La hepatitis C, un estigma curado

Carmelo Gómez, en el Ministerio de Sanidad. / Virginia Carrasco

Carmelo Gómez, que ha superado la enfermedad, lucha para acabar contra las falsas creencias que la rodean

DANIEL ROLDÁN y ALMUDENA SANTOSMadrid

La historia comenzó en una sala de operaciones a finales de los sesenta. Un niño sufre una peritonitis y necesita una transfusión de sangre durante la intervención. Ese pequeño leonés, ya adulto, viaja a Madrid para labrarse un futuro. Lo tiene claro. Quiere ser actor. Se matricula en la Escuela de Arte Dramático. Son los ochenta. Con un amigo, va a donar sangre al hospital 12 de Octubre. A las dos semanas, a Carmelo Gómez (Sahagún, 1962) le dan una doble mala noticia: no puede volver a donar sangre porque es un enfermo hepático. «Entonces ni siquiera se llamaba hepatitis C. Era 'no A no B' porque no tenía ni nombre», recuerda sentado en una sala del Ministerio de Sanidad, un lugar «extraño» para un doble ganador de los Goya (mejor actor por 'Días contados' y mejor actor de reparto por 'El método').

Gómez siguió con su vida. «No le di importancia y ese es el problema porque puedes hacer una vida normal», explica. Todo cambió durante el rodaje de 'Territorio comanche', la adaptación del libro de Arturo Pérez-Reverte que dirigió Gerardo Herrero. Hablando en uno de los parones entre toma y toma, un miembro del equipo le dijo que él también tenía hepatitis C y que debía tomar medidas. Empezó a tomar precauciones con la sangre, que es la vía de contagio. «Todo eso de la saliva u otras cosas son paranoias, mitos», añade el actor, que hablaba de su enfermedad lo estrictamente necesario. «No hacía muchos comentarios sobre ello porque hay mucho estigma con este tipo de enfermedades. Y es ridículo», comenta Gómez, que protagoniza la nueva campaña de la Alianza para la Eliminación de las Hepatitis Víricas en España (AEHVE) con el fin de sensibilizar y desestigmatizar esta enfermedad.

«¿Que te cortas con un cuchillo? El cuchillo se queda una semana al raso, tres días al frigorífico y luego lo hierves, que si no los virus no se van. Es un ejemplo. Si haces todo lo que tienes que hacer, no pasa nada. Mi hija está bien, mi exmujer está bien, todas las mujeres con las que he estado están muy bien. Si tomas todas las medidas, no pasa nada», explica el actor, que ya está curado gracias a los nuevos fármacos que aparecieron en 2015, con una tasa de efectividad del 95%.

Ahora esboza una sonrisa, pero cuando comenzó dos tratamientos diferentes durante las últimas décadas, lo pasó «muy mal». «Lo único que hacían era meterte 'veneno'. Estabas hecho polvo, como una quimioterapia. El virus se adormecía y luego rebotaba. Y a veces esos rebotes eran muchos más peligrosos», añade Gómez, que colaboró en pruebas con diferentes expertos gracias a Pilar Miró, que se los presentó. «En ese momento no había nada. ¿Qué iba a pasar? O quedarme igual o mejorar. No había nada que perder».

Su lucha, y la de otros muchos enfermos con hepatitis C, cambió hace un lustro hasta que apareció la «maravillosa pastilla». «La tomé durante tres meses porque entonces no sabían el alcance de la pastilla. Ahora son dos semanas de tratamiento», añade. «Sientes una gran liberación y permaneces varios meses flotando. Porque los enfermos vivimos con mucha angustia. Hablas de la muerte de forma constante. Sabes que puede terminar en una cirrosis o un cáncer», enumera el actor, uno de los 130.000 enfermos españoles que se han curado. Pero todavía quedan unos 70.000 ciudadanos que no saben que tienen la enfermedad.