Primavera en la Costera Sur

Vía Verde de la Costera Sur a su paso por el centro cultural La Estación, en Beniaján. /Guillermo Carrión/ AGM
Vía Verde de la Costera Sur a su paso por el centro cultural La Estación, en Beniaján. / Guillermo Carrión/ AGM

Itinerario cicloturístico de La Alberca a Los Ramos, con el perfume de azahar como protagonista

Pepa García
PEPA GARCÍA

Recorrer las faldas de la Costera Sur se convierte en estos días, en que estalla la primavera, en un privilegio para los sentidos. La propuesta de hoy es unir nueve pedanías, desde La Alberca hasta Los Ramos, en bicicleta y casi sin pisar asfalto. El itinerario, de 28 kilómetros (ida y vuelta), sale del camino de Salabosque por la mota del Reguerón y permite disfrutar de algunos de los cauces históricos de la red de riego tradicional de la Huerta de Murcia, de los campos de cítricos en los que ahora despuntan los morados capullos de azahar, cuyo aroma lo inunda todo, de los tiernos brotes de las hojas de fresnos, almeces y álamos, de los floridos frutales, como albaricoqueros, pereteros de Murcia y perales, ciruelos o manzanos, y de los vinagrillos que tiñen de amarillo los cultivos circundantes.

Cojan agua y algún tentempié, pónganse el casco y láncense a pedalear. El primer tramo de la ruta, entre La Alberca y Algezares, discurre por la mota del Reguerón, una obra hidráulica cuyo origen se remonta al segundo tercio del siglo XVIII y que se planificó para combatir las violentas riadas provocadas por el irregular curso del Segura, agravadas por las aún más impredecibles avenidas del Guadalentín, que desembocaba en el Segura.

Hoy, las motas del Reguerón son despejadas de vegetación periódicamente, aunque precisamente ahora que el buen tiempo ha animado a brotar las plantas silvestres, hace falta que los responsables le den un nuevo repaso que permita a senderistas, corredores y ciclistas (habituales usuarios de este vial) circular sin problemas. No obstante y pese a este pequeño inconveniente, este itinerario se convierte en el más seguro para llegar a la nueva Vía Verde de la Costera Sur desde el extremo oeste de la cordillera, ya que evita tener que compartir asfalto con vehículos a motor y también los riesgos que ello conlleva. Además, es una plataforma ideal para admirar la huerta circundante, al estar elevada sobre el resto del terreno.

Durante algo menos de tres kilómetros, admirarán a derecha e izquierda los naranjales y limonares, pero también pequeños huertos de hortalizas para autoconsumo, en los que en estas fechas empiezan a despuntar hortalizas y verduras de temporada como tomateras, calabacines, berenjenas y pimientos, sustituyendo a verduras de hoja como lechugas, acelgas, espinacas o coliflores, a habas y a guisantes que han tenido su punto álgido en la temporada precedente.

Igualmente, podrán descubrir, en las inmediaciones de acequias como la Alquibla Norte y la de Meana (al norte del Reguerón) o la Alquibla Madre y la de Cutillas (al sur) y los azarbes, como el del Hilo, nutridas arboledas en las que abundan los álamos, pero que también alimentan longevos ejemplares de fresnos y almeces y hasta centenarios olmos que todavía no han echado hoja nueva.

Tengan especial precaución en este tramo cuando crucen la avenida de Santa Catalina, la carretera de la Fuensanta y la avenida del Progreso. Precisamente a la altura de esta última vía tendrán que abandonar, durante algo menos de 3 kilómetros, la seguridad de la mota del Reguerón, que a partir de este punto es intransitable a ambos lados, y tomar el carril de asfalto que circula en paralelo a la margen izquierda (curiosamente se llama Mota del Reguerón) para, con mucho cuidado, llegar hasta la nueva Vía Verde de la Costera Sur. Para ello, antes deberán cruzar, extremando la precaución, otros dos viales: el camino de Los Garres y el de Tiñosa.

