Las migas diarias

Migas y embutidos, la razón de ser de la venta El Peretón. / vicente vicéns / agm
Migas y embutidos, la razón de ser de la venta El Peretón. / vicente vicéns / agm

El Peretón mantiene los embutidos y dulces caseros junto a una carta de platos clásicos y buenas carnes y pescados a la parrilla

SERGIO GALLEGO

Cuando pienso en almorzar como Dios manda, con dos chatos de vino, algo de tocino, guindillas y olivas partidas, un chorizo a la brasa, habas, un tomate con bonito, dos huevos fritos o un plato de migas, me veo sentado en una venta como El Peretón, posiblemente la más antigua de la Región.

El hecho de basar su oferta gastronómica en el embutido y los dulces caseros -tienen despacho de carnicería y panadería- durante tantos años, ha convertido al restaurante en una apuesta segura si quieres darte un homenaje, si dejas de lado algunos platos 'viejunos' que recoge la carta como el carpaccio de salmón, berenjenas rellenas, revuelto de setas con gulas o solomillo a la pimienta o al roquefort. ¡Ojo! Que no digo que estén mal, pero que a mí, personalmente, dejaron de apetecerme este tipo de platos más o menos desde que entró el euro. A cambio, la venta da un pequeño giro incrementando una buena oferta de carnes a la brasa, donde el chuletón es el gran protagonista junto a los pescados como el salmón, la lubina y la dorada cocinadas al fuego.

El Peretón. Sangonera La Seca (Murcia)

Dónde:
Avenida de Lorca.
Precio:
De 25 a 45 euros.
Horario:
De lunes a domingo de 8.00 a 00.30 horas.
Teléfono:
968 802 701

El local es bonito, con encanto propio, una vez pasas al interior. Los dos mostradores casi enfrentados de embutidos y de dulces y panes caseros son todo un espectáculo. Además, una barra con mesas en lo que sería el comedor de diario y, más adelante, un salón más cuidado para comidas que requieren un punto más de intimidad.

Un servicio ágil cuando se trata de camareros, y absolutamente entrañable cuando quien te recibe es una de las propietarias, Encarna Ruiz, segunda generación junto a sus hermanos Pepe y Antonio de la tradicional venta murciana.

Desde mi punto de vista, al Peretón hay que venir en grupo. A ser posible de cuatro o más personas, ya que en cocina tienden a servir platos de una abundancia de comida que puede ocasionar que te pierdas gran parte de los platos recomendables por imposibilidad física.

Por supuesto, hay que empezar con embutido. Pocas cosas son tan sabrosas como un plato de embutido casero recién cortado -desechad los platos con filetes que vengan con las puntas levantadas, ya que es signo de estar en cámara durante bastante tiempo-, con un pan horneado en el día. De hecho, el servicio pone un poco de sobrasada con pan tostado para que empieces a comer casi antes de que te hayas sentado, cosa que agradezco. El camarero no me explica qué hay en el plato de embutido, pero creo que no fallo si digo que viene con dos lonchas de salchicha, chorizo, tocino, jamón, queso, butifarra, blanco, lomo de chato y mortadela.

Como segundo entrante pido un plato de migas que considero tan imprescindibles como abundantes a pesar de que el coche marque treinta grados y no haya ni una nube en cien kilómetros a la redonda. Encarna me sugiere con una sonrisa que las pruebe como ella las hace, que no es otra cosa que poniéndole un huevo frito por encima para darle melosidad a cada cucharada. Los tropezones de cerdo, los ajetes y la yema del huevo, perfectamente cocinada, convierten el plato de migas en un bocado de culto. Los días soleados cuajan diez kilos de harina. Los de lluvia, hasta ciento cincuenta.

Como plato principal me decanto por unas chuletas de cabrito con ajetes acompañadas de unas patatas al ajo cabañil. Si bien le sobra un poco de aceite, la carne se muestra fina y sabrosa. Las patatas han sido cocinadas hasta la saciedad. La textura melosa compagina con un fuerte sabor a ajo y vinagre. Sin miramientos. Tanto, que es imposible maridar el plato con un vino tinto y tengo que pedirme una caña bien fría para ir limpiando a cada bocado. Un cabañil, sin duda, para los que disfrutamos del ajo y del vinagre.

Una gran torrija caliente con helado de turrón y arrope y un chupito de mistela con la tradicional y contundente torta de chicharrones del restaurante dan por finalizada la comida. Posiblemente, la comida más calórica y contundente del año. Esta noche, un vaso de leche con dos magdalenas, un huevo pasado por agua y a dormir.

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