Un lujo en el Noroeste

Montando una mesa en el comedor del restaurante Entretempos./L.V
Montando una mesa en el comedor del restaurante Entretempos. / L.V

Entretempos es un restaurante que basa su oferta gastronómica en el vino y en platos donde prima el respeto por el producto

SERGIO GALLEGO

La pasión que los propietarios del restaurante de Bullas Entretempos muestran por el mundo del vino va de la mano con el respeto que confiesan en su propuesta gastronómica por el producto que entra a la cocina. Entretempos es un imprescindible en el Noroeste de la Región para aquellos que piden la carta de vinos antes que la de comida, y todo un descubrimiento para quienes disfrutan de la sencillez, el producto y el sabor en la cocina.

Antes de pasar por Entretempos, mi viaje a Bullas comienza por la visita a una de las bodegas -y parcelas- que más están dando que hablar en los últimos años: Jorge Piernas. Producción reducida y un trabajo de campo obsesivo están dando lugar a unos estupendos vinos con Monastrell que cato durante la comida en lo que podríamos llamar una especie de cata vertical de todos sus vinos parcelarios. Además de tener el privilegio de catar directamente de los tanques de la propia bodega lo que será el 2017 y que verá la luz el próximo año. Una pasada de vinos y de experiencia, a pesar de no estar dentro de la Denominación de Origen Bullas por historias que no vienen al caso.

Entretempos. Bullas

Dónde:
Plaza Teniente Flomesta.
Precio:
Unos 35 euros por persona.
Horario:
Cierra lunes todo el día.
Teléfono:
636 065 722

Antes, el propietario y sumiller de Entretempos sirve un poco de champán fresco y vibrante para acompañar una buena anchoa del Cantábrico y, seguidamente, una croqueta todavía en pruebas de berenjenas a la crema que, tras la anchoa, noto baja de sal por mucho que me limpie la boca con el amantequillado champán. El crujiente es muy bueno y las pruebas de la cocina van por buen camino: un tropezón de jamón y de gamba más y un matiz de queso más marcado creo que la situarían donde corresponde a la versión de la mítica receta de Raimundo González.

El plato de guisantes, calamar y jamón roza la perfección. Es exactamente lo que uno espera en un restaurante. Los puntos de cocción de los tres elementos principales, perfectos, la sencillez en la combinación y el sabor en su conjunto hacen de esta propuesta un imprescindible. Cierto que es inevitable pensar que este plato con unos guisantes lágrima tocaría el cielo, pero vamos, a estos precios sería imposible de asumir.

El tomate con bonito y guindillas verdes en aguasal es un alarde de productos. El hecho de que uno de los proveedores de frutas y verduras sea el centro Agroecológico Ceama pone de relieve en el plato unos tomates deliciosos. Y es que lo cierto es que a veces disfruto mucho más un tomate murciano de temporada que un tomate raf. De hecho, aunque la comanda la he dejado en manos del camarero, mi interés por más productos de la tierra se incrementa al probar las verduras frescas del restaurante.

El filete de atún que han escabechado es de la parte del morrillo, lo que aporta un sabor más profundo de lo que suele ser habitual. El escabeche, muy flojo de vinagre, es más parecido a un pescado confitado en aceite aliñado que a la tradicional receta. Dos trocitos de cebolla acompañan a la jugosa carne en un bocado donde el pan se torna fundamental para el disfrute absoluto.

Para terminar, filete de lomo alto de ternera, bien veteada, tierna y sin nada de maduración. Viene acompañada de unas deliciosas patatas nuevas del tamaño de una cereza y algunos pimientos verdes pequeños.

De postre me ofrecen un arroz con leche de naranja. El potente sabor de la naranja se debe a la utilización de sus pieles y la buena textura del grano se agradece, aunque, personalmente, el arroz con leche me gusta mucho más cremoso, casi como si comiese un risotto.

Para terminar, un asiático bien tirado y la convicción de haber comido en uno de los rincones más recomendables del Noroeste por vinos y cocina.

 

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