El vergel del Rey Lobo, al descubierto

Vista del imponente Castillo de Monteagudo, símbolo de poder y riqueza que el reino de Murcia alcanzó con el Rey Lobo, y el Castillejo desde Larache, con algunos de sus muros en primer plano. /Guillermo Carrión/ AGM
Vista del imponente Castillo de Monteagudo, símbolo de poder y riqueza que el reino de Murcia alcanzó con el Rey Lobo, y el Castillejo desde Larache, con algunos de sus muros en primer plano. / Guillermo Carrión/ AGM

Cabezo de Torres muestra el legado fortificado que protegió las tierras productivas y la importante ruta de la Senda de Granada

Pepa García
PEPA GARCÍA

Bajo el sugerente título de 'Los Guardianes Protectores de la Huerta', la Junta Municipal de Cabezo de Torres vuelve a organizar, por segunda vez y respondiendo a la abundante demanda, los itinerarios histórico-culturales guiados para dar a conocer «un espacio con personalidad muy acusada y única, con evidencias históricas fabulosas». Entre Cabezo de Torres y Monteagudo, aquellos que deseen acercarse a este valioso legado medieval, al vergel del Rey Lobo, y salvarlo del abandono y el desconocimiento en el que está sumido todavía pueden apuntarse a estas rutas gratuitas.

Con Juan Antonio Buendía, de Ecoambiental, como guía de lujo, este paseo discurre junto al conjunto hidrológico y arqueológico que atesoran estas tierras todavía de huerta y que fueron ganadas al inmenso almarjal que cubría desde Librilla hasta Guardamar. Comienza el itinerario en la puerta de la Biblioteca Municipal de la pedanía murciana. Precisamente allí se abren los ojos del visitante a los tesoros por descubrir y a la historia que acumulan con una charla audiovisual en la que Buendía va desvelando, a partir del hilo conductor de las aguas vivas y muertas -las sobrantes que se devolvían al río mediante cauces- y de la Senda de Granada -importante y milenaria vía de comunicación por la que transitaban las caravanas de mercaderes y se transmitían conocimiento e ideas entre poblaciones y civilizaciones-, la razón de ser de un conjunto monumental de origen islámico aún por desvelar y, por supuesto, por conservar y valorar justamente.

Tras la charla introductoria comienza el recorrido por el Molino Armero, un edificio del siglo XVIII, privado, que aún conserva las tomas de agua de la acequia Churra la Vieja: dos bocas que movían dos ruedas y que hasta el siglo XX continuaron moliendo pimentón. «Todavía conserva la maquinaria dentro, aunque está en estado de ruina», detalla Buendía, que, por el lateral del antiguo edificio abandonado, nos acerca a la acequia. El cauce discurre pegado al muro perimetral de lo que en los últimos tiempos fue un huerto (esta parte es propiedad municipal), pero que su propietario instaló sobre una antigua alberca de enormes proporciones. «No se sabe a ciencia cierta qué capacidad tenía, pero su profundidad alcanza, al menos, tres metros y se alimentaba del agua que, con las avenidas, desaguaba por la rambla del Carmen y de Churra». No en vano, recuerda el guía, todas estas infraestructuras hidráulicas son anteriores a la Contraparada y la red de acequias que convirtieron la huerta en lo que fue, y sirvieron para dotar de agua a habitantes y cultivos de la zona.

La segunda parada interpretativa, una vez la comitiva sale del núcleo urbano y se interna entre campos de naranjos y limoneros, cultivos de habas y verduras de hoja, que en esta temporada son las apropiadas, y una cohorte de pajarillos, se llega al Huerto Hondo. Una superficie de 70x70 m. cuyo perímetro delimita un muro de tapial musulmán, enlucido en el siglo XII con capas y capas de cal que sirvieron para impermeabilizarlo. Si se acerca hasta estos muros, con un grosor de 1,5 m., podrá apreciar las distintas capas y la técnica constructiva: cómo usaban las líneas, en espiga, no como decoración sino para mejorar el agarre de la siguiente capa de cal. Sin embargo, puntualiza Buendía, además de la función utilitaria, esta enorme alberca contribuía a favorecer la idea de paraíso: una zona con agua, algas, peces y aves que se convertía en área de esparcimiento y constituían parte imprescindible del vergel que el Rey Lobo construyó en el siglo XII en esta zona como símbolo de su poderío. De hecho, hoy una pinada impide ver Larache, pero, en su origen, se extendería a sus pies sin solución de continuidad.

