En Rumanía, las abejas ayudan a la medicina

En Rumanía, las abejas ayudan a la medicina

"La colmena es la farmacia natural más antigua y sana", dice la directora del Instituto Rumano de Investigación y Desarrollo Apícola

COLPISA/ AFP BUCAREST

Veneno de abeja para tratar la esclerosis múltiple, polen para la digestión, miel como cicatrizante Rumanía es un país puntero en apiterapia, una medicina alternativa cuyas raíces se remontan a la antigüedad. "La colmena es la farmacia natural más antigua y sana", dice Cristina Mateescu, directora del Instituto Rumano de Investigación y Desarrollo Apícola.

Ya en la Grecia antigua, Hipócrates aplicaba miel para curar las heridas y los romanos calificaban el polen de "polvo que da la vida". En India, China y el antiguo Egipto, el própolis o propóleo, sustancia resinosa que las abejas obtienen en los brotes de algunos árboles, era también apreciado por sus virtudes cicatrizantes y antisépticas.

En Rumanía, país con una naturaleza exuberante surcada por los montes Cárpatos, los productos de la colmena siempre han estado muy presentes en la medicina tradicional. Muchas familias siguen usando el própolis en invierno contra los dolores de garganta y las afecciones de las vías respiratorias y la miel y el polen como estimulante inmunitario. De hecho, todas las ciudades tienen sus 'plafar', herbolarios que proponen productos a base plantas, de miel, de cera de abeja o de própolis.

En la formación médica clásica se han introducido módulos de apiterapia y el extracto de própolis desarrollado por el Instituto de Investigación y Desarrollo Apícola ha sido reconocido oficialmente como medicamento. Este Instituto, fundado en 1974, emplea actualmente a 105 personas. Además de sus investigaciones para garantizar la salud de las colonias de abejas locales, en particular la Apis Mellifera Carpatica, comercializa una treintena de productos homologados.

Según el último censo agrícola de 2010, Rumanía cuenta con 42.000 apicultores y 1,3 millones de familias de abejas.