Cien años de periodismo religioso

Francisco Henares./J. M. Rodríguez
Francisco Henares. / J. M. Rodríguez

JOSÉ SÁNCHEZ CONESA

Recientemente ha sido presentado el libro 'Cien años de periodismo religioso (1915-2015) La revista Espigas y Azucenas-Iglesia Hoy' en el colegio la Inmaculada de los Franciscanos. La autoría corresponde a Francisco Henares Díaz, siendo siempre buena la ocasión para hablar del escritor, persona inspiradora para muchos de nosotros. Y no me salgo del libro porque éste es Paco. Madame Bobary soy yo, que decía Flaubert, su autor.

Le debemos mucho: la Historia de la Literatura en Cartagena, la reivindicación del trovo (siempre silenciado en cualquier historia), las relaciones de Cartagena y Cuba, el estudio de los poetas cartageneros, la aproximación a buena parte del siglo ilustrado, los sermones en el Siglo de Oro, la religiosidad popular (muy centrada en San Ginés de la Jara). Pero Paco es algo más que uno de nuestros mejores intelectuales porque trabaja otras dimensiones como son la difusión de la cultura de la solidaridad desde la Fundación Clara Henares, el encuentro ecuménico con otros grupos cristianos no católicos o su compromiso con los congresos etnográficos del Campo de Cartagena.

Llegó a nuestra ciudad en la década de los 60 para vivir una experiencia innovadora dentro de la Orden Franciscana, siendo uno de los tres frailes que habitaron un piso en la barriada de Villalba. De los conventos a los barrios, siguiendo la estela renovadora del concilio Vaticano II. Cuando lo designan director de la revista franciscana 'Espigas y Azucenas', propondrá un cambio de cabecera y de contenidos, pasando a denominarse 'Iglesia Hoy', desde julio de 1970. De hecho en esa nueva época de la publicación podemos encontrar información sobre el primer encuentro nacional de pequeñas fraternidades obreras en Madrid, octubre de 1976. Diez años antes irrumpieron las pioneras comunidades de la Orden en una diócesis de los Países Bajos, cuyos miembros buscaban trabajo como obreros.

Francisco Henares recopila la historia de la revista franciscana 'Espigas y Azucenas'

El autor del libro que aquí presentamos ha leído miles de páginas para abordar tres periodos históricos que clasifica de 1915 a 1936, desde la guerra civil hasta el final del Concilio Vaticano II en 1965 y desde ese año hasta 2015. Lo hace con su peculiar estilo literario, una prosa cargada de poesía, atenta no sólo al texto sino al contexto histórico, social y eclesial.

'Espigas y Azucenas' quedará sólo para nombrar al célebre calendario, tan presente en muchos hogares españoles, desde 1950, con sus imágenes de Murillo como la Inmaculada, la Sagrada Familia, niños y ángeles con el corderillo o la Oración del Huerto de Salzillo. Y van nueve millones de calendarios editados en ese trecho temporal. Las espigas aluden al pan de la eucaristía y las azucenas por María. Hay mucha poesía en ello, nada extraño porque el pobretico de Asís era poeta.

Revistas franciscanas

Me resulta curioso cómo en 1928 aparece una sección titulada 'Del ambiente', buscando siempre no despegarse del suelo, siendo su firmante Fray Teófilo Bailón, un regeneracionista que reflexiona críticamente sobre el monumento a los Héroes de Cavite y Santiago de Cuba que se inauguró en Cartagena. El religioso se escandaliza por que el gobierno español mandó a luchar contra la nación emergente del momento, los Estados Unidos de América, a una escuadra pobre, lo que ocasionó la muerte de muchos inocentes pertenecientes a clases trabajadoras. En otra colaboración reclamaba audaz: «Programas de justicia y de paz donde se repartan beneficios».

Las aportaciones de esas primeras décadas se enmarcan dentro de una concepción tradicional que corresponde a una religiosidad de larga duración que se remonta, al menos, a la Contrarreforma del siglo XVI. Por lo tanto fieles a la jerarquía eclesial, sin salirse del tiesto, muy devocionales pero con poca sustancia teológica. Mucho cielo pero poca tierra al faltar el compromiso concreto insertado en el aquí y ahora, con una moral enraizada en el miedo y no tanto en el amor. Se niega el diálogo con los cristianos protestantes y se sostienen opiniones sobre la mujer que no hoy no compartimos.

Se da cuenta de las misiones populares, un movimiento de masas durante el nacionalcatolicismo en la que los padres franciscanos llegaban hasta los más escondidos pueblos para confesar a sus feligreses, celebrando misas concurridas, realizando visitas a enfermos y muchas horas de púlpito. Para buen número de creyentes fueron un momento importante para revisar sus vidas, enderezando el rumbo: «Se piense lo que se piense había un humanismo que conformaba mentes y corazones».

Entre los 40 y los 60 se abrirá una nueva pastoral con los movimientos apostólicos de Acción Católica: HOAC, JOC, Movimiento Familiar Cristiano, o las Mujeres de Acción Católica de las que surgiría Manos Unidas. La Iglesia desea acercarse a sectores alejados como el mundo obrero y los jóvenes.

Los tiempos estaban cambiando y la revista fue multada por el Tribunal Supremo con 5000 pesetas por traspasar los límites de lo religioso, ya que la querían encerrada en la sacristía o en el convento. No se podía hablar del bachillerato, la mala distribución de la riqueza o la reforma agraria. Vaya esquizofrenia separar lo divino y lo humano, el cuerpo y el alma.

Ya en el siglo XXI leemos artículos sobre ecología por el catedrático López Bermúdez, globalización o el aumento de las diferencias entre países ricos y países pobres.

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