Un repaso a la Mula señorial

Fachadas de las casas señoriales de la calle del Caño, la mayoría del s. XVIII./Guillermo Carrión/ AGM
Fachadas de las casas señoriales de la calle del Caño, la mayoría del s. XVIII. / Guillermo Carrión/ AGM

Recorrido urbano para disfrutar de la arquitectura civil del siglo XVIII

Pepa García
PEPA GARCÍA

Conjunto Histórico desde 1982, Mula reúne en sus calles cientos de bienes catalogados dentro de este entorno BIC que permiten trazar su historia a cada paso. En esta ocasión, acompañados por Juan González Castaño, director de la Real Academia Alfonso X 'El Sabio', doctor en Historia, Cronista Oficial e Hijo Predilecto de la ciudad, recorremos el que fue feudo del Marquesado de los Vélez para admirar las casas señoriales levantadas en el XVIII, tras el resurgir de la actividad económica que siguió a la devastadora epidemia de peste. Una estructura urbanística que conserva su fisionomía original sin modificar y que permite trasladarse varios siglos atrás, y más ahora, que los muleños han tomado seria conciencia de la importancia que tiene conservar este patrimonio único en pie.

La ruta comienza en la imprescindible c/ del Caño que, flanqueada por enormes palacetes dieciochescos, ofrece una vista inmejorable del Castillo de los Vélez que corona el pueblo. Destaca Juan González las portadas en arco, con alfiz de ascendencia mudéjar, que se dejan de hacer a mediados del XVI y que con el renacimiento de la actividad constructiva se recuperan en las nuevas casas señoriales del XVIII. Es lo que ocurre en los palacetes de esta céntrica calle, en la que se concentran la casa de la familia Campos, luego propiedad de los Chico de Guzmán, el de la noble familia Molina, la de los Fernández Capel (con su escudo en la esquina con Valmarino), el Palacio de los Ladrón de Guevara o el de los Blaya, que da a tres calles.

Junto a las portadas medievales de piedra roja de La Almagra, reintegradas en las construcciones civiles de estilo barroco típicamente murciano, llaman la atención los esgrafiados, elemento decorativo característico en la obra civil del Siglo de Oro en Murcia y cuyo máximo exponente hoy es Mula, donde se conservan la mayor parte de los de la Región.

Además, la piedra de La Almagra pasa de material ornamental a constructivo (se usa en guardacantones) y como símbolo del poderío se emplean los mármoles de Cehegín.

Distintos elementos de las fachadas de estos palacetes, algunos de los cuales conservan en su interior desde enormes patios hasta nacimientos de agua, ponen de relieve que se edificaron el mismo año y que en su construcción intervinieron los mismos maestros artesanos. Es así en el caso de las molduras de escayola que decoran los vanos de la fachada, del repertorio de la época; o de las rejerías, salidas de la mano del mismo herrero; o de los dados del alero, que comparten tres casonas de 1773; o los cierres originales de madera. Deténganse en esta vía, en la que pueden observar (nº 6) uno de los mejores balcones de Mula, apunta González Castaño. Y admiren la curiosa construcción de la Casa del Heredamiento de Aguas, del XIX, sobre una antigua almazara del Cabildo de la Catedral de Murcia y que en breve restaurará.

Deleite de visitantes

Volviendo sobre nuestros pasos, nos dirigimos a la c/ San Francisco, donde se sitúa una de las casas más emblemáticas del casco histórico de Mula, la Casa Pintada, a punto de perderse para siempre en 1978, cuando uno de los dos últimos propietarios propuso su demolición para construir viviendas. Una insensata idea que se paró gracias a la intervención de la Comisión de Patrimonio del Colegio de Arquitectos de Murcia, aunque un incendio posterior afectó a la mitad del inmueble, que luego demolió su obstinado e insensible propietario. Finalmente, la Dirección General de Vivienda compró en 1986 el histórico edificio, construido en 1770 por Diego María de Blaya Molina Piñero Valcárcel -una de las estirpes más acaudaladas y cuyos escudos se ven en los balcones y en el gran blasón de la escalera-, lo que permitió su reconstrucción y restauración para deleite de vecinos y visitantes.

Tómense su tiempo, y si su agenda se lo permite, accedan al interior, hoy sede de la Fundación Cristóbal Gabarrón: con bodega, planta baja, destinada fundamentalmente en su origen a cocinas, patios, pozos, cocheras y cuadras; primera planta o zona noble del palacete, y desván, espacio para almacenar cereal, embutidos de cerdo, algún trastero e incluso cuartos del servicio.

Si van justos de tiempo, después de detenerse a observar los esgrafiados blancos sobre fondo rojo, que cubren hasta las golas, continúen por San Francisco. Reconocerán, por su portada de almagra, la casa de la familia Molina construida a principios del siglo XVII, su escudo y la estructura original de la vivienda, pese a reformas posteriores que añadieron el desván. Además, conviven las rejerías típicamente murcianas (lisas) con las andaluzas (de buche de paloma).

