Manolo Pardo: «El veneno de la inquietud es para siempre»

Manolo Pardo, «un hombre del siglo XXI», ante algunas de las obras que expone estos días en la galería Chys de Murcia. / edu botella / AGM
Manolo Pardo, «un hombre del siglo XXI», ante algunas de las obras que expone estos días en la galería Chys de Murcia. / edu botella / AGM

Se plantea preguntas y busca respuestas ante 'El jardín de las delicias', de El Bosco

PEDRO SOLER

Asegura Manolo Pardo (Murcia, 1951) que sus cuadros «no necesitan explicación alguna; aunque yo la dé, sería falsa. Mis cuadros son preguntas y cada cual que encuentre las respuestas». A propósito de 'The Secret Garden', la exposición que actualmente muestra en galería Chys, que gira en torno a 'El jardín de las delicias', de El Bosco, recuerda que «empecé a preguntarme qué significaba este cuadro. No lo entendía, y me puse a estudiarlo como yo sé, que es reinterpretándolo. Y a cada reinterpretación, me llegaban más preguntas, reflejadas en estos cuadros que han surgido. Eso sí, son pintura, porque los cuadros no sirven para nada si no son pintura».

Y añade que los cuadros, «aunque estén bien compuestos y dibujados, deben hablar. Que digan lo que quieran, pero que hablen. Esto es lo que yo he pretendido, y no hacer un cuadro a la manera de muchísimos compañeros, que pintan un paisaje o incluyen una composición, pero solo se ve en ellos habilidad técnica. Yo prefiero que mis obras sirvan al espectador, además de para proporcionarle un disfrute estético, para que se haga preguntas». Si no ha entendido el cuadro de El Bosco, ¿ha podido reinterpretarlo? «La verdad es que no sé qué he querido representar. He pintado conforme me iba llegando la imagen, y los demás que encuentren el significado».

'The Secret Garden'. Manolo Pardo

Dónde
Galería Chys (Trapería, 11). Murcia
Horario:
de lunes a sábado, de 10.00 a 13.30 y de 17.00 a 20.30.
Cuándo
Hasta el 27 de octubre.

¿Por qué le llegó esta idea? «Me estaba acercando más a los antiguos maestros, como Mantegna y El Bosco, aquellos que montaban un taller en el que se respiraba oficio. Esto me atrae mucho y, claro, El Bosco está entre estos. No sé si estoy capacitado para reinterpretar esa obra, pero he hecho algo en lo que, como pintor, he disfrutado, estudiando fragmentos del cuadro, porque, para estudiarlo en su totalidad, hay que tener mucha capacidad. Es verdad que, al pintarlo, lo personalizo, porque yo tengo mi manera de pintar y mis herramientas pictóricas. Como ya he dicho, el resultado no son respuestas del cuadro, sino nuevas preguntas que surgen». ¿Por qué tanta insistencia? «No me gustan las pinturas a secas, solo con deleite estético. Además, me apetece que exista un contenido ideológico, porque como decían los grandes maestros italianos, el arte es una cosa mental, y, si no hay más que estética, el cuadro queda en decoración de sala de estar. Yo nunca he querido hacer este tipo de pintura».

Eso de reencontrarse con los grandes maestros, ¿quiere decir que no le atraen los modernos? «No. Yo soy un hombre del siglo XXI, y me interesa todo lo que sucede en mi tiempo; pero tuve la suerte de aprender el oficio con los últimos pintores vivos de finales del XIX y principios del XX. Me enamoré del oficio del pintor. Por eso, también he querido hacer un canto a este oficio, y por esto me atraen aquellos maestros que disponían de un taller, que estaba jerarquizado, en el que trabajaba el aprendiz, que barría; el que movía los colores; el que pasaba el dibujo del maestro al lienzo... Era un ambiente casi místico que había en los talleres, que me gusta mucho. También me interesan los hallazgos actuales, pero creo que, después del cubismo, ha habido bastante desorientación. Me interesa el arte contemporáneo y la obra de numerosos artistas; pero más me interesa el oficio de pintor. Ahora, hay colegas, que van a la tienda, compran colores y lienzo, se recluyen en el estudio y se ponen a pintar. Pero, al poco tiempo, ese cuadro está destrozado, porque los colores se han perdido, ya que no han sabido mezclarlos. Cualquier cuadro debe estar bien tratado. Hay que saber hacerlo».

Etapas incómodas

¿Siempre ha trabajado ejerciendo ese oficio? «He trabajado siempre haciendo las cosas como mejor podía, utilizando los recursos que tengo. Quizá dentro de un año sea otra persona, pero no sé si habré avanzado. Creo que, si el artista no hace más, es porque no tiene más que dar. Lo importante es que uno exprese su personalidad, sus miedos, su alegría, sus sentimientos... con sus propias herramientas y su lenguaje».

¿Y ha tenido alguna vez etapas incómodas? «Evidentemente, una vida como la que ya hemos vivido da para mucho. La vida es como un viaje con muchas estaciones. He vivido momentos en los que me he sentido descolocado, y me he visto obligado a subirme de nuevo al tren y ponerme a pintar, pintar, y pintar, para volver a encontrarme. Pero he sido honrado conmigo mismo, porque he pintado lo que me apetecía. Cuando tenía treinta años, pintaba lo que correspondía a esa edad, y, a los cincuenta, lo correspondiente a los cincuenta». Y, ¿ahora? «Creo que atravieso una etapa de madurez serena, en la que veo las cosas con una cierta perspectiva, y me dedico a disfrutar pintando, porque tengo que seguir haciéndolo. Y sé que no me adocenaré, porque, cuando uno tiene el veneno de la inquietud es para siempre. Uno se puede aburguesar cuando se dedica a esa pintura decorativa de la que hablábamos. A mí la pintura me acompaña siempre en mi proceso vital».

Vano intento

«Me propuse el reto de revelar alguno de los secretos de 'El jardín de las delicias', de El Bosco. Vano intento, ya que después de un largo tiempo visitando y analizando el tríptico, solo conseguí plantearme más enigmas. Como solución a dicha situación, no tuve otra alternativa que iniciar mi propia interpretación artística».

 

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