Restaurante Maloca, punto cardinal

Una de las mesas del restaurante Maloca, con vistas al mar. /
Una de las mesas del restaurante Maloca, con vistas al mar.

El establecimiento abre sus puertas en un entorno idílico, junto al Mar Menor, con una propuesta para todos los gustos

SERGIO GALLEGO

Quien estuvo en la discoteca ZM asegura que fue una época muy bonita de la fiesta, del tardeo y del postureo en La Manga. Desde luego, a tenor de lo que queda de aquella aventura de ocio nocturno, la ubicación, uno puede hacerse una idea aproximada. Ahora el espacio está ocupado por Maloca, un restaurante con tres ambientes diferenciados, con una carta para dar servicio a todo el mundo y con unas vistas al Mar Menor asombrosas.

Además, el techado del principal espacio del restaurante no solo lo han hecho con gusto, sino que respeta la sensación de comer en primera línea de playa, a la vez que te sitúa en un restaurante de mantel y platito para el pan.

Maloca | La Manga (Cartagena)

Cocina
7
Calidad / precio
7
Servicio
6
Local
9
Bodega
6
Nota media
7

La oferta es variada, pero no marea. Ensaladas, entrantes, una excesiva selección de carnes, pescados, arroces y pastas. La de vinos, por el estilo, aunque sin aportar el dato fundamental de la añada de cada referencia. Respecto a la de comida me llama la atención tanta referencia de carnes estando en un local tan pegado al mar. Que digo yo que si uno quiere comer carne se va a Ricote, por ejemplo, y no a la orilla del mar. Pero en líneas generales, el restaurante deja entrever una clara intención de hacer de productos reconocibles unas elaboraciones con un punto de la personalidad propia de Maloca. Como por ejemplo, un tomate en pirámide con atún, salmón y palometa, unas croquetas de marisco con jugo de bogavante y alioli de plancton, rejo de pulpo en tempura, o lomo de atún con foie.

Gambas rojas

Comienzo con unas estupendas gambas rojas hechas a la plancha -cinco euros la pieza- y con unos huevos rotos a baja temperatura con patata trufada, setas y foie con más mano en la cocina en los puntos de cocción que presencia de la propia trufa. Una excelente corvina con una vinagreta ligera a base de huevas de merluza, algas fritas y botarda -hueva de pescado en salazón rallada-. Sin duda, el plato más afinado en punto de cocción de la experiencia.

La curiosidad de probar un buen taco de atún con un foie fresco es más incipiente de lo que puedo manejar. Bien de punto, con una salsita de cabezas de gamba y con la delicadeza de situar unas láminas de fresa en la parte superior para levantar la posible pesadez de la grasa del hígado. Buen plato, aunque el corte del pescado no es el más jugoso posible.

Para terminar, arroz a banda. Meloso, con una buena cantidad de tropezones de calamar, pescado y gambas -diminutas- y con un sabor notable a frutos del mar.

En los postres, una de cal y otra de arena. La leche frita llega a la mesa con un basto rebozado que recuerda más a un empanado de panko que a la sutileza que se le espera a estas horas de la comida, y una 'créme brûlée' con presencia importante de matices cítricos bien ejecutada.

Me voy con una última ráfaga de brisa marina, un gin- tónic en el cuerpo y la sensación de que Maloca va a ser uno de los puntos cardinales de este verano.