El pasado espera en las entrañas de Quibas

Tres integrantes del equipo del Yacimiento Paleontológico de Quibas trabajan en los niveles superiores de la brecha. /Guillermo Carrión/ aGM
Tres integrantes del equipo del Yacimiento Paleontológico de Quibas trabajan en los niveles superiores de la brecha. / Guillermo Carrión/ aGM

Fósiles de un millón de años muestran un bosque con animales de África y Asia junto a Cañada de la Leña

Pepa García
PEPA GARCÍA

En un cortado de unos 15 metros de altura, una antigua explotación minera de falsa ágata (calcita) en la Sierra de Quibas (Abanilla) dejó al descubierto en la década de los 60 del siglo pasado una enorme cueva con impresionantes espeleotemas como estalactitas y estalagmitas, cortinas y columnas. Colmatadas con sedimentos que las sucesivas lluvias habían ido arrastrando a su interior, un grupo de excursionistas encontró en 1994 un conjunto de fósiles que despertó la atención de los investigadores. Un primer sondeo del material acumulado sacó a la luz una cantidad ingente de restos fosilizados de grandes mamíferos, cuyo origen se remontaba entre 1,2 y 1 millón de años atrás. ¡Eureka!, debieron pensar los investigadores, encabezados por Miguel Ángel Mancheño, del departamento de Química Agrícola, Geología y Edafología de la Universidad de Murcia, cuando comprobaron que su datación coincidía con el Pleistoceno Inferior y Medio y, por tanto, convertían este yacimiento en un lugar único en Europa que daba información sobre el paleoambiente y el paleoclima que los primeros homínidos que llegaron y se establecieron en Europa occidental se encontraron en la Península. Una singularidad y un valor científico que le valieron ser el primer yacimiento paleontológico declarado BIC en la Región de Murcia en 2005.

La guía

Cómo llegar
Desde Murcia, tomen la A-7 hacia Alicante y cojan la salida 555 (Santomera / Abanilla). Continúen por la RM-414 en dirección a Abanilla y luego sigan, hacia Mahoya, por la RM-412. Pasado Mahoya, en la rotonda, sigan por la RM-422 (9 km.), hasta coger el desvío (a la derecha) a Cañada de la Leña.
Recomendaciones
El Yacimiento Paleontológico de Quibas solo se puede visitar con guía, ya que está cerrado al público. En la zona, pueden visitar el Cabezo de la Sal, un diapiro singular, del que se extrae sal mineral y donde hay un itinerario geológico. En El Hondonico está la que fue Casa de Roca de Togores, familia señorial que, tras la Reconquista, fue dueña y señora de estas tierras. Visiten el Centro de Interpretación del Yacimiento, en el 'hall' del auditorio de Abanilla. 968 684075.
Dónde comer
Restaurante La Amistad. Cañada de la Leña (Abanilla). 968 683262. Cierra martes y miércoles por la tarde. Menú: De lunes a viernes (ensalada, 1º, 2º, bebida, postre y café), 9 €. Especialidades: gazpachos, arroces y carnes a la brasa. Precio medio: 20 €

Lugar de referencia para el estudio de los macacos y bueyes almizcleros en Europa, hábitat de la primera tortuga mediterránea encontrada hasta la fecha en la Península Ibérica, casa de un lagarto sin patas que ha resultado ser una nueva especie, hogar de los ancestros de búfalos y bisontes, ecosistema en el que se reproducía y vivía el puercoespín, los antepasados de zorros, ciervos, cabras y caballos, e incluso felinos como el antepasado del lince ibérico y del tigre dientes de sable o el león, la información que ha ido facilitando este yacimiento ha permitido constatar que hubo una abundante migración de fauna desde África y Asia hasta nuestro continente hace entre 1,8 y 1,5 millones de años, sustituyendo así a parte de los animales que vivían en Europa occidental durante el Plioceno. Pero también comprobar cómo muchos de los animales que todavía hoy perviven en la zona estaban ya aquí hace un millón de años: ha ocurrido con el tejón, cuyo fósil de mandíbula ha sido hallado este año, pero también con conejos, jabalíes o zorros, que siguen siendo hoy abundantes en estas tierras; y también con pequeñas aves como cucos, jilgueros, carboneros y golondrinas.

Sin embargo, es la información facilitada por la microfauna la que ha permitido a los investigadores conocer con más exactitud la edad de los fósiles conservados en la enorme brecha que quedó expuesta en los 60. Así ocurre con pequeños roedores como lirones, musarañas o topillos (algunos endémicos), que evolucionan muy rápido y los cambios que se producen permiten afinar con más precisión la edad de los fósiles.

También el hallazgo de numerosos restos fosilizados de culebras y sapos han permitido deducir que las condiciones climáticas eran más húmedas y el ecosistema mucho más boscoso.

De modo que, si saliendo de la pedanía abanillera de Cañada de la Leña miran hacia el oeste, observarán la ladera sureste del macizo de calizas y dolomías jurásicas que es la Sierra de Quibas, donde se encuentra el yacimiento y en el que se conserva una zona boscosa, con pinos carrascos y un sotobosque en el que no faltan espartos, enebros, sabinas, romeros ahora cuajados de flores, tomillos y otras aromáticas que fueron aprovechadas y utilizadas desde tiempo de los pobladores musulmanes. El paseo hasta el yacimiento es de unos 7 kilómetros, pero no es visitable y conviene saber que, aunque se conozca su ubicación, no se debe tocar nada, ya que se puede alterar el contenido y la estratigrafía, eliminando para siempre información que podría ser clave para conocer la evolución del territorio y, quizá, de los primeros homínidos.

Al norte de la pedanía, que los abanilleros conocen como Los Martínez, se encuentra la atractiva Sierra de la Espada, una pequeña montaña de 688 metros, cuya cima cresteada llama poderosamente la atención frente al llano de El Hondonico o La Laguna, como siempre la conoció Pura, una vecina de Cañada de la Leña que ya frisa los 83, porque, «desde las lluvias de septiembre hasta casi el verano, permanecía inundado y ahí los vecinos plantaban cereal, como se hace con el arroz, con las tierras inundadas. Y, en junio, ya estaban enormes». Hoy, la zona la ocupan las vides en las que se cultivan las uvas de la D.O. Alicante; en los campos, también crecen los olivos, no en vano el oro líquido es una de las actividades de la zona, aunque los productores se quejan de que lo pagan a muy bajo precio -nada que ver con lo que el consumidor final tiene que apoquinar en las tiendas-; y también crecen los almendros.

Muy cerca está también el Cabezo de la Sal, un diapiro del que se extrae sal mineral con la que se complementa el suministro de las salinas de Torrevieja y, recuerda Pura, en el caserío de El Faldar, a los pies de este singular cabezo, «había unos baños que los vecinos se daban para combatir enfermedades de la piel».

En estas tierras limítrofes entre la Región de Murcia y la provincia de Alicante, sus gentes son bilingües, lo mismo hablan entre ellos en valenciano que en castellano; y la gastronomía también se decanta por los gazpachos, el vino de lágrima y de la D.O. Alicante.