Zagalicos y tradición

Barra de Los Zagales. / NACHO GARCÍA
Barra de Los Zagales. / NACHO GARCÍA

Los Zagales cumplen 90 años con una oferta económica basada en bocadillos variados y platos tradicionales murcianos

SERGIO GALLEGO

Los Zagales es un bar de toda la vida. Si hablásemos de su barra, diríamos que es un buen punto de apoyo para el codo a la hora del almuerzo o el aperitivo, que a pesar de basar su propuesta gastronómica en muchos productos para la freidora y pan de diferentes medidas rellenos de mil variantes diferentes, el bar es bastante recurrente para un tapeo informal, dos cañas o tres vinos con los amigos.

Pero en la zona del comedor, el panorama cambia por completo. Mesas destrozadas por maleducados clientes, sillas e incómodos taburetes y un espacio entre mesa y mesa tan pequeño que obliga a la contorsión cual trapecista del Circo del Sol. Se puede entender que el local está centrado en gente joven que no ocupa mucho espacio, gasta poco dinero y no le importa que la mesa lleve más cicatrices que un mapa de carreteras con el fin de que la cuenta sea baja, pero la realidad es que son muchos los turistas que se acercan hasta aquí y se llevan una impresión poco satisfactoria de lo que somos o tenemos en Murcia en cuanto a mobiliario se refiere.

Los Zagales

Dónde:
C/ Polo de Medina. Murcia
Teléfono:
968 215 579.
Horario:
Cierra domingos.
Precio:
Menú diario, 10 euros. Unos 15 euros por persona a la carta.

La representación de la cocina murciana es amplia. Entre tapas, bocadillos, fritos, rebozados, ensaladas y platos típicos, el comensal puede llevarse una impresión detallada de cómo nos las gastamos aquí, teniendo en cuenta que estamos en un local de calidad media a precios bajos y el resultado final de todos los platos que me embaulo no me sorprende ni por buenos, ni por malos.

Empiezo con una tostadita de pan con pisto y una sardina salada para abrir boca. Continuo con dos zagalitos -como pulguitas- que posiblemente sean los bocados más interesantes por concepto y sabor del local: uno de boquerones, cebolla, tomate y mahonesa y otro de tortilla de patatas con pimiento frito bastante recomendables. Dos buenos platos encuentro la tempura de verduras y la tostada de sobrasada con queso azul gratinado, para los que nos gusta someter a nuestras papilas gustativas de vez en cuando.

Mejorables, sin embargo, encuentro tres buques insignia de nuestro recetario huertano como son las acelgas con sardina, el zarangollo -falto de sal- y los michirones, con un caldo insípido y acuoso que poco invita a su ingesta. El haba, en cambio, bien de textura. Algo parecido ocurre con la magra con tomate, donde al tomate lo encuentro delicioso, aunque me molestan algunas hebras de la carne. El guiso del día ha sido tratado con cariño y el pulpo y el calamar con pimientos y verduras estofadas revitaliza al más pintado. Además, vienen con unas patatas fritas caseras que redondean el plato, que no están nada mal.

El servicio de camareros es ágil, distante y práctico, sin florituras innecesarias debido al trajín que al mediodía se forma de ansiosos clientes diarios. Sin refinamientos, pero muy correctos.

Para terminar pruebo un pan de Calatrava cuajado en flanerina y una tarta de la abuela en taza con una buena ración de chocolate por encima. Ambos postres mantienen el nivel del resto de la comida: que sí, pero no.