Surcar el mar verde de interior

Surcar el mar verde de interior

Travesía a pedales, entre las olas de cereal multicolores, en los Llanos del Cagitán y desde el Valle del Barro

Pepa García
PEPA GARCÍA

La ruta parte de la pedanía de Valentín, una pequeña localidad famosa por sus ladrillos artesanales de cerámica -no en vano, dicen que el nombre es de origen árabe y significa Valle del Barro- y cuyo territorio comparten los municipios de Calasparra y Cehegín.

Por la carretera que conduce a Cehegín, el itinerario se desvía, a la izquierda, hacia el embalse del Argos y, aunque apenas lo separan del inicio 500 metros, si disfrutan observando las aves, les recomiendo que se detengan un rato para disfrutarlas. Cuando llegamos, la suerte nos sonríe y dos somormujos protagonizan su romántico ritual de cortejo. Con el cuello estirado y casi a ras de agua, nada la pareja, uno hacia el otro y, cuando se encuentran, estiran sus estilizados cuellos, despliegan las llamativas plumas de su cabeza e inician un rítmico y acompasado baile que concluye en un corazón: el que dibujan los cuellos de ambas aves enlazándose entre sí. Todo un lujo de espectáculo que ofrece la naturaleza sin pedir nada a cambio. Antes de seguir y si tienen prismáticos, observen los alrededores, no será raro que vean fochas, lavanderas blancas, zampullines comunes y ánades azulones o, incluso, llamativos abejarucos, que en estas fechas llegan a la zona para iniciar su temporada de cría. Además, esta zona la usan como dormidero y área de anidamiento otras especies como el cormorán, la garcilla bueyera (de llamativa cresta), la garza común y el martinete.

De vuelta a la bici, tras cruzar la presa, pedalean junto a una pinada que crece en el Cabezo Teruel, que se bordea, y se prolonga hasta la misma orilla del embalse escoltada por espartos, especialmente pletóricos esta temporada.

Tras otra ligera subida, enseguida dejaremos de ver el embalse, rebosante de agua, para seguir por una carretera que discurre paralela al Canal Aliviadero Argos-Quípar. Sin detener su camino ni bajarse de la bici, si circula pegado al canal (que protege un quitamiedos), verá numerosas aves. En esta ocasión, hasta cuatro garcetas comunes alzan el vuelo y aterrizan, marchan y regresan en un juego coral. Además, si observan los taludes del canal, verán en los estratos del Triásico las capas de sus rojizas tierras; contrastan con el amarillo de las flores que crecen en ellas en un equilibrio imposible.

La guía

Cómo llegar
Desde Murcia: Deben coger la Autovía del Noroeste (RM-15) hasta la salida 57 (Moratalla / Calasparra / Madrid / Caravaca) y seguir por la RM-714 en dirección Moratalla / Calasparra. A la altura del restaurante Don Gómez IV, gire a la derecha, hacia Canara-Valentín por la RM-B20 y, finalmente, gire a la izquierda, hacia RM-B32 hasta Valentín.
Recomendaciones
La ruta es de 21,5 km., ideal para hacer en bicicleta. Lleven crema solar, gafas de sol, casco, agua para el camino y algún tentempié. Aunque es prácticamente llana, tiene ligeras subidas en el entorno del embalse del Argos y una fuerte pendiente en el acceso final a Valentín desde el lecho del cauce del río Argos. Si ha llovido o va a llover, mejor no la hagan porque la zona se convierte en un lodazal.
Dónde comer
Bar Nuevo. Plaza de la Iglesia, 4. Valentín. 679 276307. Solo cierra en julio. Horario: De 6 a 21 h. Solo sirve cenas los fines de semana de agosto y la última semana de junio (fiestas locales). Menú: 10 euros, de lunes a viernes (ensalada, 8 primeros a elegir, 8 segundos a elegir, bebida, postre y café). Especialidades: paletilla de cabrito al horno, arroces y migas. Precio medio: 20-25€. Si van en bici, ofrecen posibilidad de guardarlas.

Antes de que el canal descienda, casi en picado, hacia el arroyo de Gilico que conduce estas aguas al río Quípar, deben dejar el asfalto e internarse, a la izquierda, por una pista de tierra que es la Cañada Real de Rota. En ese punto, sobrevuela en el pie de monte de los Cabezos de la Jabalina una pareja de buitres leonados que busca carroña junto a una nave ganadera. Un elegante vuelo que, pese a la lejanía, impresiona.

Por la pista de la izquierda, se inicia, en ligero ascenso, el acercamiento a las Casas de Juan Chico. Atraviesan ya el verde mar de cereal, se escuchan las calandrias, los cernícalos primilla agitan sus alas a velocidad de vértigo y amapolas, viboreras, collejones y rabanizas decoran con rojo, azulón, lila y amarillo las olas verdes que el viento forma sobre los campos de cereal, mayoritariamente avena. Un color que se intensifica en las tierras en barbecho, por algo es ZEPA imprescindible para las aves esteparias. Pista adelante, cuando cojan en el siguiente cruce a la izquierda, vuelven a circular por la Cañada Real de Rota, lo harán hasta las Casas Coloradas, unas antiguas edificaciones remozadas sobre un cabezo, que distinguirán por la elevada molineta que conserva. Un poco antes, girando a la izquierda, tomarán el Cordel de Rota. Ahí, las huellas del ganado grabadas sobre el terreno demuestran que esta vía pecuaria sigue estando en uso y, también, verán los afloramientos de yeso típicos de la zona y algunos de los impresionantes tarays en flor que proliferan por el elevado nivel freático de los Campos del Cagitán.

En una subida suave pero constante se llega, por el paraje de La Quinta, hasta un cruce de carreteras de asfalto que, hacia la izquierda, les lleva junto a las Casas de la Bodega. Una antigua viña abandonada alerta de que deben coger un estrecho camino hacia la izquierda. Estamos ya de regreso a Valentín. El camino les lleva a una conducción de agua elevada y en desuso que deben seguir hasta su fin, dejándola inicialmente a su derecha.

Ya con el pueblo de Valentín recortando en lo alto el horizonte, el camino comienza un descenso, pero no se emocionen y se dejen caer, enseguida deben girar de nuevo a la izquierda, para ir aproximándose al cauce del Argos.

Solo quedan los últimos compases, atraviesen el río, apenas un hilillo de agua encauzado con hormigón, y pongan todas sus energías en pedalear. La cuesta es para agarrarse los machos. Superada, entran de nuevo en el pueblo. Regresen a la plaza de la Iglesia y pidan mesa en el Bar Nuevo para disfrutar del merecido refrigerio.