Un trocito libanés

Virginia Gómez y Charly Georges Rizk, propietarios del restaurante Ghalboun Village./Vicente Vicéns / AGM
Virginia Gómez y Charly Georges Rizk, propietarios del restaurante Ghalboun Village. / Vicente Vicéns / AGM

Ghalboun Village abre sus puertas en un pequeño local de la zona de las tascas acercando a Murcia la cocina rápida de este país de Oriente Medio

SERGIO GALLEGO

No he estado en Líbano. No he tenido esa suerte. Mi experiencia en este tipo de restaurantes temáticos no va más allá de un breve acercamiento en Londres y de varios reportajes de cocina internacional vistos en Youtube, pero nunca he puesto un pie en esta tierra. Por lo que esta crónica del restaurante Ghalboun Village tiene el sesgo del paladar occidental, de un análisis desde el punto de vista de lo que encontramos en el nuevo local de comida callejera de las tascas, pero nunca comparando con ningún templo purista porque no tengo referencias. Aunque obviamente, el que más y el que menos ha probado el falafel, el humus o el yogur como base de la cocina árabe.

Ghalboun Village

Dónde:
C/ Enrique Villar, 6
Precio:
Unos 15 euros por persona.
Horario:
Cierra lunes al mediodía.
Teléfono:
622 569 735

Dicho esto, el restaurante parece ofrecer un servicio de comida rápida para jóvenes imberbes que buscan sabores diferentes sin que les grapen la cartera, pero las seis mesas disponibles, la decoración informal y un servicio realmente agradable y rápido lo convierten en un bar para todos los públicos.

La carta se divide en entrantes, sandwiches, tablas -el relleno de los sandwiches acompañado de ensalada de col-, zumos naturales y postres, básicamente. La parte más interesante de la comida es sin duda el principio y el final de la experiencia; entrantes caseros como el falafel -croquetas de garbanzos con salsa de tahina (sésamo)-, el mutabal -berenjena asada con tahína, ajo y limón-, el fatteh -garbanzos hervidos con yogur, tahína, ajo, picatostes, comino y pimentón- o las berenjenas Ghalboun, encurtidas en sal y rellenas de nueces son platos deliciosos, perfectamente compatibles unos con otros para ir cambiando de plato cada dos bocados y una excusa más que solvente para visitar el local libanés.

Para el mutabal, que es una crema parecida en textura al hummus, el local ofrece un pan redondo parecido a la fajita mexicana para ir rompiendo con las manos que mientras se mantiene caliente resulta muy apetitosa, pero que al enfriarse pierde elasticidad y cariño.

El falafel es el más rico que he comido nunca. Las manos artesanas de la cocina son más que evidentes en este típico plato que resulta crujiente y sedoso, sin matices algunos de aceites desagradables. Gran aperitivo.

Además, la carta también recoge un tomate partido con aceitunas, coliflor frita con salsa de tahína y variantes de pepino y nabo para limpiar la boca, la rica salsa de yogur en solitario y unas patatas fritas descongeladas que más tarde podéis ver en el relleno del sandwich de pollo, si os decantáis por este plato fuerte.

Los sandwiches no lo son realmente. De hecho, son más parecidos a un kebab que a un sandwich típico. El plato consiste en el pan libanés enrollado relleno de diferentes ingredientes. Por ejemplo, el de pollo taouk lleva pollo marinado, patatas fritas, salsa especial de ajo y variantes; el kofta de carne viene relleno de carne picada y marinada con hummus, patatas fritas, variantes, tomate, cebolla, perejil y zumaque -planta de sabor ácido-; también los hay de ternera con pimientos en fajita y algún vegetariano con la coliflor y la berenjena como protagonistas del bocado. Como digo, un bocado que recuerda al kebab y que se come con las manos al más puro estilo 'street food'.

Los mal llamados sandwiches no están mal, pero bajan el nivel de los entrantes y de los postres, los cuales son realmente recomendables. Por lo menos los dos que pruebo: el knefe, una especie de flan a base de mozarela y leche, y las galletas maamoul, caseras y rellenas de dátiles.

A Ghalboun Village le falta mejorar el pan, algunos ingredientes de los rellenos, como las patatas fritas, e introducir algún plato de cocina más consistente para quienes preferimos probar cosas nuevas, y estoy seguro de que se convertiría en un referente de la cocina temática en Murcia. A cambio, tiene un precio muy económico para que nadie se quede en la puerta.