En Churra pintan los senderos del agua

Torre Aledo, del s. XIX, un BIC en lamentable estado que perteneció a Carolina Codorniú./GUILLERMO CARRIÓN / AGM
Torre Aledo, del s. XIX, un BIC en lamentable estado que perteneció a Carolina Codorniú. / GUILLERMO CARRIÓN / AGM

La Junta Municipal propone un viaje guiado al pasado de la pedanía para garantizar su futuro

Pepa García
PEPA GARCÍA

Interesada en rescatar y dar valor a su patrimonio histórico, cultural y natural para contribuir a conservarlo y engrandecerlo, la Junta Municipal de Churra ha puesto en marcha un programa de rutas que convierte el agua en el hilo conductor de dos itinerarios propuestos. De la mano de EcoAmbiental, la oferta divide esta localidad de Murcia en dos partes bien diferenciadas, las que han diseñado la fisionomía y ecología de la pedanía: la Churra de secano, al norte, y la de regadío, al sur, ambas ligadas a la cultura del agua que, desde sus primeros pobladores, han marcado el devenir de la historia y el desarrollo social y económico de tierras fértiles y productivas.

El itinerario de hoy, al que nos acompañan sus creadores -Juan Antonio Buendía y Ángel Tórtola-, discurre por lo que fueron los latifundios de secano de Churra y nace de las puertas de su centro cultural -de donde saldrán los recorridos propuestos por la Junta Municipal para el inminente mes de mayo-. Con 8 km. (ida y vuelta), es un paseo apto para todos los públicos que se puede realizar a pie o a pedales.

Cruzando la calle Mayor, hay que atravesar el parking para dirigirse a la calle Rambla y acercarse a su curso por el paseo de La Ladera. Ya en la urbanización, el cauce, delimitado por un muro, esconde el primer tesoro visible pero ignorado. Es una presa, «un monumento musulmán tan importante como desconocido, que podría datarse en la segunda mitad del siglo XII y que debe entenderse en el contexto, y con la misma factura, del complejo islámico de Cabezo de Torres y Monteagudo», explican Buendía y Tórtola de camino.

Visible desde la acera que discurre pegada a la rambla, un imponente muro de tapial muestra el camino. Con precaución, para no resbalar por el talud de piedra que encauza esta rambla, bajen a su lecho y asciendan a la otra margen para apreciar esta infraestructura monumental mejor.

Aunque han escuchado en más de una ocasión que la presa fue arrasada por alguna avenida, Buendía y Tórtola indican que «está intacta», lo único que faltaría es el canal, probablemente sobre un acueducto, que hace algo menos de un milenio condujo el agua hacia la margen izquierda, donde está la almunia del Rey Lobo, que precisamente se puede conocer al detalle, desde el pasado 24 de abril, en la exposición comisariada por Julio Navarro, Pedro Jiménez y Mauricio Tozcano, en el patio de San Esteban.

Con los pies sobre el firme monumento, la comprensión de la presa se hace más clara. Un sólido muro, con dos metros y pico visibles sobre el terreno y una anchura algo inferior a los dos metros.

«La rambla sería más estrecha y tendría estructuras adosadas. Se construyó para aprovechar la inmensa red aluvial de este cauce», que recoge las escorrentías del barranco del Hurón y de Fuente Amarga y que, en época de avenidas, podía bajar con mucha fuerza. Inscrito en el ADN de los murcianos, el aprovechamiento de la primera a la última gota de agua era ya una necesidad en tiempos de la Murcia islámica, cultura a la que debemos que el pantanoso valle se convirtiera en un fértil vergel de hortícolas y frutales del que todavía seguimos sacando sustancioso provecho.

Construida con cabeza, la presa consta de dos muros, el primero de los cuales, la antepresa, paraba el golpe de la avenida y, el segundo, permitía laminar su salida. «Con esta construcción diseñada para controlar la fuerza del agua, se frenaba el peligro, aguas abajo, para los cultivos y, sobre todo, las zonas pobladas», apuntan Juan Antonio y Ángel, acostumbrados a interpretar monumentos de la época. Pero, además, esta presa permitía embalsar parte del agua caída en tromba o de las lluvias esporádicas, y reservarla para momentos de estiaje.

Llama la atención Buendía sobre el acabado de la parte superior de la antepresa, con un antepecho que dejaba desviar el agua excedente a las tierras de la margen izquierda. «Un ejemplo de cómo podrían haber utilizado las ramblas para desviar agua hacia el complejo del Rey Lobo; y, en torno a 900 años después, sigue siendo funcional», se sorprenden aún nuestros guías. Y no descartan la idea de que tuviera una aceña asociada, para regar las tierras más altas de la margen derecha. «Dará más si se excava», confían.