De nuevo en terreno seguro, comienza la vía verde recientemente habilitada por el Ayuntamiento a lo largo del antiguo trazado ferroviario. Están en las inmediaciones de San José de la Vega y justo en este punto un enorme y centenario olmo crece pegado a una antigua edificación, quizá un molino, pues el agua de la acequia penetra todavía en su interior.

A partir de aquí, el recorrido discurre durante unos 8 kilómetros por este nuevo vial para transeúntes y cicloturistas que en todo momento sabrán dónde están (el Ayuntamiento ha instalado unos hitos en los que se identifica, en rojo, la pedanía que atraviesan, y dan información sobre su historia y habitantes). Desde esta vía amable observarán una antigua chimenea industrial de ladrillo, testigo del pasado fabril de San José de la Vega, también admirarán el puntiagudo perfil de la Cresta del Gallo recortado sobre el cielo azul y las líneas rectas que dibujan los brazales que han suministrado durante centurias el agua a estos productivos huertos.

La guía

Cómo llegar
Lo más fácil para acceder al Reguerón por el camino de Salabosque es llegar por la Costera Sur, desde la avenida de Santa Catalina, y dejar el coche a la altura de la piscina de Salabosque, donde hay un par de explanadas en las que se puede aparcar. Ya sobre la bici, cojan el camino de Salabosque (una de las vías amables señalizadas por el Ayuntamiento como itinerario cicloturístico) y, casi en la clave del puente que salva el Reguerón, acceder a su mota para iniciar la ruta.
Recomendaciones
Lleven agua, un tentempié, ropa de colores llamativos para ser fácilmente vistos por los coches en el tramo en el que se comparte vial con los vehículos a motor. No olviden el casco, las gafas de sol ni la protección solar. La ruta es de 28 kilómetros (ida y vuelta) y prácticamente llana.
Dónde comer
Bar Congo. Carril Congo, 2. Torreagüera (Murcia). Por la Vía Verde de la Costera Sur, a la altura del cruce con la rambla del Garruchal. Abre todos los días. Sábados y festivos ofrecen carne a la brasa, pulpo asado (2 euros trozo), mejillones, almejas, alcachofas con anchoa, hueva mojama, langostinos (una docena y litro de cerveza, 7 euros), gamba blanca (docena y litro, 6 euros) y gamba roja (docena y litro, 7 euros).

A la altura de Beniaján, pasarán junto a la antigua estación, hoy un centro de arte y desarrollo comunitario de la Fundación Cepaim. Y, antes de llegar al apeadero de Torreagüera, podrán ver, a su derecha, una vivienda en ruinas, a la sombra de unas enhiestas y talludas palmeras, que fue donde nació el líder del movimiento cantonal Antonete Gálvez, un patrimonio que amenaza con desaparecer si no se interviene ya.

Luego, atravesarán la rambla del Garruchal y pasarán junto al apeadero de Torreagüera en una zona en la que se prodigan las estructuras que los palomistas utilizan, una afición muy popular entre algunos huertanos. Después entrarán en Los Ramos, la última pedanía de nuestro itinerario, y pedalearán junto al Arco Triunfal de la vereda del Chocolate. Esta estructura, instalada en 2017, señala el lugar en el que las autoridades y vecinos regalan con pétalos de flores a la Virgen de las Huertas el día de su romería, último domingo de mayo, desde su ermita del Rincón de Almodóvar hasta la iglesia de San Pedro. Precisamente aquí tiene proyectada el Ayuntamiento la construcción de un jardín en el que plantarán almeces, palmeras datileras, cítricos y aromáticas.

Recorren ya el último tramo de esta vía verde, que cuenta al final con un área de descanso dotada de mesas y bancos (aún en construcción). De vuelta, por el mismo camino por el que llegaron, les recomiendo que paren en el bar Congo, pegado a la vía, justo donde cruza la rambla del Garruchal. Un barecillo en el que los vecinos se juntan a diario a jugar al dominó y que los domingos tiene ofertas variadas para el aperitivo, como pulpo asado, langostinos, gamba blanca y roja, además de carne a la brasa.