paraninfo de la Politécnica hasta la recogida, cuando el cielo descargó una fina agua que hizo abreviar el desfile.

La Cofradía Marraja decidió la víspera adelantar los cortejos para evitar que, precisamente, la lluvia estropeara tan bello instante. Desde la una de la mañana, numerosísimo público comenzó a buscar el mejor sitio. Ya tres cuartos de hora antes y tras las salidas de los tronos, en la plaza no cabía ni un alfiler. Los primeros aplausos y flashes de cámaras fueron para San Juan cuando llegó al Lago. Tras él, la Virgen de la Dolorosa, cuyos portapasos al cruzarse con los sanjuanistas se dieron la mano.

Mientras, el Jesús Nazareno ya asomaba a la plaza, desde la calle San Diego, al grito de los procesionistas: «¿Quién viene, el Jesús?». Entonces el público quedó en silencio y ambos tronos se unieron y comenzó a sonar el himno nacional.

Sus notas resonaron en toda la plaza. Los últimos acordes dieron paso a la Salve, cantada por cientos de personas en tono bajo. Entonces las lágrimas comenzaron a brotar en muchos por la emoción. Nada más terminar, de nuevo se escuchó un «¡Viva la Virgen!», y un atronador aplauso inundó el Lago.

Saetas y flashes

Este momento fue aprovechado por la subcampeona del Concurso Nacional de Saetas de Cartagena, la cordobesa Pepi Mantas, para entonar 'Cómo me atrevo a cantar'. Lo hizo desde el balcón del primer piso del Palacio Aguirre. El gentío calló y escuchó la potente voz que le salía del alma. Al finalizar fue ovacionada, seguido de nuevo de «Viva el Jesús», y «Viva la Virgen».

Mientras se vivía el gran momento de la noche en la Plaza de la Merced, los primeros penitentes ya recorrían San Miguel para embocar la calle del Aire. Allí, una treintena de policías locales y nacionales se colocaron a ambos lados para dar paso al cortejo y evitar altercados.

Las cuatro horas de vigilia comenzaron dos horas antes. La primera procesión en salir fue la Verónica, que lo hizo a la 1.05 desde Santa María de Gracia. Cinco minutos más tarde lo hizo Nuestro Padre Jesús de Medinaceli, desde la sede de la Escuela de Ingenieros Industriales de la Universidad Politécnica de Cartagena (UPCT). Allí se agolpaban decenas de cofrades, que tras escuchar el himno nacional dieron un caluroso aplauso de despedida.

Veinte minutos más tarde salió Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Pescadería. La explanada del puerto de pescadores estaba a reventar, desde casi una hora antes. La espera del gentío fue llevada mejor con churros y chocolate de los dos puestos instalados allí. Tras la apertura de la puerta enrejada y escucharse la saeta de Pepi Mantas 'Padre Nuestro', la imagen del Nazareno recorrió varias calles del barrio de Santa Lucía. Entre decenas de vecinos, el Nazareno llegó a la Plaza Puertas de San José para enfilar San Diego. Por último lo hizo la Dolorosa, a la 1.45, desde Santa María.

Tras el Encuentro y unidos todos en una sola procesión, partieron de vuelta al templo de la calle del Aire, por calles repletas de gente. Esta vez y por previsión de lluvia a partir de las cinco de la mañana, los marrajos decidieron acortar el recorrido. Fue suprimido el paso por las calles Aire, Cañón y Mayor.

Fina lluvia

La Virgen se recogió cuando faltaban diez minutos para las cinco de la mañana, después de que durante unos veinte minutos estuviera cayendo una fina lluvia que no amedrentó a los procesionistas. Cuando llegaba a la puerta de Santa María, dejó de llover y se escuchó por segunda vez en la madrugada la Salve. Un aplauso atronador puso fin a la madrugada marraja.

A esa hora, las calles Aire, Cuatro Santos y Cañón, entre otras muchas, se encontraban repletas de jóvenes a las puertas de los bares, muchos de ellos haciendo botelleo. Pasar por esas zonas se hacía complicado ya una hora antes del Encuentro. Una vez recogida la procesión, algunos bares continuaban llenos, como las calles, pese a que la lluvia volvió a hacer acto de presencia sobre las cinco y media de la mañana.