Emoción de vértigo en el barranco de la Higuera

Emoción de vértigo en el barranco de la Higuera

PEPA GARCÍA

Sin salir de las fronteras regionales y a un paso de Cieza, pueden dejar que se desboquen sus emociones afrontando un descenso de barrancos alucinante con caída final de 20 metros al Espacio Natural Protegido que es el Cañón de Almadenes, en el tramo alto del río Segura. Embutidos en el traje de neopreno, equipados con arnés, mosquetón y bagas de anclaje, casco y calzado de montaña, vivirán una experiencia increíble en un rincón natural de inigualable belleza.

Guiados por las manos expertas del técnico deportivo en montaña y de barranquismo José María Buitrago y, tras un primer baño refrescante en una de las pozas transparentes del barranco de la Higuera -lo alimenta el agua de uno de los pozos del sinclinal-, comienza una aventura en la que la seguridad es la máxima de Buitre Aventuras.

Pegado a la vía ferrata que recorre parte de las paredes del Cañón de Almadenes, discurre este barranco de frondosa vegetación y paredes lamidas por la fuerza del agua, que desemboca en el Segura. El primer obstáculo a salvar es una cascada de 8 metros, un rápel que, superado el vértigo y la sensación de dejar caer el peso atrás, permite ir soltando cuerda e ir caminando en vertical para realizar el descenso. El agua de la cascada, que cae con fuerza, la vegetación, que crece aprovechando la umbría de este estrecho curso y la abundancia de agua, y el salvaje escenario permiten olvidarse en minutos del mundo exterior y centrarse en las sensaciones.

Después de este primer descenso y protegidos de las frías aguas por el traje de neopreno, ya solo queda entregarse al disfrute.

A ello contribuye la sensación de atravesar la 'selva ciezana', un tramo de pozas de escasa profundidad en el que se pasa esquivando higueras, baladres y zarzas (las únicas con las que hay que tener cuidado). Y, tras este silvestre tramo, llega el salto al vacío. Una cascada con un desnivel de unos 3 metros que la profundidad de la poza inferior permite salvar de un simple salto. Respiren hondo, colóquense donde les indique el guía y, en posición de seguridad, láncense sin miedo al siguiente nivel.

Con cada nueva emoción, el barranco de la Higuera les aproxima a su caída final. Es el turno del 'barranco sexy', explica José, que no deja de bromear para rebajar la tensión de algunos participantes, al tiempo que va explicando curiosidades sobre la vegetación de ribera. Este segundo rápel, de 4 metros de altura, anticipa el disfrute de la sensación de lanzarse por un tobogán lanzadera natural: un intenso segundo que cautiva a los barranquistas dejándoles ganas de más.

Ahora toca la traca final, 20 metros de caída junto a la cascada que vierte el agua al Cañón de Almadenes en un Segura, estos días, a rebosar de agua. La piedra resbaladiza añade un plus a la aventura, que termina dejándose llevar, en posición de seguridad y durante medio kilómetro, hasta la acequia de Don Gonzalo. Allí, podrán prolongar un rato más el baño, antes de volver caminando al punto de inicio para despojarse de toda la equipación. Eso sí, seguro que querrán repetir.