Paco Ñíguez les espera en sus mundos

El pintor Paco Ñíguez, delante de una de sus obras./ maría Ñíguez vivancos
El pintor Paco Ñíguez, delante de una de sus obras. / maría Ñíguez vivancos

El pintor cartagenero expone 'Noche Transfigurada' en el Muram de Cartagena, una selección de obras cargadas de misterio y con su sello inconfundible

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

Es cierto, el silencio no es un visitante más en la exposición 'Noche Transfigurada', del artista Paco Ñíguez (Cartagena, 1959), que comisariada por Juan García Sandoval, y organizada por la Consejería de Turismo y Cultura, puede disfrutarse en el Muram de Cartagena hasta el 10 de marzo. El silencio acompaña con ademanes exquisitos al visitante durante todo el recorrido, lo mima, le va presentando los cuadros elegidos y hace que tienda sus manos hacia las de los personajes que aparecen en las obras, tan vivamente extraños a todo lo real y también a los sueños, para que se produzca una familiaridad que te atrapa y un ritmo poético que te acerca a lo contemplado como si tuvieses la certeza de que todo está pintado para ti, para que descanses en las imágenes, o te escapes con ellas, o las seduzcas o las interrogues, o te dejes penetrar por sus miradas inmensas, por sus tristezas y sus juegos a través de todos los tiempos...

De Paco Ñíguez, pintor y dibujante, asegura el también pintor, y poeta, Luis González-Adalid: «Nunca quiso jugar al juego de las conveniencias, de lo que se lleva, de la obra fácil u ocurrente; nunca le importó demasiado lo que se pueda estar haciendo en Madrid, en Berlín o en Nueva York, lo que se pueda valorar ahora o vender mañana, lo que se comenta en las grandes ferias, lo que justifica y avala la crítica con sus discursos o lo que promueva o premie la oficialidad». Y esto sucede porque «apartado de todo ello y con los medios más someros, más tradicionales y evidentes, se basta para dar vida a sus afectos, a sus certezas, o para intentar dar respuesta a sus preguntas o a sus desconciertos».

'Noche Transfigurada'

Artista
Paco Ñíguez.
Exposición:
'Noche Transfigurada'. Óleos sobre lienzo y papel, y otras técnicas mixtas.
Dónde:
Museo Regional de Arte Moderno de Cartagena (Muram). Plaza de la Merced. Cartagena.
Hasta cuándo:
10 de marzo de 2019.

Trabaja el artista cartagenero, como explica González-Adalid en el catálogo de la exposición, «inmerso en sus evocaciones, en sus realidades y en sus sueños, apartado del insoportable ruido mediático y de gestores y artistas tan ciegos de actualidad como ciegos de mundo». Pasa el tiempo, y «sigue pintando con el convencimiento de quien necesita construir un espacio vital a salvo, un territorio personal, con aquello que más siente, que más le afecta y con una inquebrantable fe en las posibilidades de la pintura, asombrado existencialmente ante lo que a través de ella surge o puede él mismo convocar en un ritual infinitamente repetido a lo largo de la Historia». Sí, así es, «como ya convocaba el chamán del Paleolítico que veía que las cosas estaban ahí y que solo había que sacarlas o hacerlas visibles».

En el caso de Paco Ñíguez, destaca González-Adalid, no pasa desapercibida «la forma material que adquieren sus personajes, a menudo inmersos en escenografías inclasificables, conformadas por miradas entrecruzadas, composiciones geometrizadas con trazos y objetos improbables que en su quietud adquieren una presencia simbolizante a la manera de los pintores metafísicos de principios del s. XX». Ni tampoco la fuerza que adquieren los afectos soterrados, los afectos negados u olvidados, esos afectos que se convierten en nidos donde se posan «de vez en cuando inevitables vacíos, vacíos como ausencias de plomo, como agujeros negros que atrapan y engullen la mirada».

La boca, los ojos

Y propone el pintor y poeta que recordemos estos versos de Antonio Gamoneda: «... como se comprende un fruto con la boca, una luz con los ojos». Así se comprenden las obras de Paco Ñíguez, degustándolas como si fuesen comestibles, dejándote cegar por su luz interior, no temiendo sus nieblas ni a los seres prodigiosos que las habitan.

Pintura y palabras. Historias y sugerencias, olvidos, leyendas, geografía... Y una 'Cabeza de mujer', pintada hace unos meses, que nos gustaría que nos mirase a los ojos y nos suplicase un beso. «Sus obras», indica José Luis Martínez Meseguer, «nos narran, cuentan, relatan, mencionan, refieren, describen, rememoran. En esto sigo a Pessoa, para quien todo arte es una forma de literatura. O, a lo mejor, como indicaba Jung, somos nosotros los que nos proyectamos en nuestra mirada, e interpretamos su mirada, su narrativa». Un conjunto de obras -óleos sobre lienzo y papel, y otras técnicas mixtas- en las que no faltan «puertas mágicas y mundos paralelos, ni irreales ni fantásticos, tan reales como éste pero paralelos. Puertas hacia explicaciones que solo pueden darnos los sentidos».

El propio artista, tan dado también él mismo al silencio, toma ahora la palabra: «No se trata de crear enigmas, sino de proponer sugerencias, de dar algunas pistas para que el espectador indague». En su opinión, «una obra de arte es como un menhir, en apariencia una piedra larga y vertical clavada en el suelo. Podemos hablar interminablemente de su función... En definitiva, recreamos lo creado». «Pero a pesar de las palabras -añade-, el menhir existe con todo su misterio y debiera hacernos enmudecer si no fuera por la costumbre de tener que explicarlo todo y el empeño en distanciar con las palabras aquello que es reflejo de nosotros mismos. Lo que yo pueda decir sobre mi obra puede ser orientativo hasta cierto punto, pero no revelador. La revelación proviene siempre de la contemplación».

«Ese mar expectante, como entre dos guerras»

«En la obra de Paco Ñíguez hay algo de ese momento del amanecer en que el mar -el de Cartagena, su mar natal- se queda como expectante, como entre dos guerras. Y nos atrapa para siempre ese fondo de duermevela, un poco opresivo, de los cuadros de este creador que construye pacientemente su obra, ejecutándola con maestría».:: MIRIAM GUARDIOLA

 

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