La Divina Misericordia crece a plena luz en Cartagena

Numeroso público arropa la salida del Cristo de la Divina Misericordia desde la Plaza de la Merced. / antonio gil / agm
Numeroso público arropa la salida del Cristo de la Divina Misericordia desde la Plaza de la Merced. / antonio gil / agm

Los alrededores del Lago y de la Glorieta se llenan de público para ver el paso de la 'quinta cofradía'

Gregorio Mármol
GREGORIO MÁRMOL

El fundador de la Asociación Canónica Cristo de la Divina Misericordia, Francisco Cánovas, no quiere que la llamen la 'quinta cofradía'. Pero la realidad es que con el paso de los años este colectivo religioso que tiene como principal fin rendir culto al Señor del Lago, ese Cristo de largo pelo, atribuido a Salzillo, que tiene su pequeña capilla en la Plaza de la Merced, es tratado por los cartageneros como si fuera una cofradía de las de toda la vida. Aunque ni en su funcionamiento ni en su estética se parezcan.

Cientos de personas acudieron ayer por la tarde en mayor número que otros años a los alrededores del Lago y de la Plaza de San Francisco para ver discurrir el vía crucis con los tronos de San Juan, la Virgen de los Desamparados y del Cristo de la Divina Misericordia. Acompañó una temperatura agradable y una brisa ligerísima para las abrigadas calles por las que discurrió el cortejo: San Diego, Plaza de San Ginés, San Francisco, Glorieta, San Vicente, Serreta, Caridad y, de nuevo, San Diego para volver al oratorio de la Plaza de San Francisco donde tiene su sede canónica la corporación.

En la atestada calle de San Francisco, al paso del trono de San Juan, precedido por una legión de monaguillos con sus incensarios y unas reliquias de los Cuatro Santos y del beato José Pavón, los espectadores comentaban como punto fuerte del vía crucis que «es de día y pasa rápido». A diferencia del resto de desfiles, en éste no hay capirotes. Los penitentes con hachotes lucen traje de chaqueta negro -también las mujeres- con la medalla de la asociación. Idéntica estética guardan los portapasos de los tres tronos.

La procesión iba encabezada por la imagen de San Juan, escoltado por agentes de la Policía Nacional, seguido de un grupo de manolas y de agentes de la Guardia Civil -varios de ellos vestidos de gala- por delante del trono de la Virgen de los Desamparados, a hombros de mujeres.

Con su estandarte propio y dos hileras de alumbrantes cerró el cortejo el títular de este vía crucis. Llevó escolta de la Policía Local y de una sección del Ejército del Aire.

Encuentro para terminar

La Agrupación Musical La Unión dividida en dos puso las marchas de procesión, sólo interrumpidas por los rezos de las estaciones del vía crucis a cargo de los sacerdotes que acompañan al Señor del Lago. Detrás de su trono, Cánovas acompañó a su sucesor al frente de la asociación canónica, José Felipe Rubio, así como a los diferentes invitados, entre ellos, el presidente de la Federación de Carthagineses y Romanos, José Antonio Meca.

El vía crucis, que desistió de ampliar su itinerario por la Puerta de Murcia, pasó por la basílica de la Caridad después de las ocho y media de la noche. Ya no quedab luz natural cuando el vía crucis finalizó en el Lago con un improvisado encuentro. Entonces estallaron en el cielo una salva de cohetes tras sonar el Himno Nacional.