Alkimia New Tavern, potencial y potencia

Los dueños de Alkimia, Iker López y Jesús Mellado. / ENRIQUE MARTÍNEZ BUESo
Los dueños de Alkimia, Iker López y Jesús Mellado. / ENRIQUE MARTÍNEZ BUESo

El restaurante abre sus puertas dispuesto a no pasar indiferente entre el público de Alcantarilla y propone elaboraciones con un alto nivel de sabor

SERGIO GALLEGO

Pocos restaurantes que hayan abierto sus puertas este año en la Región tienen tantos y tan buenos argumentos como Alkimia New Tavern para triunfar. Los propietarios, Jesús Mellado e Iker López, y el actual jefe de cocina se encontraron en el reconocido restaurante Cabaña Buenavista y, tras varios años cosiendo a conciencia un paracaídas más o menos solvente, saltaron al vacío empresarial para llevar a cabo su sueño gastronómico en Alcantarilla.

La sala dispone de una manejable carta de vinos muy bien seleccionada, aunque con falta de algunos detalles explicativos imprescindibles como la zona, la Denominación de Origen o el tipo de uva. Después, Jesús se encarga de descorchar el corte de vino que más te apetezca según el estado de ánimo que traigas al local. Algunos gestos de la sala aún están por pulir, como el del acomodo de restos de un plato a otro, más propios de los bajos precios de los platos que del nivel que se espera de ambos profesionales.

Alkimia New Tavern

Dónde:
Alcalde Rodrigo Manchón España, 4.
Teléfono:
868 172 331.
Horario:
lunes y martes de 8.30 a 17.00 horas. De miércoles a viernes, también de 20.30 a 00.00 horas. Sábados de 12.00 a 17.00 y de 20.30 a 00.00 horas y domingos solo de 12.00 a 17.00 horas.
Precio:
unos 30 euros por persona.

El segundo buen ingrediente del restaurante es el espacio. Además de un comedor sencillo y austero, luminoso y acogedor, Alkimia luce una gran barra metálica ideal para los aperitivos del fin de semana. Completa el espacio una terraza pensada para los fumadores.

La cocina es quizás la parte con más potencial y, tal vez, la que más ajustes debe hacer del local. Con claros movimientos técnicos, con un producto correcto y con una estructura evidente de crear platos -cremas, ácidos y crujientes-, la joven dirección de cocina basa sus elaboraciones en la potencia de sabor, olvidando, en alguna ocasión, el respeto por el producto protagonista. Queda en evidencia en los aperitivos de la navaja, el tartar de salazones o incluso en el caballito, tres platos de sabores intensos, agradables a la boca, pero con una estructura y conjunción demasiados similares entre sí.

La croqueta reitera el rebozado del caballito y de las alitas de pollo, pero la crema de gallina en pepitoria bien merece la pena para empezar un tapeo informal en el restaurante. Las alitas, como digo, están rebozadas en pan chino, más aireado y crujiente que el pan normal, aunque la salsa de sus cabezas -también con una crema ácida- elimina cualquier rastro de sabor a mar posible.

Absolutamente delicioso encuentro el mejillón en escabeche, servido, igual que la navaja con mole verde, mahonesa y cítricos, en una lata metálica de conserva. El tartar de salazones viene con un ajoblanco y aire de manzanilla de Sanlúcar de Barrameda en un bien intencionado aperitivo que puede resultar muy apetitoso a poco que se regulen los niveles de sus componentes que aportan un batiburrillo de sabores poco matizados.

Estupendas costillas

Las alitas deshuesadas no vienen solas. Un chucrut de lombarda y cebollino y salsa cantonesa respaldan a la perfección al crujiente y modesto plato. Demasiado arropadas encuentro unas estupendas costillas de cerdo cocinadas durante 48 horas que se acercan a la mesa napadas de salsa barbacoa casera y dos prescindibles cremas: de tupinambo y de boniato. Ambas, por cierto, deliciosas, a la vez que otro buen ejemplo de esa búsqueda desmedida de la potencia de sabores por parte de la cocina.

Muy redondo encuentro el plato de bonito en semisalazón con gelatina de tomate y picadillo de pepinillo y, otra vez demasiado sabroso, un arroz negro con pescado que, muy acertadamente, antes de ser depositado en el interior de la paella, ha sido asado en el horno Josper -al carbón- para darle al comensal matices ahumados muy agradables.

La versión de la torrija del restaurante está servida en un cuenco para comer con cuchara aunque, a mi parecer, hay que buscar demasiado la parte de pan en el interior del plato. La muerte por chocolate, un brownie con tierra, helado y sopa de chocolate en diversas formas y sabores ideal para ese tipo de personas que necesitan el chocolate para dar por finalizada una buena comilona.

Técnicas refinadas, intención y un buen abanico de matices que con un poco de orden resonarán muy pronto más allá de Alcantarilla.

 

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