Unos pocos cientos de metros rambla arriba, por el paseo de la Ladera, se llega a las puertas de la Finca Cordorniú, hoy descontextualizada junto a dos pistas deportivas y las instalaciones del tranvía, y rodeada de dúplex de reciente construcción. Conocida como Torre Aledo, esta casa-torre señorial construida a finales del XIX perteneció primero a los Marqueses de Aledo, propietarios de las tierras de cultivo que las rodeaban -olivares y garrofales, sobre todo- y que se extendían hasta lo que hoy es la población. Adquirida por la hija del 'Apóstol del árbol', Carolina Codorniú, este edificio declarado BIC, con palomar, capilla, biblioteca y regios salones, fue para ella su adorada residencia en tiempo de ocio y esparcimiento, hasta que en 1985 falleció y sus herederos vendieron la finca Lo de Casas. Desde entonces, ha sufrido el expolio, el vandalismo y hasta el fuego, y se mantiene milagrosamente en pie, pese a ser uno de los pocos ejemplos que permanecen de las casas-torre características de la arquitectura tradicional y pese a que en 2009 se anunció que se iniciaban trabajos de restauración.

Tomen la calle Los Naranjos, a la derecha, y continúen por ella hasta llegar al final, donde se acaban los dúplex y una valla impide el paso de coches. Deben atravesar el puente, en paralelo a la rambla Casa Blanca (a su derecha) y, por un limonar abandonado, sobrevolar la A-7 y llegar a las inmediaciones del estadio Nueva Condomina.

Entre el vial que rodea el campo de fútbol y la rambla, discurre una pista de tierra por la que deben seguir la excursión. Algo más de dos kilómetros más adelante, entre tierras margosas y abancaladas en las que permanecen algunos testimonios, como algarrobos, y que están invadidas por el exótico gandul ('Nicotinia glauca'), pasarán junto a una depuradora a medio construir -infraestructuras proyectadas para la urbanización que no se llevó a cabo- y una subestación eléctrica, dejen la pista de tierra e intérnense unos pasos por el margen del barranco. Allí, en los taludes de tierra, además de innumerables madrigueras de conejos que no dejan de cruzarse en su camino, verán restos del arrecife coralino que ocupó esta zona hace millones de años, cuando la cubría el mar. También, en las paredes del barranco del Hurón, habita el búho, que hasta hace escasas temporadas nidificó en la zona.

De vuelta al camino (la Senda de la Cuesta), que discurre casi en paralelo al barranco, si miran a su izquierda verán una gran obra de ingeniería hidráulica con la que se aprovechó, una vez más, el agua de las escorrentías de la rambla. Un enorme muro canaliza el agua que, 300 metros más arriba, deriva una boquera. «Esta estructura es, al menos, del siglo XIX y está presente en todas las ramblas de la Cordillera Sur. Son estructuras que ya se usaban hace 4.500 años, en el Calcolítico. Y, probablemente, esta fuera recrecida sobre una de factura anterior», ilustran los guías de EcoAmbiental. A esa altura, la pinada empieza a abrirse paso y el paseo se puede prolongar, sobre todo si van en bicicleta, por la misma Senda de la Cuesta, que les lleva hasta los Cabezos de Cueva Negra, justo en el límite con el término municipal de Molina.

Si van caminando, regresen por donde llegaron, y disfruten de la última parada, justo a 1,8 km. de la boquera aguas abajo, en el lecho de la rambla. Verán otra antigua infraestructura, un partidor hasta el que debió llegar la conducción que vieron arriba (hoy arrasada) y que sirvió para distribuir el agua por los campos de olivos y cereales que ocuparon La Ladera. No obstante, si desean ir con guía, la Junta Municipal les propone cuatro fechas para conocer Churra y su cultura del agua.

LA GUÍA

Cómo llegar
Salida: Parte desde la pedanía de Churra, a la que se accede desde la avenida Juan de Borbón. El centro cultural, punto de inicio, está en la calle Mayor. El itinerario es, ida y vuelta, de 8 kilómetros, con un ligero desnivel a la ida.
Cómo apuntarse a la ruta
Las rutas guiadas están organizadas por la Junta Municipal de Churra y salen desde el centro cultural. Son gratuitas, pero es necesario inscribirse en el 968 305 186 o en el correo centrocultural. chura@ayto-murcia.es. El aforo es limitado.
Cuándo
Las actividades están programadas para los días 4, 12 y 26 de mayo. El comienzo es a las 9 horas.