Las autoridades veneran a los apóstoles

Un alumno de la academia de oficiales de la Guardia Civil escolta al trono de Santiago Apóstol. /J. M. Todríguez / AGM
Un alumno de la academia de oficiales de la Guardia Civil escolta al trono de Santiago Apóstol. / J. M. Todríguez / AGM

La ministra de Defensa y altos mandos militares arropan los traslados californios. Cospedal conoce la salida de San Pedro desde el Arsenal y admira el desfile de tercios y tronos en una Capitanía repleta de invitados

Gregorio Mármol
GREGORIO MÁRMOLCartagena

La ministra de Defensa, María Dolores de Cospedal, calcó anoche la intensa agenda que hace 13 años se impuso el entonces titular de esa misma cartera, el socialista José Bono, para no perderse ni un detalle de todo lo bueno que, en una visita anterior a Cartagena, le habían contado sobre la pintoresca manera en que la Cofradía California traslada a San Pedro, San Juan y Santiago Apóstol desde los establecimientos militares a los que históricamente están vinculadas esas esculturas hasta la iglesia de Santa María de Gracia. Hace un mes que la también secretaria general del PP visitó la Base de Submarinos y embarcó en el 'Tramontana'. Ayer regresó para vivir la salida en procesión del oficial de arsenales Pedro Marina Cartagena -gracias a un pase pernocta que de viva voz le concede el almirante del Arsenal-, su encuentro en las calles de la ciudad con sus 'hermanos' y su futuro arresto por incumplir la hora de regreso al cuartel, la próxima madrugada.

Cospedal llegó en visita privada acompañada de su esposo, el empresario Ignacio López del Hierro, y de su hijo. Su presencia en Cartagena arrastró a numerosos políticos y jefes militares, empezando por el jefe del Ejecutivo autonómico, Fernando López Miras, la presidenta de la Asamblea Regional, Rosa Peñalver, el delegado del Gobierno, Francisco Bernabé, y la alcaldesa, Ana Belén Castejón. Los cuatro la acompañaron en la despedida de San Pedro en la casa del vicealmirante Aniceto Rosique Nieto, muy concurrida de políticos y altos mandos navales llegados incluso de Madrid y Cádiz para la ocasión.

Quienes asistieron por primera vez a este ceremonial tuvieron la oportunidad de seguir desde la cubierta del patrullero de altura 'Infanta Cristina' la salida del trono de San Pedro, trasladado poco antes del ocaso desde el Pañol de Cañones hasta el lugar del Muelle Juan de Borbón donde tiene lugar la ceremonia de arriado de Bandera y el toque de oración. Allí formó el piquete del Tercio de Levante de la Infantería de Marina, con su banda de música. Soplaba fuerte el lebeche para deslucir un poco el final del día, tras haber disfrutado antes de un sol primaveral y una temperatura rayana en los veinte grados. Un respetuoso silencio presidió la recogida de la enseña nacional en la popa de la antigua corbeta, antes de la procesión.

Público expectante

Eran las nueve de la noche cuando del Arsenal comenzaron a salir los tercios que constituyen el grueso de la procesión unificada que, más tarde, pudieron ver los espectadores ubicados en la Plaza de San Sebastián y las calles Mayor, del Cañón y del Aire: los guiones de la cofradía, el estandarte californio acompañado de las penitentes del Prendimiento, el carro bocina y el tercio de granaderos. Mientras tanto, dentro se desarrollaba la despedida del Primado entre la expectación del público que llenó el patio de armas y que siguió al santo cuando, sobre las diez, irrumpió en la calle Real.

Simultáneamente, las procesiones de San Juan Evangelista y Santiago Apóstol se ponían en marcha en otros puntos de la ciudad, pero tras sendos ceremoniales similares a los del Arsenal. En el caso del Discípulo Amado, su salida fue multitudinaria, ya que todos los actos se realizaron en la calle, sin necesidad de invitación de ningún tipo para presenciar el arriado de la Bandera y el toque de oración, a cargo de un pelotón de honores y la banda de guerra del Regimiento de Artillería Antiaérea 73 (RAAA 73).

Una ovación del público recibió al tercio de penitentes de San Juan en la Plaza de López Pinto, como antes hizo con el trono de estreno del titular, todo cuajado de flor blanca. Tras la despedida, la procesión se puso en marcha por la calle de la Caridad, rumbo a la Plaza de San Sebastián. La consejera de Transparencia, Participación y Portavoz, Noelia Arroyo, acompañó a la directiva sanjuanista que preside José Martínez Monerri.

Con las salvas de ordenanza correspondientes a quien es patrón de España, el trono de Santiago Apóstol -cuajado de flor, incluidos los detalles con los colores de la Bandera- maniobró para salvar los árboles que ensombrecen la terraza del Gobierno Militar y franquear su verja en dirección a la calle General Ordóñez. Este santo militar también fue despedido con enaltecedoras palabras por el comandante militar de la Región, coronel jefe del RAAA 73 y morador de ese palacete con vistas privilegiadas a la bocana, Enrique Silvela. El recinto militar también estaba repleto de invitados, emocionados con el ceremonial previo, visible desde el exterior gracias a las pantallas de vídeo que colocó la Agrupación de Santiago, que preside Manuel Salmerón.

La escasa distancia existente entre los tres cuarteles -en comparación a la longitud de los tres cortejos, repletos, además, de nazarenos- hizo que poco después de las nueve de la noche pudiera formarse una sola procesión en una Plaza de San Sebastián atestada de público. Allí estuvo también la ministra, en Capitanía, acompañada de López Miras, admirando a los tres apóstoles que en Cartagena tienen fuertes raíces militares. Sólo el racheado y molesto viento que entraba por la calle Mayor inquietó a los procesionistas, por si derribaba capuces y enredaba capas en las cañas de los hachotes en movimiento. No ocurrió nada de eso. El desfile de tercios y tronos, cada uno con su estilo, estuvo a la altura de la fama y el predicamento que tienen entre los procesionistas cartageneros. Como está escrito.

Más