La máscara que todos llevamos puesta

Rocío Bernal, María Alarcón y David García Coll durante un ensayo. / VICENTE VICÉNS / AGM
Rocío Bernal, María Alarcón y David García Coll durante un ensayo. / VICENTE VICÉNS / AGM

Los murcianos Teatro de La Entrega ofrecen la segunda representación de su versión de la obra de Pirandello

NATALIA BENITO

Lloraba Europa por la devastación causada por la Primera Guerra Mundial cuando se estrenó 'Enrique IV', de Luigi Pirandello, en 1922. Casi un siglo después, la compañía murciana Teatro de La Entrega recupera el texto del dramaturgo italiano ganador del Premio Nobel de Literatura en 1934 y ambienta la historia en el presente.

El montaje, una coproducción de los Teatros Romea y TCM con Luis Martínez Arasa como protagonista y acompañado de los actores, todos ellos murcianos, Eva Torres, María Alarcón, Javier Ruano, José María Bañón, Rocío Bernal y David García Coll, se mueve entre la realidad y la ficción.

'Enrique IV'

Cuándo
Viernes a las 21.00 horas.
Dónde:
Teatro Romea.
Entradas:
10, 12 y 15 euros.

José Bote ha versionado y acercado a nuestro tiempo esta historia, manteniendo de fondo las referencias a la sociedad del siglo XI, como hace Pirandello. La trama de 'Enrique IV' que hoy se cuenta en el Teatro Romea, tras su estreno ayer sobre este mismo escenario, es la de un hombre perteneciente a la alta sociedad que, tras sufrir un accidente en una gran cabalgata, queda afectado en su cordura y cree vivir en la época del disfraz que llevaba puesto en ese instante, es decir, se convierte en Enrique IV, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. El protagonista lleva viviendo una ficción en base a esa falsa creencia quince años, el tiempo que ha pasado desde que ocurrió su accidente.

En este viaje por la cordura y la locura, por la verdad y el engaño, según explica la compañía, «el arte y la ficción ofrecen una liberación momentánea del individuo, en cuanto nos permite evadirnos de la servidumbre de la realidad. Desaparecen así la inquietud, el miedo y la necesidad».

El montaje de la compañía ganadora de cuatro Premios Azahar 2017 por '3.000 km' lanza una reflexión sobre qué es la realidad y cómo distinguirla. Además, realiza un análisis sobre esa máscara metafórica o máscara social que todos llevamos puesta, de la que no nos podemos desprender y que nos condiciona a la hora de relacionarnos en sociedad. Un disfraz con el cual, para el director, «somos involuntariamente payasos, cuando, sin saberlo, nos disfrazamos de lo que creemos ser».

 

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