Entre mimados y pequeños huertos en los que crecen patatas y que todavía se riegan a manta, se llega a los pies de la Almunia de Larache, pegados a una reguera antiquísima, declarada BIC, que discurre junto a un antiguo muro de tapial que pudo pertenecer a una aceña. Cuenta Juan Antonio Buendía que eran muy frecuentes porque se usaban para elevar el agua de balsas y acequias a huertos ubicados en cotas superiores, o incluso a los palacios y pabellones que, «sin duda», rodeaban toda esta área de recreo.

La guía

Cómo hacer la ruta
Los Guardianes Protectores de la Huerta. Ruta organizada por la Junta Municipal de Cabezo de Torres para dar a conocer el conjunto hidráulico y arqueológico islámico. Un guía de Ecoambiental irá mostrando los puntos de interés y explicando su importancia, funcionalidad y significado. La actividad es gratis, pero hay que inscribirse en ecoambiental@gmail.com antes porque las plazas son limitadas.
Fechas previstas.
Sábados 1, 8, 15 y 22 de diciembre; y domingos 9 y 16 de diciembre.
Otros detalles.
La ruta parte de la Biblioteca Municipal de Cabezo de Torres y da comienzo a las 9 horas. La finalización está prevista sobre las 13.30 horas. En total, son 5,5 km. de dificultad baja con 12 paradas interpretativas.

En un recinto vallado, el Palacio de Larache (hoy municipal), con antemuralla, barbacana y muralla, se mantiene a la espera de un plan que apueste por recuperarlo tras las agresiones sufridas a manos de su anterior propietario, que no dudó en eliminar, ya en el s. XX, una de las torres para realizar una rampa de acceso entre otras barbaridades. Bajo los depósitos de tierra acumulados a través de centurias, se oculta una planta inferior, cerrada mediante bóvedas y destinada a almacenaje y habitáculos de los criados, aún por excavar y que algunos toperos han intentado profanar. Ya fuera y caminando junto a pequeños jardines hortícolas y muros de hormigón de nueva construcción, se llega, por la Senda de Granada y junto a la zona que actualmente excava Julio Navarro, al Albercón. Esta enorme 'laguna' artificial -se estima que mide 200x200 m. y que estaba rodeada por una estructura palatina ahora aflorando-, está al pie del Castillejo -probable residencia de Ibn Mardanis-, en cada una de cuyas torres aparecían dos estrellas de Salomón, «el símbolo más antiguo de la humanidad para representar el Paraíso y de la que tan solo quedan una y media». Desde este punto, estarán bajo la protección del Castillo de Monteagudo, baluarte defensivo para la población amiga, desde el que se controlaba el territorio desde Alhama a Callosa, y disuasorio para el enemigo.

Siguiendo por la Senda de Granada, sobre la que Pedro Lillo ya advirtió que era más antigua que los poblamientos actuales e islámicos, tendrán oportunidad de conocer curiosidades históricas de la Guerra de Sucesión que acabó con la instauración de la Casa de Borbón (Felipe V) y sobre cómo la red de riego sirvió de arma contra el enemigo. También sabrán del milagroso episodio de la Virgen de las Lágrimas, antes de llegar al Cabezo de Abajo, otro promontorio con fortificación en el que se abigarran las casas y donde, por desgracia, otros restos islámicos permanecen sepultados bajo vegetación muerta y basura acumulada.

 

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