Un paseo por los orígenes de la huerta murciana

El director de 'Arquitectura de Barrio', Enrique de Andrés, durante la ruta de la acequia./LV
El director de 'Arquitectura de Barrio', Enrique de Andrés, durante la ruta de la acequia. / LV

El estudio 'Arquitectura de Barrio' organiza un recorrido por los monumentos más importantes que se construyeron en torno a la acequia Aljufía

SANDRA RUIZ, MÓNICA MILLÁN Y J. DANIEL GONZÁLEZMurcia

La ruta por la calle de la Acequia es un recorrido por el entramado de caminos de la ciudad de Murcia que, en la actualidad, conforman el trazado de la acequia mayor Aljufía. Este recorrido se puede disfrutar los días 7 y 8 de marzo de 18.00 a 20.00 horas.

Los directores del estudio 'Arquitectura de Barrio' y creadores de esta ruta, Enrique de Andrés Rodríguez y Coral Marín Marín, pretenden dar a conocer la importancia del patrimonio cultural que rodea a este histórico tramo. Enrique y Coral aseguran que este proyecto supone el conocimiento adquirido durante toda una vida.

«Nuestro objetivo es que se conozca la importancia de la cadena de monumentos que se ha generado por la existencia de una acequia, algo que ha dado lugar a la huerta murciana», recalcan Enrique y Coral. «Queremos que Murcia sea huertana».

Recorrido de la ruta

1.
Jardín de la Seda
2.
Las Agustinas
3.
Museo de la Ciudad
4.
Real Fábrica de Salitres
5.
Ermita del Salitre
6.
Casa de los Nueve Pisos
7.
Iglesia de San Miguel
8.
Palacio e Iglesia de San Esteban
9.
Yacimiento de la Arrixaca
10.
Portillo de San Antonio
11.
Gran Vía
12.
Arco de la Aurora
13.
Teatro y Plaza Romea
14.
Las Claras
15.
Escuelas Graduadas
16.
Plaza e Iglesia de Santo Domingo
17.
Palacio de los Velez
18.
Convento de las Anas
19.
Teatro Circo
20.
Puerta Nueva / Iglesia de la Merced

El trayecto que comienza en el Jardín de la Seda y pasa por todos aquellos edificios y construcciones que surgieron a raíz de la acequia pretende dar visibilidad a un patrimonio cultural que «no es nunca un objetivo político, más allá del interés que pueda tener alguien determinado en un gobierno o dentro de un proceso de elecciones«, denuncia Enrique de Andrés.

La Aljufía, nombre procedente del árabe que significa «la del norte», fue una de las primeras acequias en construirse en el siglo IX. La edificación nace entre las pedanías de Javalí Nuevo y Javalí Viejo, fluye en paralelo al río por su lado norte, dando riego a estas tierras. A día de hoy la acequia discurre oculta por el subsuelo de Murcia y vuelve a superficie a la entrada de Puente Tocinos.

En la antigüedad, el canal tuvo una importancia clave en el desarrollo de almunias (huertos o granjas) durante la ocupación árabe de la Penísula. Durante el periodo de conquista cristiana a Murcia llegaron nuevas órdenes religiosas -como la de Las Agustinas-, asentadas en el recorrido del reguero, lo que supuso un impulso para la primera industria de la Seda y del Salitre. El siglo XVIII es considerado el 'Siglo de Oro' de Murcia gracias al cultivo de la seda. La visita de la reina Isabel II a la ciudad trajo consigo muchas inauguraciones, como la de la estación de tren, que «se construyó en un principio de manera provisional para que en la visita de la reina se pudiera inaugurar y 150 años más tarde sigue en pie», explican Enrique y Coral.

En el siglo XIX se crea la fábrica de seda La Tolonesa, la cual fue demolida un siglo después y acabó convietiéndose en un jardín público en 1990, que a día de hoy recibe el nombre de Jardín de la Seda y que conserva aún la chimenea de aquella industria del pasado.

La visita llega a una de sus paradas más icónicas: el convento de Las Agustinas. La construcción de estilo barroco, fundada en el siglo XVII, es la segunda más grande de la época. Tras la Guerra Civil fue abandonado por las monjas y convertido en cárcel donde se trasladaban a los presos republicanos. En 1981 fue declarado Bien de Interés Cultural. La edificación religiosa de la Iglesia de San Miguel, también barroca, sufrió el derrumbe de su torre debido a las filtraciones de agua de la acequia Aljufía.

Yacimiento de San Esteban.
Yacimiento de San Esteban. / ALFONSO DURAN / AGM

El canal sigue su paso por el antiguo arrabal de la Arrixaca, descubierto tras la puesta en marcha de un nuevo 'parking' subterráneo para la ciudad en 2009. En el yacimiento árabe se hallaron restos humanos, los remanentes de un manicomio, muros, un antiguo jardín... Enrique de Andrés señala que «es la parte más importante de la visita». Es el único yacimiento del mundo con una extensión de 10.000 metros cuadrados que se conserva en semejante buen estado. Enrique recalca orgulloso: «Somos unos afortunados. El yacimiento puede suponer algo tan imporante como para Cartagena su teatro romano, con la diferencia de que como esto solo hay uno en el mundo».

Tras recorrer lugares tan icónicos como una Gran Vía iluminada, el Teatro Romea o la Plaza de Santo Domingo, el paseo llega a su fin en la calle Enrique Villar, junto al Teatro Circo. En este punto el recorrido de la Aljufía cambia de nombre por Acequia Benetucer.

La histórica acequia de la Aljufía

Por el valle que se encuentra Murcia pasaron todas las culturas: íberos, romanos, visigodos..., pero todos ellos fueron incapaces de controlarlo debido a la largas temporadas de sequía y de fuertes tormentas que lo inundaban.

Las culturas del norte de África en el siglo VIII y IX, acostumbradas a esta situación fueron capaces de establecerse en este territorio. Transformaron totalmente el valle a través de la técnica de red de regadío, como así explica Enrique de Andrés y añade que «gracias a esto estamos viviendo aquí».

Debido a que el valle tenía una «curiosa» forma de uve, se hizo necesaria esa red de regadío, permitiendo que la presa del pantano frenara es agua y la acumulara para crear dos acequias: la del norte y la del sur.

Primero, se construyó la acequia árabe del norte, que recibe el nombre de Aljufía; y luego la del sur, denominada Alquibla. Otra de las ventajas de esta red es que se aprovechaba como sistema de drenaje. Una vez que se regaban todas las tierras, se recogía ese agua y se volvía a canalizar, por lo que se trata de un un ciclo cerrado introducido en España por la cultura árabe que permitía la sostenibilidad del entorno.

El primer asentamiento de Murcia se produjo en el año 825 y probablemente recibió ese nombre por los arbustos mirtos. Con la llegada de los cristianos, el nombre se fue transformando: de Mursiya evolucionó al nombre actual, Murcia.

Esta acequia también supuso el límite norte del núcleo urbano. La ciudad creció con mucha rapidez, llegando en el siglo XIII a los 70.000 habitantes, un número muy elevado para la época. Paralelamente, aparece el primer barrio, el de La Arrixaca, de forma que la ciudad se fue desplazando hasta el Malecón, recorriendo la muralla que iba por la calle Sagasta y la calle Santa Teresa hasta llegar a la Universidad.

La construcción de esta acequia fue tan importante que se convirtió en la primera fuente de energía y, gracias a ella, se desarrollaron todos los procesos industriales posteriores.