Parada y fonda

Javier Martínez, en la terraza del restaurante Orequia, en La Manga. / pablo sánchez / agm
Javier Martínez, en la terraza del restaurante Orequia, en La Manga. / pablo sánchez / agm

Orequia Beach Club abre sus puertas en La Manga a orillas del mar con la intención de apostar por el producto y los pescados a la brasa

SERGIO GALLEGO

Con apenas quince días abierto, presentarse en el restaurante Orequia Beach Club para ver en primera persona lo último de la gastronomía de La Manga puede llevar a engaño, a confusión. Pero tras ver algunas fotos en redes sociales de los primeros clientes, uno, que es más curioso que un gato, no puede más que hacer una primera visita relámpago y confirmar las buenas vistas del local. El personal se está asentando, los platos perfilando y la oferta principal del restaurante terminando de llevarse a cabo, pero aun así, la experiencia es muy recomendable.

El local tiene el encanto de ofrecer una terraza en primera línea de playa en el lado del Mediterráneo de La Manga, lo que lo convierte en uno de los mejores restaurantes de la Región para ir con niños que tengan cierta autonomía para hacer castillos en la arena. En el interior, un comedor amplio y una barra para servir a medio centenar de clientes a la vez, pero que con un poco de habilidad deberíais evitar reservando en la terraza con tiempo.

Orequia Beach Club. La manga

Dónde:
Gran Vía de La Manga Km 6. Edificio Torremares
Precio:
Unos 40 euros.
Horario:
No cierra.
Teléfono:
692 731 133

La oferta gastronómica es clásica murciana en los aperitivos; marineras, hueva, salpicón de pulpo y croquetas, por ejemplo; y bastante variada en los entrantes y platos fuertes; con boquerones fritos, calamar a la plancha, arroces marineros o tartar de atún -¡cómo no!-, y una buena selección de carnes rojas en formato hamburguesa o en filetes como entrecot, solomillo o chuletón.

Pero el atractivo principal del restaurante está por llegar. Además de algunos platos que irán rotando según el producto de la plaza, Orequia Beach Club tiene la sana intención de poner unas brasas para acostar sistemáticamente pescados frescos de la zona. Es decir, que más allá de la sardina a la brasa, en este restaurante del kilómetro seis de La Manga podremos degustar rodaballos, doradas, lubinas, calamares y demás bichos marinos pasados por el aroma de las brasas. Además, las carnes mencionadas, que desprenden madurez -sobre todo la chuleta-, también se cocinarán al fuego.

De mi experiencia, especialmente bueno encuentro el pulpo frito, que viene acompañado de una imponente cama de puré de patata con aceite de pimentón. El animal ha pasado por el horno hasta que ha quedado tierno como el agua y, seguidamente, se ha sumergido en aceite caliente quedando tierno en el interior y con unos tentáculos crujientes muy agradables. Mucho más rico, para mi gusto, que el pulpo roquero a la plancha, aunque no tanto como un trocito de pulpo a la murciana con un chorrito de limón y un toque de pimienta.

Hueva y mojama con excelentes almendras fritas y una especie de caballito que en realidad es una buena gamba envuelta en pasta wanton frita y acompañada de una salsa a base de soja, ajo y limón. Los chopitos, crujientes, a falta de ser un productazo fresco y sabroso, respetan con el precio al comensal -8 euros el plato-.

Más floja sale de la cocina una brocheta de atún, salmón, gamba y champiñón portobello, aunque no por la calidad del producto, que encuentro de muy buena calidad en toda la comida, sino que el afán de no pasar el pescado ha dejado los ingredientes crudos. Eso sí, viene con unas algas wakames, una salsa a base de wasabi y una teja finísima de tinta de calamar que dan un aire moderno al plato.

Los boquerones fritos apenas llevan rebozado y, aunque no estamos en la mejor temporada por la falta de grasa en el pescado, el punto de cocción es bueno. Termino con un atún sobre ajo negro, pisto murciano y un espárrago verde perfectamente cocinado. Un buen plato antes de llegar al postre y reencontrarme, veinte años después, con una macedonia de frutas. Como lo lees.

A las brasas ya les queda poco para estar a pleno rendimiento en Orequia Beach Club. ¿Se imaginan un rodaballo a la brasa, con su gelatina, su ventresca y ese sabor primitivo que aporta el carbón? Pues eso.

 

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