Manuel Pérez le espera en el bosque

Manuel Pérez, con sus obras expuestas en la Sala de la Glorieta del Ayuntamiento de Murcia. / NACHO GARCÍA / AGM
Manuel Pérez, con sus obras expuestas en la Sala de la Glorieta del Ayuntamiento de Murcia. / NACHO GARCÍA / AGM

El pintor murciano llena de naturaleza encantada la Sala de la Glorieta del Ayuntamiento de Murcia y la galería Chys

Antonio Arco
ANTONIO ARCO

A Manuel Pérez (Murcia, 1976) le encanta que su amigo Carlos Salas haya elegido 'La historia interminable', de Michael Ende, como literaria y fantástica excusa para presentar sus dos nuevas exposiciones: 'Foresta', que el pintor presenta hasta el 19 de julio en la Sala de la Glorieta del Ayuntamiento de Murcia, convertida en un bosque del que entristece tener que alejarse, e 'Isla Imperio', que el próximo lunes inaugura en la galería murciana Chys, que dirige María del Mar Fernández-Delgado. «Sobre la cumbre de la duna de color rojo encendido había un león gigantesco. Estaba exactamente delante del sol, de forma que su majestuosa melena le rodeaba el rostro como una corona de llamas. Pero aquella melena, y también el resto de su piel, no era amarilla, como suele ser en los leones, sino de un rojo encendido como el de la arena en que se encontraba». Imagen potentísima que Salas aprovecha para recordar que «en el arte, como en la literatura,las cosas no tienen por qué mantenerse fieles a la realidad. La fantasía se abre paso para crear otros mundos, otros lugares sorprendentes regidos por la imaginación». Y, en efecto, «así sucede con el formidable león ideado por Michael Ende para 'La historia interminable', como también ocurre con los fascinantes paisajes creados por Manuel Pérez».

Cierto: «En sus bosques de fábula los colores no se ordenan ni definen por el mandato de lo racional, sino que lo hacen impulsados por el delirio de la creatividad, bajo el fulgor de la belleza. Lo mismo sucede con sus marinas, con sus jardines y plantas, con sus rostros en primerísimo primer plano». 'Foresta' es un canto de amor a la naturaleza, un manantial de oxígero puro que brota de los árboles y del baile mágico que éstos entablan jubilosos.

'Foresta'

Dónde
Sala de la Glorieta, Ayuntamiento de Murcia.
Cuándo:
hasta el 19 de julio.
Visitas:
mayo y junio (de lunes a sábados, de 11.00 a 14.00 y de 18.00 a 20.00 horas), julio (de lunes a sábado, de 11.00 a 14.00 horas).

Una exposición recomendable para disfrutar en familia, y para cuantos disfruten con la pintura, los bosques, el colorido, el juego de sombras, las insinuaciones, la calma, el verano, la luz, los encantamientos y los besos soñados. «Yo pinto paisajes en los que me gustaría vivir, paisajes en los que encontrar la paz, en los que sentirme protegido; siempre he perseguido la belleza y la libertad, y no son cosas fáciles ni de conseguir, ni de mantener», dice Pérez, mucho más sonriente en vivo que en las fotografías para la prensa, en las que posa empeñado en parecer una especie de lobo solitario, y afligido, con eterno sombrero incluido.

«Siempre me ha preocupado que nos podamos cargar la naturaleza, el planeta, pero todavía mucho más desde que mi hijo está en mi vida», añade el pintor. Su hijo se llama Ciro, en homenaje a Ciro II el Grande, rey de Persia, cuyas conquistas se extendieron desde el mar Mediterráneo hasta la cordillera del Hindu Kush. ¡Nada menos!

Únicos

El lunes, en Chys, les llegará el turno a sus obras de pequeño formato; obras presentadas bajo el título de 'Isla Imperio'. «Todos somos islas, porque cada uno de nosotros somos únicos, pero no podemos prescindir de los otros, no podemos sobrevivir sin ellos, y veo un enorme error que nos empeñemos en enfrentarnos y en fastidiarnos la vida unos a otros, en lugar de en apoyarnos y en hacernósla más fácil y más agradable», indica el artista.

Al poeta José Luis Martínez Valero (Águilas, 1941), autor del poemario 'La isla', le encantarían estas dos nuevas exposiciones de Manuel Pérez, ricas en vegetación y en aguas cristalinas, un remanso de paz. Lo digo porque a Martínez Valero le apasiona estar bajo los árboles «como el que está en medio del océano», y porque disfruta escuchando cómo «el aire entre sus ramas suena como las olas» y cómo, a veces, «una aguja de pino me salpica la ropa».

Le encantan al poeta esos momentos en los que el suelo permanece quieto, y solo se mueve su cabeza, que va de un lado a otro, «sometida al vaivén del agua o del aire que incansable sostiene esta parábola marina». Sensaciones que para él son algo parecido a la felicidad: la calma y la imaginación cogidas de la mano, emprendiendo un viaje sin prisas y sin parar en puerto alguno que no te reciba con un abrazo. Y todo esto es posible rodeado de las obras de Manuel Pérez, que se disfrutan, sin complicaciones mentales, como se goza un buen caldero, entre amigos y sirenas, a la orilla del mar.