Por las calles del XVI

Caminando por las calles trazadas en el XVI, llama la atención Juan González Castaño sobre que no se enderezaron ni en el XVIII ni posteriormente. Igualmente, avisa al paseante que se fije en elementos característicos como los guardacantones para reconocer, aunque camufladas en reformas del XIX que aportaron a estas casas su estilo ecléctico, las construcciones barrocas; también los balcones corridos, la división en tres plantas y las golas que rematan las fachadas, con o sin pinturas.

Las fachadas de ladrillo visto -«muchas enyesadas y cubiertas en el XIX», comenta el cronista oficial de Mula- son también características de este periodo de opulencia que llevó, en el siglo siguiente, a dividir los palacetes en numerosas viviendas para acoger a todos los descendientes.

Al final de San Francisco llegarán a la Iglesia de la Purísima Concepción, antiguo Convento de San Francisco, levantado en el XVI y que adquiere su actual fisionomía en el XVIII. Hoy es sede del Museo Ciudad de Mula.

Calle doña Elvira arriba, el desfile de edificios singulares es interminable (aunque modificados por particiones y reformas): la casa de los Blaya, la de Hita, la de Elvira Valcárcel Melgarejo, antigua casa de los Peñalver,... Giren a la izquierda por la c/ Herreros, donde se oculta otra portada del XVI, el escudo más antiguo de Mula, de los Melgarejo, y las capillas típicas del XVIII. Por la c/ Marmolillo se llega hasta la parte antigua de iglesia de San Miguel, del XVI, con una de las pocas gárgolas que se conservan en la Región.

Escenografía de impacto

Ya en la plaza del Ayuntamiento, la escenografía impresiona: la fachada del XVIII de San Miguel, de ladrillo visto; la Torre del Reloj (XIX); «la mejor fachada del XVI, el Palacio de Justicia del Marqués de los Vélez», y las cuatro tiendas del Concejo, de la misma época y techos abovedados. Al frente, el Casino, construido por el arquitecto Pedro Cerdán a principios del XX, sobre el pósito de la villa (XVIII), con sus típicos elementos modernistas: cúpula de cristal, rejería de motivos florales, artesonados y zócalos de madera en la sala de lectura,... Justo al lado, no dejen pasar la casa de los Coy, también dieciochesca, cuyo escudo preside una fachada de ladrillo visto y cuarterones.

La guía

Cómo llegar
Cojan la autovía del Noroeste (RM-15) y tomen la salida 20 hacia Mula centro. Continúen por la RM-516 hasta Mula. Pueden aparcar junto al céntrico Paseo, ya que el recorrido comienza en la calle del Caño.
Recomendaciones
Aprovechen para visitar el Museo del Cigarralejo, cuya sede está en el Palacio de Menahermosa. No dejen de probar las famosas patatas fritas caseras del bar Salazar, con una cerveza fría y bien servida.
Dónde comer
Gastrobar Casino. Plaza del Ayuntamiento, 7. Mula 968 661087. Cierra lunes, y martes, miércoles y domingo, por la noche. Menú: De martes a viernes, 10 euros (1º, 2º, una bebida, postre y café). Especialidades: pan bao de oreja, versión de ensaladilla, ravioli de rabo de toro y pluma ibérica con salsa de setas. Precio medio: 25 €.

La visita puede ser infinita, pero antes de entregarse a los placeres gastronómicos de Mula, continúen por la c/ Boticas para subir por Martín Perea, esquina con Pedro Luis, y observar el escudo de Francisco Resalt Leiba, último miembro de la Inquisición en Mula. Luego, bajen hasta el cruce con c/ Olmedo y admiren otra preciosa fachada con esgrafiados antes de que la humedad acabe de arruinarla.

Descendiendo por la c/ Marqués, pasarán junto a fachadas que conservan sus aleros de madera y sus zócalos de almagra. Deténganse a la altura de la c/ del Grifo e intérnense en ella para observar el escudo que da nombre a la vía y la fachada de ladrillo que estuvo pintada, ladrillo a ladrillo, de rojo con juntas blancas, en favor de esa teatralidad tan dieciochesca, y rematada por 'dientes de perro' en el alero.

Ya están junto al Museo de Cigarralejo, Palacio de Menahermosa, un espectacular edificio por fuera, con llamativas golas de motivos militares en azuletes y fachada de ladrillo; y, por dentro, donde alberga una impresionante colección de arte ibérico.

Ahora ya, si no desean caminar más, aunque las posibilidades siguen siendo inmensas, pueden ir al gastrobar del Casino y comer. Eso sí, tras catar las patatas fritas del Salazar con un cerveza bien servida.

 

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