Lolita, presa de un deseo indómito

Lolita y Críspulo Cabezas, durante la representación de 'Fedra' en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. / jero morales
Lolita y Críspulo Cabezas, durante la representación de 'Fedra' en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. / jero morales

El montaje de Paco Bezerra se basa en el mito griego y retrata a una mujer luchadora

NATALIA BENITO

Fedra es un volcán. Lolita Flores se entrega a 'Fedra', el mito griego inmortalizado por Eurípides, en el montaje de Paco Bezerra. El joven dramaturgo, Premio Nacional de Literatura Dramática en 2009, centra su historia en la hija de Minos, rey de Creta, y Pacifae, hija de Helio y madre del minotauro. Una mujer más combativa y luchadora que deja atrás sus miedos y abandona el letargo en el que siempre se ha encontrado para enfrentarse a la vida y al amor.

Fedra, la reina de la isla del volcán, está enferma. Su dolencia es una pasión que le atormenta desde hace tiempo y que no puede reprimir más, «un erotismo inmoral e impúdico, un deseo violento e indómito, un amor prisionero e indecente», un calvario que sufre por estar enamorada de su hijastro Hipólito.

'Fedra'

Cuándo
Viernes a las 21.00 horas
Dónde
.Auditorio Infanta Elena. Águilas
Entradas
12, 14 y 16 euros.

Lolita, que en 2019 ha recibido la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, estará acompañada sobre las tablas por Tina Sáinz, que da vida a Enone, la nodriza de la reina. La artista vuelve al teatro ocho años después de su último espectáculo, 'La marquesa de O' y asegura estar «rejuveneciendo» con este montaje estrenado con éxito en la 64 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida y que ayer pasó por Cartagena. Junto a ellas, completan el elenco Juan Fernández -'La casa de papel'-, como Teseo, rey de Atenas y marido de Fedra; Críspulo Cabezas en el papel de Hipólito; y Eneko Sagardoy -Goya a Mejor Actor Revelación en 2018 por 'Handía'- interpretando a Acamante, hijo de la reina.

La escenografía recoge la fuerza de la protagonista en un volcán a punto de entrar en erupción

El montaje, dirigido por Luis Luque, es el resultado de una mirada al mito desde el siglo XXI y la búsqueda de «una Fedra contemporánea que nos venga a hablar sin tapujos y sin temor de la libertad de amar. Entender las razones de su corazón para aprender a respetarnos y, de esta forma, mejor amarnos», apuntan dramaturgo y director, que plantean en su montaje preguntas con complicada respuesta: «¿Cómo actuar cuando la razón y el deseo entran en conflicto? ¿Es más justo atender a lo que plantea el cerebro o a lo que demanda el corazón? ¿Qué debería pesar más? ¿Pensar o sentir?».

La escenografía, obra de Mónica Bermello, recoge toda la fuerza de la protagonista en un volcán a punto de entrar en erupción, en mitad de una isla rodeada por un mar antiguo que evoca a una vagina. «Un espacio que es una grieta en el pecho, un hueco por el que se ha salido el corazón de nuestra protagonista». Ayuda a destacar la violencia del espectáculo la música, a cargo de Mariano Marín, y las proyecciones en escena, realizadas por Bruno Paena.