Un tapeo sentado

Interior del establecimiento con algunas de las sorpresas que depara la experiencia. / VICENTE VICÉNS / agm
Interior del establecimiento con algunas de las sorpresas que depara la experiencia. / VICENTE VICÉNS / agm

Zequia abre sus puertas con una propuesta basada en las tapas tradicionales y algunos platos ideales para tomar al centro

SERGIO GALLEGO

El subtítulo del cartel del bar Zequia es toda una declaración de intenciones: 'Pintxos y tapas'. No engaña a nadie, aunque en este nuevo local de Churra encontramos platos individuales que perfectamente podemos compartir al centro de la mesa y, dicho sea de paso, parece un tanto reiterativo eso de 'pintxos' y tapas, ya que no encuentro una diferencia clara entre uno y otro más allá de la procedencia de la elaboración.

Ocho mesas

El local dispone de una buena barra, aunque es de ese tipo de garitos en los que la barra no se usa demasiado, ya que la gente tiende a sentarse en una de las ocho mesas disponibles. La oferta es bastante acertada en cuanto a satisfacer a públicos dispersos que prefieren un poco de jamón, tomate partido con bonito, tabla de quesos o queso de cabra relleno de verduritas, a croquetas caseras, huevo a baja temperatura, lasaña de verduras y gamba con fideos de pimentón o pollo ajedrez, solomillo ibérico con espuma de patata, cebolla caramelizada y piquillo o a quienes se decanten por unos callos en salsa con crema de patata.

Zequia

Dónde:
Avda. Vicente Aleixandre, 18. Churra (Murcia).
Teléfono:
968 168 868.
Horario:
cierra lunes todo el día, domingos noche y martes mediodía.
Precio:
unos 22 euros por persona.

A simple vista, uno puede confirmar que los precios están bien ajustados y puede pedir sin miedo. Yo comienzo casi sin posibilidad de negarme -por las reiterativa insistencia del camarero- a probar la ensaladilla de palitos de surimi, puerro en crudo y mahonesa. Si bien a la ensaladilla le sobra la potencia del puerro, quizás debería de haber estado un tiempo en agua y hielo para que perdiese fuerza, el resultado es aparente y original, como poco. Continúo con unos correctos caballitos que en vez de haber sido rebozados en una masa orly o tempura han sido envueltos en pasta 'brick', con una gota de mahonesa de soja a modo de mejoría significativa. Qué difícil es encontrar un caballito tradicional, con una buena gamba y con un rebozado jugoso, crujiente y esponjoso como los de antes. Qué difícil.

Tortilla de bacalao

La croqueta de marisco es, sin duda, uno de los bocados más acertados de los que me embaúlo en el nuevo bar de Churra, por su cremosidad y, sobre todo, por llevar un relleno abundante de ricos tropezones marinos. Más flojo encuentro el ravioli de setas con salsa de foie y crujiente de cebolla.

Encuentro muy cuajada la tortilla de patatas y bacalao, a pesar de que indico al camarero que la prefiero jugosa, aunque no líquida. Entiendo el miedo de los cocineros a sacar de cocina una tortilla de bacalao como las que hacen en el País Vasco, pero, sin duda alguna, es como más la disfruto. Un buen tomate con bonito y aceitunas y un punto final al mundo salado con unos solomillos -también pasados de cocción- sobre un pimiento de piquillo y una cebolla bien pochada y una hamburguesa de ternera con una buena guarnición de tomate, lechuga y mahonesa de kimchi.

En definitiva, un buen bar para tapear sentado en la pedanía de Churra que, sin duda, amortigua de alguna forma el cierre del restaurante italiano La Mariposa, dándonos una alternativa que no está nada mal.