Una gota en el desierto

JULIÁN MOLLEJOMurcia

El trabajo lo es todo. Aporta bienestar personal, es la base del progreso y de la estabilidad social y es motivo de orgullo para los gobernantes, que lo han convertido en el eje de todas sus políticas tras los estragos causados por la gran crisis económica. Hoy en día, un buen dato de empleo sirve para tapar cualquier descosido, aun cuando tenga forma de auto judicial. De la misma forma que un mal dato puede echar por tierra un puñado de inauguraciones. El trabajo lo es todo, y lo saben. Por eso resulta tan difícil hacerse una idea precisa del estado de la cuestión si solo nos atenemos a la opinión de los políticos, expertos en sacarle los colores a los números. El Gobierno autónomo se ha hartado de repetir que la Región es la comunidad que más empleo está creando de España, y es cierto que a finales de noviembre encabezábamos el aumento interanual de altas a la Seguridad Social con un 3,91%, lo que supone 19.389 personas más, al tiempo que exhibe a los cuatro vientos el incremento en un 13% de los contratos indefinidos. Es cierto que vamos mejor que hace uno o dos años, sería preocupante si no fuera así cuando la economía vuelve a crecer, pero ni mucho menos podemos concluir que estemos bien. El mercado regional de trabajo sigue hecho unos zorros. Empezando por la tasa de paro del 23,5% que arrojaba la encuesta de población activa del tercer trimestre del año -más de dos puntos por encima de la media nacional-, siguiendo por la tasa de temporalidad del 34,9% -ocho puntos superior a la media- y terminando con la tasa de paro juvenil del 49% -otros tres puntos por encima del conjunto de España-, el panorama sigue siendo desolador en la Región. Tanto, que es una de las comunidades donde mayor es el 'efecto desánimo', aquel que sufren los trabajadores que desisten de buscar empleo por las malas perspectivas y que provocó que la población activa se redujera en 10.400 personas en el tercer trimestre del año. Las cosas están cambiando, es cierto, pero tan poco y tan despacio que no hay motivos para la complacencia.

 

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