Tomy Ceballos: «Estoy con las tecnologías desde siempre»

El fotógrafo Tomy Ceballos, fotografiado en su estudio de Murcia. /nacho garcía / agm
El fotógrafo Tomy Ceballos, fotografiado en su estudio de Murcia. / nacho garcía / agm

Una serie de obras digitales surgidas de la paz y el silencio

PEDRO SOLER

Lo que busca «es lo que he buscado siempre: que el mundo no sea tan vacío, y llenarlo de cuanta más poesía mejor, porque sin poesía y sin belleza, ¿a dónde vamos? Aunque sea mucho más fácil destruir que crear, yo me dedico a crear». Lo afirma Tomy Ceballos (Caravaca de la Cruz, 1959) a propósito de 'Océanos Pacíficos', la exposición que presenta en el espacio Arquitectura de Barrio, pero no basada en la fotografía, que siempre ha dominado, sino en imágenes digitalizadas, porque «hay que pensar que estamos en el siglo XXI, y, en cuestión de muy poco, esto va a dar un cambiazo bestial. Ya lo estamos viendo por ejemplo, en el VAR. La tecnología está cambiando toda la faz de la tierra, y tenemos que estar preparados, porque si no, uno se convierte en un analfabeto». Asegura que, pese a todo, él no se monta ahora en el carro tecnológico «porque estoy con las tecnologías desde el principio, desde siempre. Tenía quince años y me subí a lo primero que consideré, como era el laboratorio fotográfico. Entré a saco, para no salir. Mi hermano tenía una cámara que no me dejaba, pero sí entrar en el laboratorio, donde me pasaba la noche con la ampliadora y los productos químicos».

'Océanos pacíficos'

Dónde:
Arquitectura de Barrio (C/ Julián Calvo, 6. Murcia).
Horario:
de lunes a viernes, de 10.00 a 13.30 y de 17.00 a 19.00.
Cuándo:
Hasta el 27 de julio.

Recuerda cómo ha evolucionado, porque, «cuando surgieron los ordenadores, también empecé con ellos. Creo que las tecnologías son un reflejo de nosotros mismos, herramientas que nos definen, con las que trabajamos y creamos. También cambia mucho tener un estudio virtual o matemático. Yo lo tengo matemático, porque cualquier punto de mi estudio está controlado por esta matemática, que también está cambiando la faz de la tierra. Todo evoluciona a una velocidad que uno no se puede perder. Si uno tiene curiosidad, lo que no tiene sentido es apartarte de esto».

¿Hay algo más concreto que le impulse a realizar las piezas de la exposición? «Aunque no me gusta mezclar estas cuestiones, mi niña nació hace casi siete años, y, desde entonces, para mí no ha sido lo mismo a la hora de viajar y hacer exposiciones. La que ahora presento me recuerda los momentos en que la niña y la madre se duermen, y yo me pongo a estudiar con el ordenador cómo se trabaja utilizando las nuevas herramientas. He estudiado durante muchos años, y ahora he empezado a crear. De hecho, tengo muchísima obra en el ordenador y me decidí a mostrarla. Esto es una industria y, si consigo, de alguna manera, que empiece a moverse, y se vendan los cuadros, quizá la próxima exposición sea distinta».

Dice que lo que las obras representan es «como edificios de barrio, pero también quería mostrar la paz que he encontrado, porque he estado trabajando en momentos de paz y silencio, que son motivaciones que necesita la gente, porque el espíritu humano sin paz y silencio no va a ningún lado. También necesitamos entretenimiento, porque sin esto, la vida tampoco tiene muchos sentido». Para la exposición, ha escrito un texto de corte poético, que no debe extrañar, porque el primer premio que recibió Tomy Ceballos fue, precisamente, uno de poesía. ¿Sabe qué busca cuando se planta ante el ordenador? «No. Siempre parto del lienzo en blanco. Cuando empiezo, solo está el vacío. Acaso me sucede como al músico, que está en su estudio y quiere componer una canción. Empieza de la nada. Puede tener en la mente unas notas que ha ido cogiendo por el camino, pero quizá, cuando decide seguir, se da cuenta de que es una mierda. Lo mismo podría sucederle al poeta, aunque puede ser que, escribiendo un poema, se le haya ocurrido otra cosa, que llegue a ser sublime. Así es la creatividad».

¿Ha encontrado la creatividad en el ordenador? «¿Por qué no? La creatividad no es antigua ni moderna. Es eterna. Y ahora mismo está cambiando muchísimo, aunque no nos damos cuenta, porque estamos demasiado entretenidos con tanta noticia, tanta imagen y tanto follón».

Para Ceballos, su trabajo en el ordenador no le supone «ni más ni menos que la fotografía, porque yo tengo mi pensamiento, con las cosas metidas en mi espíritu. Son como líneas, una palabra que me gusta mucho, porque salió de un libro de matemáticas para niños, en Egipto. Cuando, hace muchos siglos, empezaron a repartir tierras, hacían una cuerda con lino, que servía de tiralíneas, para trazar los trozos de tierra rectangulares. Como se advierte, es también una función matemática, algo mágico».

Le gustaría conectar con el espectador. «¿A quién no?, pero, en realidad, yo no sé hacer otra cosa que lo que me da la gana. Es que si un artista no crea, ¿quién va a crear? Si tengo que estar copiando a los demás o siguiendo tendencias, no me sentiría artista. Saco lo que tengo en el espíritu a través de la herramienta. Me dejan un martillo y unos clavos, y, si no tengo otra cosa, crearé con eso».

Océanos como nubes blancas

«Océanos pacíficos para mí son las nubes blancas, inmensas, de vapor de océano y querubines que, a veces, flotan sobre nuestras cabezas. También, una sonrisa que te inunda la cara y te sorprende como cubo de agua fresca, recordando una loca décima de segundo de la vida. O una mirada cómplice a cámara lenta con conato de saludo de alguien agradablemente extraño que pasa a toda velocidad».

 

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